Marcus, Tyzan y Randy se separaron del resto del grupo, que
se encargaría de buscar un nuevo refugio ya que el suyo había sido descubierto
por la gente del fuerte, cuando se toparon con una hilera de prisioneros y
esclavistas. Llevaban a los prisioneros atados, y con sacos en las cabezas,
pero la guardia no era especialmente fuerte.
Moviéndose con sigilo, les siguieron los pasos, y al
perderos de vista tras una revuelta del camino, escucharon disparos y voces. Un
tirador incógnito, encaramado a una ventana de los muchos de edificios
abandonados, había abierto fuego y puesto en fuga a algunos de los guardias,
que salieron corriendo en dirección al fuerte. La reata de prisioneros había
logrado zafarse de las cuerdas, o al menos un tres de afortunados, que salieron
corriendo del lugar como pudieron, hasta que el tirador les dio alcance y
comenzaron a huir juntos.
Los del grupo los observaban, y mientras Marcus y Tyzan
hacían guardia entre escombros, Randy se adelantó para hablar con el pequeño
grupo de huidos, que ante los insistentes siseos del mercenario y sus
advertencias sobre la ciudad, decidieron huir en otra dirección. Cuando pudo
alcanzarlos en aquel absurdo juego de pilla pilla, les dejó claro que no tenían
intención de abatirlos como perros, aunque bien pudieran haberlo hecho. El
francotirador resultó ser el teniente Humper, un soldado de Raccoon City,
último superviviente de su unidad, que salieron buscando la causa de la
interrupción del comercio con Abilene. Los esclavos liberados eran civiles: un
tal Nehalem, su guardaespaldas “Vudú” y Jacob un muchacho de apariencia frágil
que inspiraba a todos algún tipo de necesidad de protección.
Al ver a lo lejos que avanzaban esclavistas por la calle, se
apostaron en un bloque semiderruido, que hacía de esquina, repartiendo a los
recién llegados un puñado de armas, balas y alguna manta raída,
Al final decidieron moverse de allí rápido pero en silencio,
en dirección al vertedero, donde se escondieron, algunos entre los montones de
basura en la que comenzaba a crecer un limo, y otros en las ruinas del edificio
de la esquina del fondo, lo que antes había sido el refugio del chamán de los
salvajes que allí vivían.
El tiempo pasó sin que los esclavistas se acercaran, pero
poco después vieron una columna de espeso humo y resplandor de lo que podían
intuir era el bloque donde se habían refugiado hasta esa misma noche pasada.
Los esclavistas al final dieron con ellos en el vertedero, donde hubo un
tiroteo en el que el desarrapado traficante fue malherido en lo alto de un
montón de basura, quedando inconsciente. Su matón "Vudú" fue
acribillado por los esclavistas, que lo rodearon haciéndole una maniobra de
pinza. Humper también cayó malherido. Rodó montículo abajo intentando escapar,
pero fue acribillado. El resto del grupo lograron poner en fuga a los pocos
esclavistas que habían quedado en pie tras el densa pero fugaz lluvia de plomo,
haciendo uso de cualquier artimaña que se les ocurrió, como las granadas
lacrimógenas.
Con la rapidez de los profesionales, despojaron a los
muertos de lo que pudiera servirles, y se llevaron de allí a los heridos. Se
pusieron en cobro en otro bloque, cercano al río. Allí descansaron para
recuperarse de las heridas. Jacob demostró poseer el mismo don que la fallecida
Praia, lo cual explicaba también la sensación de “todo va mejor” cuando estaba
él cerca. En uno de los turnos de vigilancia, descubrieron que por el río subía
una desproporcionada canoa blindada, ocupada e impulsada por seis inmensos
mostrencos con protecciones de rugby. Decidieron seguirlos en silencio, y
cuando vieron que abandonaban la canoa al norte de la ciudad, junto a la
empalizada y se internaban en la oscuridad de la ciudad, se apresuraron en
discutir sobre hundirles la canoa o no. Tras un buen rato divagando, decidieron
montarse en ella, y tras comprobar que no podían manejarla, y casi encallar y
hundirse, la llevaron hasta la orilla como pudieron, y mas tarde la empujaron
de nuevo al río, para que la corriente la arrastrara.
Apostados en un edificio cerca del río, trataron de
dormitar, rezando cada uno en secreto por que los mastodontes no los encontraran.
No habían pasado más que unas horas, cuando comenzaron a escuchar voces
guturales y ruido de pisadas no disimuladas. Al parecer habían encontrado que
su canoa no estaba y parecían molestos, y dispuestos a convertir en pulpa a los
responsables. Así mismo, también parecían recordar que por allí había una
barquita que comenzaron a usar en turnos de dos, para llegar hasta su base en
el estadio, en la otra orilla. Cruzaron los bajos del edificio donde se
encontraba el grupo (un antiguo concesionario de coches) y salieron por la otra
parte de la manzana. Por suerte, no miraron en las plantas superiores. Cruzaron
la calle y se adentraron en otro edificio que tenía una barca amarrada. Pero en
aquella pequeña barca sólo cabían dos de aquellos tiparracos, así que los del
grupo comenzaron a idear un plan para matar al que quedara esperando el último,
pero al final, decidieron que era demasiado peligroso, así que los escucharon,
más que vieron, irse a todos, con el chapoteo de los remos.
Al día siguiente decidieron que su plan de acción seria
espiar a los esclavistas, idas y salidas del fuerte a las cuevas, y para ello
se posicionaron en un edificio alto, con la mira del rifle. Al rato, notaron
algo raro: no se veía una alma, ni un solo movimiento en el fuerte, ni siquiera
en el depósito de agua estaba el acostumbrado vigía, y una de las puertas del
fuerte estaba abierta. Con precaución, se aproximaron, y se adentraron,
confirmando que el fuerte estaba vacío, por lo que sospecharon que los
esclavistas se habían mudado, y el movimiento que habían visto más al sur, en
un pequeño polígono industrial, debían ser ellos preparando una nueva base.
Pero tras registrar un poco el fuerte, comprendieron que no
podían ser los esclavistas, ya que éstos estaban desnudos, fríos y amontonados
como leña en un edificio hasta el cual lconducía un espeso rastro de sangre
desde el patio. A todos los habían matado a golpes en la cabeza, como reses
sacrificadas. El registro del fuerte poca información más les pudo dar.
Encontraron tanques llenos de agua, y una sección de un edificio, el que estaba
pegado a la pared de la grieta, tapiada. Algunos en el grupo decidieron que
aquel podía ser una nueva base segura, aunque otros pensaban que si alguien,
quienes fueran, podían haber entrado en el fuerte, y masacrado a los
esclavistas sin disparar una sola bala, no era ni de lejos un sitio seguro...
aun menos cuando ellos solo eran un puñado de desarrapados, y los esclavistas
habían sido una cincuentena aproximadamente. Registraron los barracones,
encontrando poca cosa. Algunas monedas, una tarjeta de cuidadano de Raccoon
City de alguien a quien no conocían (Randall Smith), y la piel de algún
animal a medio curtir comenzando a
enmohecerse, con las iniciales de la supuesta ganadería “MQ” grabadas a fuego.
Fueron a la zona industrial, y allí vieron que las obras de
fortificación habían avanzado. Habían cortado el acceso en algunas calles en
derredor de un perímetro, amontonando coches y escombros, aunque encontraron
una entrada. Una chapa de la que se podía tirar para pasar agachados, algo así
como una gatera. Tiraron de ella para meterse dentro del perímetro, pero antes
de dar un solo paso, la chapa chirrió con tal fuerza que resonó por toda la
zona, y el grupo salió en desbandada de allí. Decidieron apostarse en un
edificio de oficinas, o que anteriormente lo había sido. En el que ya habían
tenido un encontronazo con los caníbales que pululaban por la ciudad algunas
noches atrás.
En turnos de guardia, se apostaron para vigilar la zona de
los muelles, haciendo un improvisado nido que cortara el viento, con
escritorios. Los demás dormían cerca de las escaleras, y allí escucharon un
ruido de pisadas que ascendía como una tromba. El sonido era inequívoco, ya lo
habían oído antes en un par de ocasiones: caníbales.
Corriendo en dirección a las escaleras de incendio como pudieron en la oscuridad, el grupo se vio asaltado por los caníbales que irrumpieron en tropel por las escaleras del edificio. Se abalanzaron sobre Marcus y Jacob, que abrieron fuego hasta que los tuvieron encima y hubo que abrirse paso y desembarazarse de ellos a golpes. Randy, que había quedado al comenzar la refriega más cerca de la escalera de incendios, fue asaltado por otro grupo que subió por ésta, y entre una marabunta lo levantaron en volandas y se lo llevaron hacia abajo. El chamán invocó su magia para crear un muro de fuego, gracias al cual se despejaron un poco de sus caníbales, y pudieron ver algo entre la oscuridad. Randy lanzó algunos golpes, hasta que los caníbales, viendo que aquella presa se resistía mas que la escuálida chamana que se había llevado noches atrás, terminaron arrojándolo al vacío desde un segundo piso, pudiendo agarrarse en el último momento una planta más debajo de la misma barandilla de las escaleras. Al ver que no caía, los caníbales bajaron por las escaleras emitiendo gruñidos porcinos. Randy se dejó caer el último piso que le quedaba, aterrizando como pudo. Allí logró ponerse en pie y abrió fuego contra los que bajaban para rematarlo. Sus compañeros habían logrado zafarse de los de arriba gracias los esfuerzo de Marcus y Tyzan y el muro de fuego de Jacob. Ante la lluvia de plomo por los dos lados, los caníbales se dieron a la fuga y el grupo se reunió en la calle, donde huyeron en dirección a su nueva base.
Corriendo en dirección a las escaleras de incendio como pudieron en la oscuridad, el grupo se vio asaltado por los caníbales que irrumpieron en tropel por las escaleras del edificio. Se abalanzaron sobre Marcus y Jacob, que abrieron fuego hasta que los tuvieron encima y hubo que abrirse paso y desembarazarse de ellos a golpes. Randy, que había quedado al comenzar la refriega más cerca de la escalera de incendios, fue asaltado por otro grupo que subió por ésta, y entre una marabunta lo levantaron en volandas y se lo llevaron hacia abajo. El chamán invocó su magia para crear un muro de fuego, gracias al cual se despejaron un poco de sus caníbales, y pudieron ver algo entre la oscuridad. Randy lanzó algunos golpes, hasta que los caníbales, viendo que aquella presa se resistía mas que la escuálida chamana que se había llevado noches atrás, terminaron arrojándolo al vacío desde un segundo piso, pudiendo agarrarse en el último momento una planta más debajo de la misma barandilla de las escaleras. Al ver que no caía, los caníbales bajaron por las escaleras emitiendo gruñidos porcinos. Randy se dejó caer el último piso que le quedaba, aterrizando como pudo. Allí logró ponerse en pie y abrió fuego contra los que bajaban para rematarlo. Sus compañeros habían logrado zafarse de los de arriba gracias los esfuerzo de Marcus y Tyzan y el muro de fuego de Jacob. Ante la lluvia de plomo por los dos lados, los caníbales se dieron a la fuga y el grupo se reunió en la calle, donde huyeron en dirección a su nueva base.











