miércoles, 28 de mayo de 2008

Guardias nocturnos


Un nuevo día amanece en la semiderruida Raccoon city. Para la ciudad es un día especial: bajo el auspicio del estado militar, el suministro de agua potable se ha restablecido. Ahora las largas colas que se formaban frente a los camiones cisterna, se forman frente a las diversas fuentes públicas instaladas, y la ciudad empieza a parecer otra cosa. En la parte sur dentro del "perímetro seguro", se desarrolla un extenso mercado al aire libre donde se pueden obtener todo tipo de piezas mecánicas de repuesto, objetos arreglados (o averiados) o lotes de chatarra al peso. Material recuperado de los yermos u otras ciudades menos afortunadas. En medio de todo esto, tres tipos peculiares observan un tablón de anuncios buscando algún trabajo remunerado, y así llegan a conocerse Mark, un carroñero cuya última expedición no salió demasiado bien, Jurgen, un mercenario que acaba de finiquitar su último trabajo como guardaespaldas y Bryan, un predicador recién llegado a la ciudad que acaba de franquear a escondidas el perímetro y busca de un nuevo rebaño.
El tablón ofrece varias opciones, ninguna de las cuales se asemeja a un pacífico y sencillo trabajo:

-Timothy Dwight, un conocido comerciante de chatarra y piezas varias, busca guardias nocturnos para proteger su negocio.

-El gremio de mercenarios ha puesto precio a la cabeza de un exmiembro, Arnold McGregor, acusándolo de "traicionar un encargo y al propio gremio".

-La policía militar busca voluntarios para integrar un grupo de milicia que debe bajar a las alcantarillas para buscar y eliminar elementos disidentes.

-Y por último un mensaje algo estropeado que debe llevar ahí más tiempo que los demás y no dice más que "se busca gente con agallas", y da el nombre de un local: Taberna del perro ahorcado.

Los Pjs comienzan a evaluar sus opciones cuando un viejo borracho se les acerca y les empieza a contar una batallita acerca de sus días en el ejército al mando de una columna blindada que quedó clavada al suelo tras un ataque de P.E.M. y tuvo que ser abandonada. Dice que debe estar aún en alguna parte en dirección Noroeste. Mark, el carroñero ve el negocio en esa historia y decide pagarle más bebida al borracho con la esperanza de que cuente más, sin embargo tras un rato bebiendo la información es escasa, bien por que no sabe más o bien por que no recuerda más, ni aún bajo coacción. Todo lo que el Capitan Harold Flint recuerda es esto:

Una columna de diez blindados viajaba hacia el norte por caminos secundarios como parte de un plan de refuerzo de la frontera, sin embargo un ataque de pulso electromagnético ionizó todos los sistemas de los carros y éstos dejaron de funcionar. Ante la imposibilidad de comunicarse por radio ni de hacer que los tanques volvieran a moverse, todos los tripulantes continuaron la marcha a pie hasta el enclave más cercano, donde pudieron ser recogidos. Debido al curso de la guerra, posiblemente no se envió ninguna misión para recuperar el material, por lo que debió quedar allí. El capitán echa de menos algo que dejó en su blindado, una carta y una fotografía de su esposa Enma. El propio Flint estuvo un tiempo buscando por la zona, pero no encontró nada, y el riesgo de morir en los yermos es demasiado alto. Sin embargo, sería tan fácil hacer feliz de nuevo a un pobre viejo...

Cuando el viejo cae dormido borracho del todo los personajes deciden llevarlo al cuchitril de Mark para interrogarlo más "duramente", sin embargo el viejo luchó en las trincheras del norte y ha visto de todo, por lo que no se amilana y tampoco tiene nada que perder. Finalmente Bryan y Jurgen consiguen calmar las ansias asesinas de Mark (frustrado por no tener nada consistente), y dejan marchar al viejo que desaparece en la noche.

Al día siguiente los compañeros se encuentran como al principio: sin trabajo y ahora con otra boca que alimentar (el predicador no tiene cartilla de racionamiento), así que deciden probar suerte como guardias de seguridad de Dwight.

Timothy Dwight es un tipo bajito de mediana edad y nariz judía al que le ha ido bien con el negocio del reciclaje de chatarra: los carroñeros le venden lo que encuentran en los yermos y él en su taller desmonta, limpia y repara las piezas reparables, que luego se venden bien. “Para ese tornillo que te falta, pregunta a Dwight”... sin embargo también es un buen negociador y algo huraño, por lo que cuando los personajes intentan sacar un precio mejor por sus servicios como guardias, Dwight se niega, y los Pjs deciden tomarse 24h para pensarlo. Finalmente los tres compañeros deciden aceptar el encargo y al día siguiente vuelven, pero esta vez tendrán que compartir las ganancias con un grupo de cuatro mercenarios que ya han sido contratados. Dwight les explica que le han asaltado dos veces en una semana, durante la noche y usando explosivos para abrir el portón del almacén. Dwight piensa que debieron traer algo para cargar tanta chatarra y piezas y para remolcar otro vehículo, por que una de las noches, de hecho, se llevaron un coche (Buick Roadmaster de los '90) que ya tenía casi restaurado y a punto de hacerlo funcionar, era algo así como el buque insignia del negocio. Los dientes de Dwight rechinan cuando se acuerda de esto.

Las primeras sospechas de los Pjs recaen sobre los cinco empleados que tiene Dwight, sin embargo todos parecen ser de absoluta confianza, viejos compañeros suyos de antes de la guerra, por lo que los Pjs comienzan a sospechar de algún otro negocio similar por la zona. Inspeccionan todo el polígono y entre otros negocios encuentran un par de chatarreías más: uno de un tipo llamado Adam Samson y otro de un tal Dave O'neil. Tras deliverar un poco, Bryan decide que lo mejor que pueden hacer es enfrentar a los chatarreros entre sí y cuando se maten, acudir a quedarse con lo que quede en pie. Sin embargo Jurgen es un mercenario gremiado, y ha decidido aceptar el encargo, por lo tanto debe cumplirlo. Aún así, Mark y Bryan deciden visitar a los otros dos chatarreros, para advertirles de que “Dwight trata de hundirles contratando mercenarios”, por lo que ellos, buenos samaritanos, les quieren advertir y se ofrecen para ser contratados como guardias. Samson no parece dar crédito a estos dos locos, sin embargo O'neil es más receloso, y ante las veladas acusaciones de Bryan acaba cabreándose y largándolos a los dos.

El grupo pasa el resto del día por el mercado haciendo algunas compras, y ahí contactan con Sarya, a quien Bryan conoce como la ladrona que le ayudó a entrar en la ciudad (a través de las alcantarillas, por un módico precio). Pese a que parecía irle bien fuera del perímetro, ahora ella también está dentro, aunque no habla de sus asuntos. El grupo decide que podría ser de gran ayuda, y cuando la presentan a Dwight, éste también lo opina así.

Cae la noche, los almacenes de la zona cierran y los Pjs comienzan su guardia. Todos se quedan haciendo guardia en el interior jugando a las cartas para matar el tiempo, salvo un mercenario que se sube al tejado para vigilar la calle y Mark y Bryan que esperan fuera, con igual propósito. Durante la espera, a Bryan se le ocurren mil quiméricos planes para dominar el mundo, por lo que en un momento dado decide entrar en el almacén por la puerta trasera (para no espantar la caza) y hacer partícipe de sus planes a Sarya y Jurgen. Bryan avanza sin ver casi nada (no hay alumbrado público postapocalítico) y cuando está llegando descubre a un tipo tratando de manipular la pequeña puerta trasera. Ambos cruzan las miradas y sacan sus armas. El ladrón es más rápido y realiza un primer disparo, por lo que Bryan decide desenfundar y buscar cobertura tras un cubo de basura del callejón. El disparo alerta a todo el mundo. Mark llega corriendo al oscuro callejón y cree atisbar a un tipo que se mueve en la oscuridad. Realiza un certero disparo con su pistola y... atraviesa de parte a parte al predicador. Mientras el ladrón huye bajo el fuego del tirador de la azotea, Sarya sale tras él, pero no logra alcanzarle. Tras el revuelo, trasladan a Bryan a una cama y le aplican unos primeros auxilios. El predicador está muy mal, pero no hay forma de llevarle a un hospital de campaña que hay en la zona norte: no tienen vehículo ni tarjeta de ciudadano para él, así que a la mañana siguiente, pagan al primer camión de carroñeros que llega a vender su mercancía al almacén para que les lleve a cualquier matasanos que conozca. Así, los Pjs llegan a casa del Dr Jackson y su ayudante Lao. Abraham Jackson es un tipo gordo y desaliñado que a primera hora de la mañana ya está borracho, sin embargo por un precio atiende este tipo de casos y no hace preguntas. Jackson atiende las heridas de Bryan y permite que se quede en su casa, convaleciente. Los Pjs se marchan a dormir, a conseguir algo de comida y por la tarde vuelven al almacén de Dwight.

A última hora de la tarde, Jurgen y Sarya deciden hacer otra visita a O´neil, y se percatan de que éste ha contratado guardias de seguridad. Cuando O'neil termina su reunión con un tipo con pinta de matón, baja y les atiende. Les explica que ha contratado seguridad "por que al parecer hay otro chatarrero que planea hundirme". Jurgen y Sarya se ofrecen para el trabajo también sin embargo O'neil ya tiene sus propios guardias y contactos, y les invita a volver "cuando tenga alguna baja". Los dos Pjs se van de allí bajo la adusta mirada de O'neil, sus guardias y su jefe de seguridad: un enigmático tipo de rostro embozado y con unas gafas similares a las que se usan para protegerse de las tormentas de arena.

Cae la noche y los guardias de seguridad toman posiciones similares. El Sr Dwight decide quedarse allí también: hoy ha conseguido hacer funcionar un viejo motor y teme que se lo roben, sin embargo el líder de la unidad de mercenarios estima que tras el encuentro de la otra noche no cree que nadie ataque ésta.

Durante la noche Sarya sale a inspeccionar el almacén de O´neil. La oscuridad es casi absoluta, y no parece haber actividad en la chatarrería de O'neil. Sarya se adentra por un callejón trasero tratando de buscar una entrada o una pared escalable para echar un vistazo, pero al adentrarse en la oscuridad algo la ataca. Forcejea en la oscuridad con algo peludo del tamaño de un perro que se revuelve furiosamente y trata de morderla. Finalmente logra hundir su cuchillo en el animal y éste desaparece en la oscuridad. Sarya opina que ya ha tenido bastantes emociones por esta noche y vuelve al almacén.

La noche transcurre tranquila para los vigilantes hasta que un rumor se va haciendo más fuerte, y pronto es evidente que un grupo de vehículos se acerca. Mark se asoma a la esquina y ve 3 pares de faros en la oscuridad hacia la mitad de la calle, y alguien sobre una moto al lado de la puerta del almacén. Mark dispara pero no acierta, sin embargo el mercenario de la azotea tiene más suerte y mata de un certero disparo al incursor. En el interior del almacén todos toman posiciones y pronto Mark oye un chasquido, ve una estela, y la puerta del almacén estalla. Diversas siluetas se bajan de los vehículos y entre gritos se lanzan al interior del edificio. Mark consigue darle a uno de ellos, pero otros dos entran y son recibidos a tiros desde dentro, sin embargo los sorprendidos defensores no dan pie con bola y comienzan a sufrir bajas. Mark decide entrar por detrás al almacén y ayudar a sus compañeros mientras desde la azotea el francotirador sigue haciendo bajas. Apenas Mark abandona su puesto, un cohete impacta donde él estaba, volando la mitad de la esquina por los aires. Mark no tiene tiempo de bendecir su suerte, pues al volver la esquina y entrar en el callejón, comienza a recibir disparos. Al menos dos tipos con armas automáticas le disparan y logran hacerle una herida que habría matado a cualquier otro ser humano, pero hace falta algo más que plomo para tumbar a un carroñero. Mark da media vuelta consigue salir renqueando de aquel infierno. Vuelve a la calle principal, encontrando que todos los incursores han entrado en el almacén o han caído por los disparos desde la azotea, así que se dirige hacia uno de los vehículos con la idea de taponar la posible retirada de los incursores.

Mientras tanto, en el interior del almacén las cosas no pintan bien: los incursores están barriendo a los defensores con ráfagas de armas automáticas, sin embargo Sarya, Jurgen, Dwight y el jefe de mercenarios (ya me vale no haberle buscado un buen nombre a tan carismático personaje) aún resisten. Varios incursores han caído y el propio Dwight está dando lo mejor de sí mismo con su viejo rifle de caza. Logran abatir a Sarya y a Jurgen, pero de pronto la batalla en la puerta principal comienza a ir mal para los incursores: sólo quedan dos y uno está herido, la calle está sembrada de cadáveres y alguien está subiendo a uno de sus vehículos. Retroceden hacia la calle y hacen fuego contra Mark, el cual recibe otro impacto más. El carroñero aprieta los dientes al recibir la herida, y pisa el acelerador del camión pasando por encima de los dos incursores. Cuando parece que la cosa va a calmarse, la pequeña puerta que da al callejón se abre y dos incursores más entran disparando encontrándose con el dantesco espectáculo. Logran herir a Dwight y al mercenario que queda, y éstos cosen a tiros a uno de ellos. Su compañero, al ver la situación, da media vuelta y sale por patas. Victoria pírrica y gran botín de guerra para los defensores: dos coches, un camión y una motocicleta bastante maltrecha.

Llegado este punto, cargan como pueden a todos los heridos en el camión y además a un pandillero con la idea de interrogarlo. Los que pueden van al hospital de campaña, los que no, se acercan en mitad de la noche y despiertan al Dr. Jackson, que aunque dormido no rechaza el trabajo.

Resta decir que en los días pasados, y durante la convalecencia, Bryan se ha autoproclamado amigo del Dr Jackson y está tramando gastarse lo poco que tiene en drogas para poner en práctica su idea: drógales primero y predica después.