(17ª Sesión)
El final de un azaroso viaje.
La angustiosa noche fue transcurriendo mientras los carroñeros hacían reparaciones de emergencia con los medios de que disponían. Todo el mundo estuvo en vela vigilando alrededor, pero no tuvieron visitas nocturnas. Llegaron a Raccoon City con las primeras luces del amanecer. En el control de la puerta en seguida se identificó a los vehículos como la expedición de Ernest. Tuvieron que contestar varias veces a la misma pregunta: “¿Qué ha sido del patrón del a expedición?” La versión más o menos consensuada fue que cayó bajo los ataques caníbales en Stinkholeville. De momento la trola pareció colar. Las mercancías obtenidas fueron pasadas a un almacén donde serían examinadas por los oficiales de logística para ver qué objetos les interesaba comprar, y para liquidar la deuda de combustible que pidió el patrón en adelanto. Se les invitó a volver al día siguiente a saldar cuentas. Los carroñeros en cambio, se fueron tranquilamente con sus ganancias: la camioneta de Ernest, que al no ser oficialmente “mercancía recuperada”, no fue retenida.
Los compañeros se dirigieron al hospital para curar sus heridas e ingresar a Phyr, que estaba en las últimas. Por suerte Lock tenía sus propios métodos de curación, y Rose no estaba muy mal. Slayer sorprendentemente no tenía ni un rasguño.
Nuevos marrones:
A la salida del hospital de camino al almacén, un desconocido abordó a Rose, y con un tono de velada amenaza le dio un mensaje de Barry, el Irlandés. Le dijo que quería verle, y le recordó una deuda pendiente que dejó en su bar. La instó a pasarse por el Floating Coffin y tener una charla con él. El Irlandés destila el mejor brebaje de Raccoon City, incluso sabe a whisky, y al parecer Rose apostó con alguien del bar a que era capaz de aguantar mejor que él la bebida. El que perdiera pagaría toda la consumición de ambos. El resultado fue que Rose perdió la apuesta, el conocimiento y estuvo a punto del coma etílico, lo cual explica que no se acordara ni de la deuda ni de cuánto debía. No fiándose mucho de Barry, decidió contárselo al resto de la panda y Tyzan les advirtió que el tipo no debía andar de muy buen humor después de “lo del sábado”. Al parecer hubo una carrera de coches por un tramo de la circunvalación, cerca de Little Raccoon, y el coche del Irlandés se estrelló cuando iba en primera posición. Si el irlandés quería reclamar una deuda y encima andaba de mala leche, sería mejor no ir sola. La acompañaron Rick, Lock y Geremi para hacer bulto.
El Floating Coffin resultó ser un garito con pinta de negocio legal al Oeste de la ciudad, dentro del perímetro seguro. Un viejo letrero de madera con el nombre del local se balanceaba sobre la puerta. El interior algunas velas y candiles complementaban la luz que entraba desde fuera, aunque en general el ambiente era lúgubre. Las pisadas del grupo resonaron sobre el suelo de madera, y los pocos parroquianos presentes se les quedaron mirando. Rose se dirigió a la barra, donde un camarero con cara de pocos amigos le preguntó qué quería. Al preguntar ella por El Irlandés, el tipo alzó la voz mirando a un rincón más en penumbra y dijo: “Eh, Barry, preguntan por ti” y un tipo sentado en una mesa contestó “Rose, querida, así que al final has venido a ver al viejo Barry…”
El Irlandés era un tipo rubio, alto y delgado, con pinta de bien curtido pero sin un atisbo de debilidad por los años. Al mirar daba el aspecto de un lobo al acecho. Con una media sonrisa, invitó al grupo a sentarse y a presentarse. Había oído hablar de alguno de ellos, pero no gran cosa. Después de alguna formalidad, entró en materia. Les dio más detalles sobre la carrera del sábado anterior y les comunicó su certeza de que sabotearon su coche, el Roadster Coffin. Éste había salido como favorito e iba el primero, cuando a falta de media vuelta para el final, tomó una curva en línea recta, desintegrándose en una bola de fuego al pasar a través de la mediana y de varios edificios. Quedando coche y piloto esparcidos en un tramo de unos cien metros. Mickey era un buen piloto, así que descarta una torpeza por su parte, y el mecánico que se encargaba del coche es su propio primo, así que sospecha que fue alguien de fuera. Se mueve mucho dinero con las apuestas, y además había otros tres participantes:
-Rick, el ganador, al volante de un Corvette C5 modelo del 2006, sin nombre ni decoración. Es un piloto freelance del que nadie sabe casi nada. Participa en alguna carrera y suele quedar de los primeros o a veces incluso ganando. La gente empieza a conocerle en la calle como Rick “Hurricane”.
-Carroñeros: una banda de poca monta, restos de una banda mayor de las que salieron perdiendo en la reciente guerra, patrocinados por un garito, el Fight Palace, propiedad de un tipo al que llaman Bola 8. Su coche es poco reconocible: tiene la carrocería de un Charger del 2006 pero ha sido modificada. El motor sobresale del capó y los pasos de rueda se han ensanchado considerablemente. Su piloto lleva una placa metálica que le cubre la parte derecha de la cara y la cabeza. Se rumorea que perdió parte de la cara en un accidente. Tanto al coche como al piloto los llaman “the machine”, pero entre su círculo le apodan “Tin-man” (Hombre de hojalata). Su coche acabó el segundo.
-Red Scars, gente peligrosa. Pilotaban un Mustang rojo y negro con marcas tribales rojas al que le faltaba parte de la carrocería, el “Red Beast”. Su piloto, al que llaman “Beast” es el típico carroñero Redscar: grande, malencarado y con las marcas tribales típicas de su grupo. No sabría distinguirlo de cualquier otro miembro de la banda. Acabó en última posición. Un tanto humillante para gente que no está acostumbrada a perder.
El trato del irlandés fue muy simple: está convencido de que fue otro participante quien los hizo, así que quiere alguien que encuentre a quien se la jugó y le devuelva la moneda robando su coche y matando a su piloto.
Una vez expuesto el trabajo, Rick le puso precio (después de hacer algunas preguntas bastante raras). Serían 1000 pavos por todo y condonaría la deuda de Rose. Al irlandés le pareció bien, incluso prometió dar algo extra si hacían el trabajo de forma especialmente limpia. Sólo puso una condición: quiere el maldito coche para la carrera del próximo fin de semana en Little Raccoon.
El grupo comenzó sus pesquisas inspeccionando el lugar. Recogieron a Tyzan, que presenció la carrera y éste les guió hasta la curva fatídica. En el asfalto quedaron los restos de una frenada en línea recta, directa contra la valla de la autovía de circunvalación, en la que se veían restos del impacto, así como en el edificio de enfrente y en el asfalto de más abajo. Estuvieron un rato buscando minuciosamente, pero lo poco que quedaba estaba irreconocible. Barajaron la hipótesis de que alguien disparara al piloto. Había edificios desde los que había buen ángulo, y había algunos espectadores por las azoteas, pero Tyzan no recordaba ver saltar el parabrisas del Roadster Coffin antes de que se la pegara, aunque no tenía un ángulo ideal para estar seguro de ello. Después de inspeccionar el lugar decidieron echar un vistazo al Fight Palace
El Fight Palace se encuentra al Oeste de la ciudad, fuera del perímetro. Ocupa un antiguo centro comercial no muy grande de una sola planta. En el suelo de la planta baja se han hecho tres agujeros grandes en el suelo que comunican con lo que fue el sótano aparcamiento. Luego se han tapiado alrededor, quedando convertidos en pozos de lucha. Hay tres de estos pozos para tres peleas al mismo tiempo: sin armas, con armas y lucha en equipos. El más cercano a la entrada es el de lucha sin armas, después la modalidad con armas y al fondo, el más grande es el de lucha en equipos o bien modo supervivencia (“todos contra todos”). El garito también tiene toda una oferta de diversión a base de apuestas, comida, bebida, prostitución.... etc, todo por un precio, claro. El propietario es un negro calvo enorme al que todos llaman “Bola 8”.
Rose decidió quedarse en el coche con Tyzan, mientras el resto entraba. Tuvieron que dejar todas sus armas en la puerta. Allí dentro los únicos que llevaban armas eran los guardias, que portaban todo tipo de artillería, en especial fusiles M16. El lugar estaba bastante animado, con gente entrando y saliendo (en su mayoría negros), bebiendo y vociferando alrededor de uno de los pozos, donde dos contendientes peleaban sin más armas que sus propias manos. Frente a una pizarra, un negro esmirriado llevaba en actividad frenética el tema las apuestas. Geremi se acercó a él y le dijo que quería ver a Bola 8 para entregarle un mensaje del Irlandés. El tipo no entendió nada y lo mandó a paseo, pero el grupo comenzó a insistir hasta que uno de los gorilas del local (pero con pinta de inteligente) se les acercó y les preguntó para qué querían ver al jefe. El grupo medio lo convenció de que tenían una interesante propuesta que hacer a Bola 8, con lo que el tipo les dijo que esperaran y se fue para adentro. Mientras volvía, pudieron ver a tres carroñeros que desentonaban un poco con el ambiente de jolgorio del local. Estaban sentados alrededor de una mugrienta mesa y hablando entre ellos con semblante hosco. Rick, en un alarde de diplomacia, se sentó con ellos por las buenas y los trató de coleguitas, a lo cual los tipos respondieron con la típica amabilidad carroñera, invitándole a que se largara de allí cagando leches. Rick se fue de la mesa pero se quedó merodeando. Al poco, el mismo gorila que les había atendido se sentó con ellos y les pasó un pequeño paquete envuelto en una bolsa de papel. Mientras veía esto, otro matón se acercó al grupo y les invitó a pasar al fondo del local para hablar con el jefe. Decidieron pasar todos menos Lock, que se fue a esperar fuera en el coche y vigilar a los carroñeros por instrucciones de Rick.
Flanqueado por sus guardias, Bola 8 les estaba esperando en una habitación a modo de despacho, sentado en un sillón orejudo del que sus anchas espaldas sobresalían por ambos lados. Aun sentado el tipo parecía realmente grande. Llevaba un número 8 tatuado en su rapada coronilla y jugueteaba continuamente con una bola negra de billar mientras miraba fijamente a los recién llegados. Slayer hizo de portavoz para romper el hielo, y comenzó a dar algunos rodeos acerca de cómo ellos podrían hacer que en la próxima carrera su coche ganara, haciendo que algún otro pudiera sufrir un accidente como el del irlandés. Bola 8 no pareció interesarse mucho por el tema y prefirió bromear acerca de la “pericia” del piloto irlandés. Tampoco entendía muy bien de lo que querían decir, hasta que la palabra “sabotaje” (o más bien “saboteo”) salió a colación, lo cual hizo reír al tipo; dijo que sabotear el resto de coches no tendría ningún interés, y que así en breve no habría corredores, y por lo tanto tampoco carreras… pero bromeó diciendo que si alguien rompía las piernas a Rick Hurricane le haría un favor. De modo que tras declinar la oferta del grupo los largó. Geremi salió de allí con la impresión de que el tiparraco no había sido del todo sincero… Rick en cambio estaba convencido de que Bola 8 estaba metido hasta el cuello, pero a ver quién se lo decía.
Cuando salieron, los carroñeros se habían marchado, y Rose, Lock y Tyzan no se habían atrevido a seguirles, para indignación de Rick. Se subieron todos al jeep y se largaron de allí montando un buen pollo, ya que a Rose se le ocurrió salir pegando un par de ráfagas de subfusil, para quedar de cool. Mientras se alejaban pudieron ver que se estaba montando un buen tiroteo en la puerta.
En algún punto de la zona exterior del perímetro, se pararon a discutir el siguiente paso: unos abogaban por dinamitar el Fight Palace, otros por investigar quién coño era ese tal Rick (tocayo del carroñero). Estando en esto, oyen entre las calles en ruinas lo que parece un motor de moto merodeando. Rose cogió el monopatín de Rick del maletero y salió a investigar. Pasadas a un par de manzanas, agazapada, vio a un negro en moto escudriñando los edificios en ruinas. Rick decidió arrancar el coche y dar una vuelta por allí, olvidándose de Rose. Vieron también al negro en moto al fondo de una avenida y aceleraron, pero el tipo también los vio y se dio a la fuga. De alguna manera, consiguieron encontrar después a Rose y recogerla.
Discutieron un rato más el curso de acción a seguir, decidiendo investigar quién podría haber dado un pelotazo fuerte con el resultado de las apuestas de la última carrera. Aquellos los tuvo todo el resto del día ocupados, moviéndose por la calle, preguntando e indagando. Pese a su actual posición en la milicia, Slayer aún sabía cómo moverse por las calles y con quien hablar, pero la información no fue concluyente: hubo gente que ganó bastante dinero, otra que perdió bastante, pero sin relación entre ellos. Simplemente parece que quien tiene dinero apuesta fuerte, y el que no, pues no. Y seguían sin saber quién era Rick Hurricane, aunque parece que está ganando popularidad.
Al día siguiente a primera hora se aventuraron a ir a la guarida de los Red Scars. En Un viejo bloque, fuera del perímetro, don tipos bien armados vigilaban la entrada al antiguo aparcamiento en el sótano, y de vez en cuando salía o entraba algún vehículo. En otro tiempo aquello habría sido un avispero de actividad, pero ahora andaban más cortos de medios y personal Aun así, dentro se intuía actividad. Pararon el jeep enfrente y Slayer se dejó la artillería en el coche y se acercó a ellos en son de paz. Pidió hablar con el jefe, pero como siempre, el jefe no va a salir a hablar con los primeros gusanos que llegan, y como siempre, los gusanos en cuestión se ponen pesados hasta que sale allí toda la panda a ver qué demonios pasa. Finalmente un tipo bastante más fornido que los otros y con pinta de estar más curtido, atendió a Slayer, y en un alarde de estupidez se dejó convencer de que el extraño grupo representaba a una cooperativa de apostantes que estaba investigando unos supuestos fraudes por sabotajes en las carreras. Al tipo le pareció hasta divertida la idea de que alguien tuviera los cojones de intentar infiltrarse en su cubil para sabotearles el coche. En cuanto a la velada insinuación de que les han saboteado los coches a otros participantes, el tío dice no saber nada de eso. Por último le preguntan si sabe la identidad de Rick Hurricane, pero el tipo tampoco la sabe, así que le proponen que indague a sus proveedores quién ha podido estar preguntando por piezas para un Corvette modelo C5, y quedan en encontrarse con él en el mercado al medio día del día siguiente. El tipo también tenía varias preguntas para ellos, como por ejemplo el nombre de la cooperativa, cuántos miembros había, cuándo se creó… a todas estas preguntas Slayer contestó con otra trola igual de grande y se dispusieron a pirarse, pero tuvieron que esperar a Rose, que estaba vendiendo su dignidad a un carroñero por 50 pavos en un portal ruinoso del edificio de al lado.
Sin pistas sobre el tercer participante, vuelven al Fight Palace con la idea de… ¿reventarlo? Slayer se sube con su fusil a un edificio cercano, varias plantas más alto que el viejo centro comercial. Desde allí observa la actividad en la puerta y que en la azotea hay guardias armados también. El resto deciden esperar en la puerta, pero Lock entra en el garito y apuesta sus últimos 40 pavos en contra del favorito en la siguiente pelea. En cuanto ve la diferencia de tamaño de los contendientes, da el dinero por perdido pero, contra todo pronóstico, el luchador más canijo gana la pelea por un truco bastante sucio. Mientras cobra su dinero, ve que los guardias de la puerta están dándole hostias a un tipo esmirriado de aspecto ratuno. Al parecer tiene una deuda por pagar en el local. Desde la puerta, Tyzan lo reconoce como el tipo que habitualmente le lleva las apuestas. El grupo observa un rato más cómo los gorilas de la puerta le dan de palos y sólo cuando ven que posiblemente acabarán matándolo, deciden preguntar cuánto debe. En un alarde de generosidad bastante raro en Geremi, éste decide pagar la deuda de 200 pavos del tipejo para poder interrogarlo a gusto. Mientras éste le besa los pies al carroñero, Lock decide curarlo con su don, por lo que también a él le babosea lo pies, pero como siempre, nada es gratis aquí: apenas el tipo empieza a agradecerles su acción, el grupo empieza a extorsionarlo, reclamándole el dinero, información, contactos, tratos de favor, un misil nuclear… Al final se dan cuenta de que el tipo no tiene más que lo que lleva puesto, sin embargo consiguen sacarle una valiosa pieza de información: Rick Huricane trabaja como mecánico en la chatarrería de Dwight. Tiene sentido, pues las piezas en mejor estado suelen venderse ahí. Antes de irse, Rose le propone al tipo que hable con Bola 8 para organizar peleas de barro, en las que ella está dispuesta a participar. Al tipejo le parece buena idea, así que entra de nuevo al local, vacilándles a los gorilas de la puerta: "han saldado mi deuda, así que estoy limpio. Sed buenos y vigilad bien, jejeje..." y a continuación se pierde en el interior del local.
El grupo se acerca al negocio de Dwight. Al viejo parece que le ha ido bien después del problema que tuvo con los asaltantes. Tiene a todos sus mecánicos desguazando, clasificando y limpiando piezas para separarlas de la chatarra no reparable. Algunos hombres armados pululan por la nave, aunque no en la misma cantidad que cuando sufría ataques cada pocas noches.
Rick el carroñero se acercó a Dwight y le abordó con su típica delicadeza, preguntando por el otro Rick en voz alta y en general tocándole las narices al tipo en su propio negocio. Ante una conversación así sin ningún disimulo, pudieron ver que uno de los mecánicos miraba con cara de preocupación de vez en cuando, así que Rick (el carroñero) se puso a llamarle con gran sutilidad. Gritó: “¡Eh, tú, que sabemos que eres Rick! ¡Ven p’acá!”. El muchacho trató de tranquilizar al furibundo Dwight y accedió a hablar con el pintoresco grupo fuera del taller. En efecto, aquel muchacho rubio de aspecto introvertido resultó ser el tercer piloto. No se molestó en ocultarlo, ya que tan seguros estaban, pero prefería seguir siendo anónimo, para evitar problemas. Como a los otros, le insinuaron el tema de los sabotajes, pero con una gran soberbia dijo que él no necesitaba sabotear ningún coche para ganar. Parecía bastante molesto con el resultado de la carrera: “podría haber adelantado a ese tipo, pero se la pegó. Eso no es ganar”. En lo que sí estuvo de acuerdo es en que debió tratarse de algún fallo mecánico o de un mal bache, por que el piloto irlandés era bueno. Como felonía obligatoria a cada encuentro, Geremi intentó extorsionarle también, y el muchacho le siguió la corriente.
Tras su encuentro con Rick, el grupo decide que tiene claro que el culpable de todo el Bola 8, y se dirigen al almacén para planear cómo desencadenar la 4ª guerra mundial en el garito en el Fight Palace.
Mientras el resto del grupo se divertía “haciendo amigos”, Jurgen y Phyr estuvieron convalecientes en el hospital, y a la salida tuvieron que pagar la cuenta en mercancías, al no disponer de dinero en metálico. Una vez fuera se largaron al gremio de mercenarios, a ver qué se cocía por allí. El viejo edificio habilitado para el gremio presentaba un aspecto algo más ajetreado de lo habitual, aunque ¿quién puede decir qué es lo habitual en Raccoon City?
En medio del ir y venir de gente armada y malencarada, estos dos no desentonaban, así que traspasaron el hall y se dirigieron al tablón de anuncios del pasillo para ojear las “ofertas de trabajo”, y en efecto Phyr vio que había un par de recompensas nuevas por dos mercenarios cuya cara le resultó demasiado familiar: el propio gremio de mercenarios ofrecía 1000 dólares por cada una de las cabezas de Jurgen Heinz y Jack William Phyr, acusados de saltarse el código ético de la entidad al incumplir un encargo y traicionar al contratante. Alguien se había chivado de lo ocurrido con Ernest tres días atrás. Disimuladamente, Phyr arrancó los dos avisos de recompensa del tablón de anuncios y se los guardó. Después se largaron de allí, quizá por última vez, elucubrando si podrían anular lo de la recompensa matando al denunciante o si tendrían alguna oportunidad de defenderse en un juicio.
Cuando los mercenarios llegaron al almacén encontraron al resto de compañeros hablando de asaltar un garito de apuestas lleno de negros changos por no se qué de unas carreras. Llamaba la atención el aspecto de Lock, que en dos días había pasado a tener una palidez cadavérica, se le caía el pelo y vomitaba sangre periódicamente. Unos síntomas bien conocidos en Raccoon City.
Le contaron al resto de la peña que ahora sus mercenarias cabezas tenían precio, buscando el apoyo de sus camaradas, pero en vez de eso, sus “amigos” comenzaron a ver a ambos mercenarios como dos fajos de billetes con patas, en especial Geremi, aunque también Lock lo consideró, entre estertores y toses. Cuando preguntaron su opinión a James, a éste le preocupó que las cabezas del resto del grupo también tuvieran precio en breve, con lo cual Geremi empezó a hacer cuentas, ya que él era el único no implicado.
Después mirarse unos a otros con cara de cuervo codicioso, decidieron mandar a Geremi y Lock a investigar en el gremio. Entraron y preguntaron al tipo del mostrador, que estaba tan enfrascado en registrar cada entrada y salida de personal y material, que no estaba al tanto de la nueva recompensa. Al preguntarle más datos sobre el tema, pareció no tener ni idea. Había escuchado algo sobre un asunto interno del gremio y una recompensa por dos ex-miembros, pero no sabía en qué asunto estaban metidos ni quién los había denunciado. Aquel tipo estaba ya demasiado habituado a la vida de funcionario logístico, aunque aún tenía más aspecto de mercenario que Lock, que parecía un cadáver andante.
Volvieron al almacén con las manos vacías, así que decidieron ir a cerrar el asunto del Fight Palace, pero tuvieron que hacerlo sin la ayuda de James y Rick, que ese día “no tenían el cuerpo para tiros”. En puesto de ellos fueron Phyr y Jurgen, que tras su estancia en el hospital tenían ganas de acción.
Se metieron en el agujereado jeep y se dirigieron al antro de apuestas con la intención de liar allí la de Dios. Iban elucubrando si alguno debía entrar antes y otear el terreno, o si Lock debía levantar un banco de niebla, o si Geremi debía retar a Bola
Dentro de la niebla no se veía nada. El grupo detuvo el jeep y se adentraron a pie con las armas en ristre. Más adelante se oía maldiciones e imprecaciones. Jurgen se adelantó y recibió varios tiros en respuesta, que no le dieron por mucho. Geremi disparó en dirección al origen de los disparos, pero aquello seguían siendo palos de ciego. Intercambiaron algunos disparos a ciegas más, hasta que de pronto la niebla se disipó tan rápido como había a parecido. Los compañeros se habían dispersado por la calle, mientras que los carroñeros se habían parapetado tras el coche siniestrado. Se inició así un intercambio de plomo en el que Jurgen comenzó a marcar la diferencia y Lock desequilibró la balanza. Primero invocaó un perro callejero hambriento que atacó furiosamente a uno de los carroñeros, trabándolo en combate cerrado. Luego el chamán se acercó temerariamente hasta el coche siniestrado y haciendo brotar una llamarada de sus manos, incendió el combustible que caía sobre el asfalto, inaugurando la temporada de fallas en Raccoon City. En mitad de toda la acción, Phyr se había dedicado a intentar curarse una pequeña herida que le habían hecho al principio, pero un rato después, tenía todo el contenido de su botiquín desparramado, se había enredado con el esparadrapo y su herida seguía sangrando.
Con dos bajas, el coche hecho una tea y un perro cojonero enganchado en la pierna, los dos carroñeros que quedaban huyeron como conejos. Aun así el perro alcanzó a uno, casi matándolo de un bocado en el costado. Geremi acabó el trabajo del perro. Mientras, Jurgen alcanzó al otro en un espectacular sprint y trató de hacerle un placaje, pero tropezó con una grieta del pavimento y se pegó una hostia igual de espectacular contra el suelo. El tipo dobló una esquina. Jurgen se reincorporó tan rápido como pudo para seguirle. Mientras comprobaba si sus dientes seguían en su sitio, alcanzó a ver cómo su presa llamaba desesperadamente al portón de un garaje y le abrían. El mercenario comenzó a acercarse con cautela, buscando un sitio a cubierto en la acera de enfrente desde el que vigilar la salida.
Para cuando Phyr pudo vendar adecuadamente su herida, Geremi ya había desvalijado los cadáveres de los carroñeros y había arrojado sus cuerpos al fuego. Ahora el olor a barbacoa se mezclaba con el de la gasolina quemada. Lock aún resollaba por el esfuerzo. Se reagruparon y avanzaron cautelosamente hacia la siguiente calle, donde Jurgen debía estar esperándolos.
La espera de Jurgen dio sus frutos, pues al poco el tipo al que había perseguido y otros tres bien armados salieron por un postigo del portón del garaje y comenzaron a andar en dirección al altercado. El mercenario pensaba dejar que salieran y sorprenderlos por la espalda, pero uno de ellos lo vio, y comenzó a lloverle plomo. Si embargo los tipos eran bastante malos disparando y Jurgen, a cubierto y bien curtido en estas situaciones, no recibió ni un rasguño. Trató de responder al fuego, pero su arma se encasquilló. Mientras trataba de desatascarla, sus enemigos se parapetaron también tras el hueco de la puerta y siguieron disparando. Phyr y Geremi vieron la situación desde el otro extremo de la calle y comenzaron a avanzar, uno por cada acera, buscando cobertura. Cuando los tuvieron a tiro comenzaron a disparar también, y entonces los enemigos se centraron sobre Geremi, que había tenido que ponerse al descubierto, en medio de la calle para coger algo de ángulo para disparar. Esto le vino bien a Jurgen, que había encasquillado su arma por segundo disparo consecutivo.
Comenzó a llover plomo sobre Geremi, que lo paró todo heroicamente con su pecho… antes de caer malherido y tener que arrastrarse a cubierto. Los enemigos también estaban recibiendo lo suyo, y una ráfaga del rifle de Jurgen les convenció de que no les iba a ir bien. De forma que se ocultaron en el interior, donde se acababa de oír el rugido de un motor potente. Jurgen dudó un momento si lanzarse en solitario a asaltar el garaje, ya que Phyr no parecía muy por la labor, pero su duda no duró mucho, ya que al momento las puertas del garaje se abrieron de golpe empujadas por un coche que salía de allí quemando neumáticos. Al volante iba un tipo con una chapa pegada a la cara, y detrás se vehía a otros dos más. Era el coche que buscaban, y estaba escapando, así que todos tuvieron la misma genial idea: ametrallar el coche. El vehículo no pudo aguantar el fuego sostenido de dos armas automáticas y la escopeta de Phyr, y pronto su conductor perdió el control del vehículo, estrellándose contra un edificio y quedando hecho un acordeón. Cuando se acercaron a examinarlo vieron que todos sus ocupantes habían muerto del impacto y sus cadáveres estaban atrapados entre los hierros retorcidos. Casi echando las tripas por la boca a causa de las heridas, Geremi dijo: “saquead todo lo que haya en el garaje”.
En el interior del pequeño garaje encontraron lo que suele haber en este tipo de instalaciones: bancos de
trabajo, herramientas, algunas piezas de repuesto o usadas, y el misterioso paquete que los carroñeros recibieron en el Fight Palace… o al menos su envoltorio. Cargaron todo lo que pudieron y les pareció útil en el jeep y se largaron de allí buscando alguien que les curara las heridas y tratando de encontrar la mejor forma de explicarle al Irlandés el “éxito parcial” de su misión.
Epílogo:
A estas alturas, todo el mundo en Raccoon City conoce ya la existencia de cierto curandero, cuya poderosa brujería sana las heridas a cambio de una donación para su comunidad. Los compañeros se dirigieron a casa del chamán por miedo a que les detuvieran nada más aparecer por el hospital. El Maestro pudo encargarse de las heridas de todos ellos, pero las lesiones por radioactividad de Lock estaban más allá de sus posibilidades, y le instó a que fuera urgentemente al hospital. A la salida, el grupo tuvo que dejar buena parte de lo saqueado como “donación voluntaria” por los servicios prestados, y tras eso llevaron a Lock al hospital, donde le atendieron de urgencia. La buena noticia para él es que su cuerpo no despedía radiación, por lo tanto no estaba contaminado, pero sus lesiones necesitarían cuidados intensivos, una buena alimentación reconstituyente y vida sana y sin sobresaltos por un tiempo, algo fácil de conseguir en Raccoon City… por los cojones. La mala noticia es que un oficial y dos soldados estuvieron preguntando por él en el hospital esa misma mañana.
Restablecidos, Geremi, Jurgen y Phyr se acercaron al Floating Coffin para hablar con el Irlandés, el cual se extrañó de no ver a Rose ni a los otros.
Siendo el único de los tres que estaba en el grupo original, dejaron que fuera Geremi quien se explicara, el cual con su típico tacto explicó a Barry que podía recoger el coche que tanto deseaba en cierta calle del extrarradio… si conseguía desempotrarlo de la pared en la que se encontraba… y quitarle unas cuantas arrugas., ponerle un motorcito nuevo… etc. Comunicó que el verdadero culpable era Bola 8, pero el Irlandés parecía ya no escucharle. Se había quedado mirándolo fijamente con una vena palpitándole en la sien. Luego, sin decir palabra, estrelló contra la pared una botella que tenía a mano y se hizo el silencio en todo el garito. Montó en cólera arguyendo que lo más importante era tener el coche para la próxima carrera y Geremi, para terminar de arreglarlo le ofreció la tartana que tenían por jeep para correr. Tras unos instantes, el irlandés pareció recuperar la calma (quizá le pareció que el ofrecimiento de Geremi era pura inocencia y no ganas de tomarle el pelo). Dado que al menos había devuelto la pelota al saboteador, lo dejó estar y dijo que no iría a por Rose, pero tampoco pensaba pagar por semejante chapuza de trabajo, así que una vez más al grupo se le escapaba su retribución de entre las manos.
Apenas salieron del bar, escucharon en su interior al irlandés jurar y maldecir a voces y movilizando a su gente para ir a por lo que quedara del siniestro total. Lo mejor sería que no estuvieran por allí cuando saliera con toda su banda y todo su cabreo.



