miércoles, 9 de diciembre de 2009

Un trabajo para el irlandés

(17ª Sesión)


El final de un azaroso viaje.


La angustiosa noche fue transcurriendo mientras los carroñeros hacían reparaciones de emergencia con los medios de que disponían. Todo el mundo estuvo en vela vigilando alrededor, pero no tuvieron visitas nocturnas. Llegaron a Raccoon City con las primeras luces del amanecer. En el control de la puerta en seguida se identificó a los vehículos como la expedición de Ernest. Tuvieron que contestar varias veces a la misma pregunta: “¿Qué ha sido del patrón del a expedición?” La versión más o menos consensuada fue que cayó bajo los ataques caníbales en Stinkholeville. De momento la trola pareció colar. Las mercancías obtenidas fueron pasadas a un almacén donde serían examinadas por los oficiales de logística para ver qué objetos les interesaba comprar, y para liquidar la deuda de combustible que pidió el patrón en adelanto. Se les invitó a volver al día siguiente a saldar cuentas. Los carroñeros en cambio, se fueron tranquilamente con sus ganancias: la camioneta de Ernest, que al no ser oficialmente “mercancía recuperada”, no fue retenida.

Los compañeros se dirigieron al hospital para curar sus heridas e ingresar a Phyr, que estaba en las últimas. Por suerte Lock tenía sus propios métodos de curación, y Rose no estaba muy mal. Slayer sorprendentemente no tenía ni un rasguño.


Nuevos marrones:


A la salida del hospital de camino al almacén, un desconocido abordó a Rose, y con un tono de velada amenaza le dio un mensaje de Barry, el Irlandés. Le dijo que quería verle, y le recordó una deuda pendiente que dejó en su bar. La instó a pasarse por el Floating Coffin y tener una charla con él. El Irlandés destila el mejor brebaje de Raccoon City, incluso sabe a whisky, y al parecer Rose apostó con alguien del bar a que era capaz de aguantar mejor que él la bebida. El que perdiera pagaría toda la consumición de ambos. El resultado fue que Rose perdió la apuesta, el conocimiento y estuvo a punto del coma etílico, lo cual explica que no se acordara ni de la deuda ni de cuánto debía. No fiándose mucho de Barry, decidió contárselo al resto de la panda y Tyzan les advirtió que el tipo no debía andar de muy buen humor después de “lo del sábado”. Al parecer hubo una carrera de coches por un tramo de la circunvalación, cerca de Little Raccoon, y el coche del Irlandés se estrelló cuando iba en primera posición. Si el irlandés quería reclamar una deuda y encima andaba de mala leche, sería mejor no ir sola. La acompañaron Rick, Lock y Geremi para hacer bulto.

El Floating Coffin resultó ser un garito con pinta de negocio legal al Oeste de la ciudad, dentro del perímetro seguro. Un viejo letrero de madera con el nombre del local se balanceaba sobre la puerta. El interior algunas velas y candiles complementaban la luz que entraba desde fuera, aunque en general el ambiente era lúgubre. Las pisadas del grupo resonaron sobre el suelo de madera, y los pocos parroquianos presentes se les quedaron mirando. Rose se dirigió a la barra, donde un camarero con cara de pocos amigos le preguntó qué quería. Al preguntar ella por El Irlandés, el tipo alzó la voz mirando a un rincón más en penumbra y dijo: “Eh, Barry, preguntan por ti” y un tipo sentado en una mesa contestó “Rose, querida, así que al final has venido a ver al viejo Barry…”

El Irlandés era un tipo rubio, alto y delgado, con pinta de bien curtido pero sin un atisbo de debilidad por los años. Al mirar daba el aspecto de un lobo al acecho. Con una media sonrisa, invitó al grupo a sentarse y a presentarse. Había oído hablar de alguno de ellos, pero no gran cosa. Después de alguna formalidad, entró en materia. Les dio más detalles sobre la carrera del sábado anterior y les comunicó su certeza de que sabotearon su coche, el Roadster Coffin. Éste había salido como favorito e iba el primero, cuando a falta de media vuelta para el final, tomó una curva en línea recta, desintegrándose en una bola de fuego al pasar a través de la mediana y de varios edificios. Quedando coche y piloto esparcidos en un tramo de unos cien metros. Mickey era un buen piloto, así que descarta una torpeza por su parte, y el mecánico que se encargaba del coche es su propio primo, así que sospecha que fue alguien de fuera. Se mueve mucho dinero con las apuestas, y además había otros tres participantes:


-Rick, el ganador, al volante de un Corvette C5 modelo del 2006, sin nombre ni decoración. Es un piloto freelance del que nadie sabe casi nada. Participa en alguna carrera y suele quedar de los primeros o a veces incluso ganando. La gente empieza a conocerle en la calle como Rick “Hurricane”.


-Carroñeros: una banda de poca monta, restos de una banda mayor de las que salieron perdiendo en la reciente guerra, patrocinados por un garito, el Fight Palace, propiedad de un tipo al que llaman Bola 8. Su coche es poco reconocible: tiene la carrocería de un Charger del 2006 pero ha sido modificada. El motor sobresale del capó y los pasos de rueda se han ensanchado considerablemente. Su piloto lleva una placa metálica que le cubre la parte derecha de la cara y la cabeza. Se rumorea que perdió parte de la cara en un accidente. Tanto al coche como al piloto los llaman “the machine”, pero entre su círculo le apodan “Tin-man” (Hombre de hojalata). Su coche acabó el segundo.


-Red Scars, gente peligrosa. Pilotaban un Mustang rojo y negro con marcas tribales rojas al que le faltaba parte de la carrocería, el “Red Beast”. Su piloto, al que llaman “Beast” es el típico carroñero Redscar: grande, malencarado y con las marcas tribales típicas de su grupo. No sabría distinguirlo de cualquier otro miembro de la banda. Acabó en última posición. Un tanto humillante para gente que no está acostumbrada a perder.


El trato del irlandés fue muy simple: está convencido de que fue otro participante quien los hizo, así que quiere alguien que encuentre a quien se la jugó y le devuelva la moneda robando su coche y matando a su piloto.

Una vez expuesto el trabajo, Rick le puso precio (después de hacer algunas preguntas bastante raras). Serían 1000 pavos por todo y condonaría la deuda de Rose. Al irlandés le pareció bien, incluso prometió dar algo extra si hacían el trabajo de forma especialmente limpia. Sólo puso una condición: quiere el maldito coche para la carrera del próximo fin de semana en Little Raccoon.


El grupo comenzó sus pesquisas inspeccionando el lugar. Recogieron a Tyzan, que presenció la carrera y éste les guió hasta la curva fatídica. En el asfalto quedaron los restos de una frenada en línea recta, directa contra la valla de la autovía de circunvalación, en la que se veían restos del impacto, así como en el edificio de enfrente y en el asfalto de más abajo. Estuvieron un rato buscando minuciosamente, pero lo poco que quedaba estaba irreconocible. Barajaron la hipótesis de que alguien disparara al piloto. Había edificios desde los que había buen ángulo, y había algunos espectadores por las azoteas, pero Tyzan no recordaba ver saltar el parabrisas del Roadster Coffin antes de que se la pegara, aunque no tenía un ángulo ideal para estar seguro de ello. Después de inspeccionar el lugar decidieron echar un vistazo al Fight Palace

El Fight Palace se encuentra al Oeste de la ciudad, fuera del perímetro. Ocupa un antiguo centro comercial no muy grande de una sola planta. En el suelo de la planta baja se han hecho tres agujeros grandes en el suelo que comunican con lo que fue el sótano aparcamiento. Luego se han tapiado alrededor, quedando convertidos en pozos de lucha. Hay tres de estos pozos para tres peleas al mismo tiempo: sin armas, con armas y lucha en equipos. El más cercano a la entrada es el de lucha sin armas, después la modalidad con armas y al fondo, el más grande es el de lucha en equipos o bien modo supervivencia (“todos contra todos”). El garito también tiene toda una oferta de diversión a base de apuestas, comida, bebida, prostitución.... etc, todo por un precio, claro. El propietario es un negro calvo enorme al que todos llaman “Bola 8”.

Rose decidió quedarse en el coche con Tyzan, mientras el resto entraba. Tuvieron que dejar todas sus armas en la puerta. Allí dentro los únicos que llevaban armas eran los guardias, que portaban todo tipo de artillería, en especial fusiles M16. El lugar estaba bastante animado, con gente entrando y saliendo (en su mayoría negros), bebiendo y vociferando alrededor de uno de los pozos, donde dos contendientes peleaban sin más armas que sus propias manos. Frente a una pizarra, un negro esmirriado llevaba en actividad frenética el tema las apuestas. Geremi se acercó a él y le dijo que quería ver a Bola 8 para entregarle un mensaje del Irlandés. El tipo no entendió nada y lo mandó a paseo, pero el grupo comenzó a insistir hasta que uno de los gorilas del local (pero con pinta de inteligente) se les acercó y les preguntó para qué querían ver al jefe. El grupo medio lo convenció de que tenían una interesante propuesta que hacer a Bola 8, con lo que el tipo les dijo que esperaran y se fue para adentro. Mientras volvía, pudieron ver a tres carroñeros que desentonaban un poco con el ambiente de jolgorio del local. Estaban sentados alrededor de una mugrienta mesa y hablando entre ellos con semblante hosco. Rick, en un alarde de diplomacia, se sentó con ellos por las buenas y los trató de coleguitas, a lo cual los tipos respondieron con la típica amabilidad carroñera, invitándole a que se largara de allí cagando leches. Rick se fue de la mesa pero se quedó merodeando. Al poco, el mismo gorila que les había atendido se sentó con ellos y les pasó un pequeño paquete envuelto en una bolsa de papel. Mientras veía esto, otro matón se acercó al grupo y les invitó a pasar al fondo del local para hablar con el jefe. Decidieron pasar todos menos Lock, que se fue a esperar fuera en el coche y vigilar a los carroñeros por instrucciones de Rick.

Flanqueado por sus guardias, Bola 8 les estaba esperando en una habitación a modo de despacho, sentado en un sillón orejudo del que sus anchas espaldas sobresalían por ambos lados. Aun sentado el tipo parecía realmente grande. Llevaba un número 8 tatuado en su rapada coronilla y jugueteaba continuamente con una bola negra de billar mientras miraba fijamente a los recién llegados. Slayer hizo de portavoz para romper el hielo, y comenzó a dar algunos rodeos acerca de cómo ellos podrían hacer que en la próxima carrera su coche ganara, haciendo que algún otro pudiera sufrir un accidente como el del irlandés. Bola 8 no pareció interesarse mucho por el tema y prefirió bromear acerca de la “pericia” del piloto irlandés. Tampoco entendía muy bien de lo que querían decir, hasta que la palabra “sabotaje” (o más bien “saboteo”) salió a colación, lo cual hizo reír al tipo; dijo que sabotear el resto de coches no tendría ningún interés, y que así en breve no habría corredores, y por lo tanto tampoco carreras… pero bromeó diciendo que si alguien rompía las piernas a Rick Hurricane le haría un favor. De modo que tras declinar la oferta del grupo los largó. Geremi salió de allí con la impresión de que el tiparraco no había sido del todo sincero… Rick en cambio estaba convencido de que Bola 8 estaba metido hasta el cuello, pero a ver quién se lo decía.

Cuando salieron, los carroñeros se habían marchado, y Rose, Lock y Tyzan no se habían atrevido a seguirles, para indignación de Rick. Se subieron todos al jeep y se largaron de allí montando un buen pollo, ya que a Rose se le ocurrió salir pegando un par de ráfagas de subfusil, para quedar de cool. Mientras se alejaban pudieron ver que se estaba montando un buen tiroteo en la puerta.

En algún punto de la zona exterior del perímetro, se pararon a discutir el siguiente paso: unos abogaban por dinamitar el Fight Palace, otros por investigar quién coño era ese tal Rick (tocayo del carroñero). Estando en esto, oyen entre las calles en ruinas lo que parece un motor de moto merodeando. Rose cogió el monopatín de Rick del maletero y salió a investigar. Pasadas a un par de manzanas, agazapada, vio a un negro en moto escudriñando los edificios en ruinas. Rick decidió arrancar el coche y dar una vuelta por allí, olvidándose de Rose. Vieron también al negro en moto al fondo de una avenida y aceleraron, pero el tipo también los vio y se dio a la fuga. De alguna manera, consiguieron encontrar después a Rose y recogerla.

Discutieron un rato más el curso de acción a seguir, decidiendo investigar quién podría haber dado un pelotazo fuerte con el resultado de las apuestas de la última carrera. Aquellos los tuvo todo el resto del día ocupados, moviéndose por la calle, preguntando e indagando. Pese a su actual posición en la milicia, Slayer aún sabía cómo moverse por las calles y con quien hablar, pero la información no fue concluyente: hubo gente que ganó bastante dinero, otra que perdió bastante, pero sin relación entre ellos. Simplemente parece que quien tiene dinero apuesta fuerte, y el que no, pues no. Y seguían sin saber quién era Rick Hurricane, aunque parece que está ganando popularidad.

Al día siguiente a primera hora se aventuraron a ir a la guarida de los Red Scars. En Un viejo bloque, fuera del perímetro, don tipos bien armados vigilaban la entrada al antiguo aparcamiento en el sótano, y de vez en cuando salía o entraba algún vehículo. En otro tiempo aquello habría sido un avispero de actividad, pero ahora andaban más cortos de medios y personal Aun así, dentro se intuía actividad. Pararon el jeep enfrente y Slayer se dejó la artillería en el coche y se acercó a ellos en son de paz. Pidió hablar con el jefe, pero como siempre, el jefe no va a salir a hablar con los primeros gusanos que llegan, y como siempre, los gusanos en cuestión se ponen pesados hasta que sale allí toda la panda a ver qué demonios pasa. Finalmente un tipo bastante más fornido que los otros y con pinta de estar más curtido, atendió a Slayer, y en un alarde de estupidez se dejó convencer de que el extraño grupo representaba a una cooperativa de apostantes que estaba investigando unos supuestos fraudes por sabotajes en las carreras. Al tipo le pareció hasta divertida la idea de que alguien tuviera los cojones de intentar infiltrarse en su cubil para sabotearles el coche. En cuanto a la velada insinuación de que les han saboteado los coches a otros participantes, el tío dice no saber nada de eso. Por último le preguntan si sabe la identidad de Rick Hurricane, pero el tipo tampoco la sabe, así que le proponen que indague a sus proveedores quién ha podido estar preguntando por piezas para un Corvette modelo C5, y quedan en encontrarse con él en el mercado al medio día del día siguiente. El tipo también tenía varias preguntas para ellos, como por ejemplo el nombre de la cooperativa, cuántos miembros había, cuándo se creó… a todas estas preguntas Slayer contestó con otra trola igual de grande y se dispusieron a pirarse, pero tuvieron que esperar a Rose, que estaba vendiendo su dignidad a un carroñero por 50 pavos en un portal ruinoso del edificio de al lado.

Sin pistas sobre el tercer participante, vuelven al Fight Palace con la idea de… ¿reventarlo? Slayer se sube con su fusil a un edificio cercano, varias plantas más alto que el viejo centro comercial. Desde allí observa la actividad en la puerta y que en la azotea hay guardias armados también. El resto deciden esperar en la puerta, pero Lock entra en el garito y apuesta sus últimos 40 pavos en contra del favorito en la siguiente pelea. En cuanto ve la diferencia de tamaño de los contendientes, da el dinero por perdido pero, contra todo pronóstico, el luchador más canijo gana la pelea por un truco bastante sucio. Mientras cobra su dinero, ve que los guardias de la puerta están dándole hostias a un tipo esmirriado de aspecto ratuno. Al parecer tiene una deuda por pagar en el local. Desde la puerta, Tyzan lo reconoce como el tipo que habitualmente le lleva las apuestas. El grupo observa un rato más cómo los gorilas de la puerta le dan de palos y sólo cuando ven que posiblemente acabarán matándolo, deciden preguntar cuánto debe. En un alarde de generosidad bastante raro en Geremi, éste decide pagar la deuda de 200 pavos del tipejo para poder interrogarlo a gusto. Mientras éste le besa los pies al carroñero, Lock decide curarlo con su don, por lo que también a él le babosea lo pies, pero como siempre, nada es gratis aquí: apenas el tipo empieza a agradecerles su acción, el grupo empieza a extorsionarlo, reclamándole el dinero, información, contactos, tratos de favor, un misil nuclear… Al final se dan cuenta de que el tipo no tiene más que lo que lleva puesto, sin embargo consiguen sacarle una valiosa pieza de información: Rick Huricane trabaja como mecánico en la chatarrería de Dwight. Tiene sentido, pues las piezas en mejor estado suelen venderse ahí. Antes de irse, Rose le propone al tipo que hable con Bola 8 para organizar peleas de barro, en las que ella está dispuesta a participar. Al tipejo le parece buena idea, así que entra de nuevo al local, vacilándles a los gorilas de la puerta: "han saldado mi deuda, así que estoy limpio. Sed buenos y vigilad bien, jejeje..." y a continuación se pierde en el interior del local.

El grupo se acerca al negocio de Dwight. Al viejo parece que le ha ido bien después del problema que tuvo con los asaltantes. Tiene a todos sus mecánicos desguazando, clasificando y limpiando piezas para separarlas de la chatarra no reparable. Algunos hombres armados pululan por la nave, aunque no en la misma cantidad que cuando sufría ataques cada pocas noches.

Rick el carroñero se acercó a Dwight y le abordó con su típica delicadeza, preguntando por el otro Rick en voz alta y en general tocándole las narices al tipo en su propio negocio. Ante una conversación así sin ningún disimulo, pudieron ver que uno de los mecánicos miraba con cara de preocupación de vez en cuando, así que Rick (el carroñero) se puso a llamarle con gran sutilidad. Gritó: “¡Eh, tú, que sabemos que eres Rick! ¡Ven p’acá!”. El muchacho trató de tranquilizar al furibundo Dwight y accedió a hablar con el pintoresco grupo fuera del taller. En efecto, aquel muchacho rubio de aspecto introvertido resultó ser el tercer piloto. No se molestó en ocultarlo, ya que tan seguros estaban, pero prefería seguir siendo anónimo, para evitar problemas. Como a los otros, le insinuaron el tema de los sabotajes, pero con una gran soberbia dijo que él no necesitaba sabotear ningún coche para ganar. Parecía bastante molesto con el resultado de la carrera: “podría haber adelantado a ese tipo, pero se la pegó. Eso no es ganar”. En lo que sí estuvo de acuerdo es en que debió tratarse de algún fallo mecánico o de un mal bache, por que el piloto irlandés era bueno. Como felonía obligatoria a cada encuentro, Geremi intentó extorsionarle también, y el muchacho le siguió la corriente.

Tras su encuentro con Rick, el grupo decide que tiene claro que el culpable de todo el Bola 8, y se dirigen al almacén para planear cómo desencadenar la 4ª guerra mundial en el garito en el Fight Palace.


Recompensa por los mercenarios:


Mientras el resto del grupo se divertía “haciendo amigos”, Jurgen y Phyr estuvieron convalecientes en el hospital, y a la salida tuvieron que pagar la cuenta en mercancías, al no disponer de dinero en metálico. Una vez fuera se largaron al gremio de mercenarios, a ver qué se cocía por allí. El viejo edificio habilitado para el gremio presentaba un aspecto algo más ajetreado de lo habitual, aunque ¿quién puede decir qué es lo habitual en Raccoon City?

En medio del ir y venir de gente armada y malencarada, estos dos no desentonaban, así que traspasaron el hall y se dirigieron al tablón de anuncios del pasillo para ojear las “ofertas de trabajo”, y en efecto Phyr vio que había un par de recompensas nuevas por dos mercenarios cuya cara le resultó demasiado familiar: el propio gremio de mercenarios ofrecía 1000 dólares por cada una de las cabezas de Jurgen Heinz y Jack William Phyr, acusados de saltarse el código ético de la entidad al incumplir un encargo y traicionar al contratante. Alguien se había chivado de lo ocurrido con Ernest tres días atrás. Disimuladamente, Phyr arrancó los dos avisos de recompensa del tablón de anuncios y se los guardó. Después se largaron de allí, quizá por última vez, elucubrando si podrían anular lo de la recompensa matando al denunciante o si tendrían alguna oportunidad de defenderse en un juicio.

Cuando los mercenarios llegaron al almacén encontraron al resto de compañeros hablando de asaltar un garito de apuestas lleno de negros changos por no se qué de unas carreras. Llamaba la atención el aspecto de Lock, que en dos días había pasado a tener una palidez cadavérica, se le caía el pelo y vomitaba sangre periódicamente. Unos síntomas bien conocidos en Raccoon City.

Le contaron al resto de la peña que ahora sus mercenarias cabezas tenían precio, buscando el apoyo de sus camaradas, pero en vez de eso, sus “amigos” comenzaron a ver a ambos mercenarios como dos fajos de billetes con patas, en especial Geremi, aunque también Lock lo consideró, entre estertores y toses. Cuando preguntaron su opinión a James, a éste le preocupó que las cabezas del resto del grupo también tuvieran precio en breve, con lo cual Geremi empezó a hacer cuentas, ya que él era el único no implicado.

Después mirarse unos a otros con cara de cuervo codicioso, decidieron mandar a Geremi y Lock a investigar en el gremio. Entraron y preguntaron al tipo del mostrador, que estaba tan enfrascado en registrar cada entrada y salida de personal y material, que no estaba al tanto de la nueva recompensa. Al preguntarle más datos sobre el tema, pareció no tener ni idea. Había escuchado algo sobre un asunto interno del gremio y una recompensa por dos ex-miembros, pero no sabía en qué asunto estaban metidos ni quién los había denunciado. Aquel tipo estaba ya demasiado habituado a la vida de funcionario logístico, aunque aún tenía más aspecto de mercenario que Lock, que parecía un cadáver andante.

Volvieron al almacén con las manos vacías, así que decidieron ir a cerrar el asunto del Fight Palace, pero tuvieron que hacerlo sin la ayuda de James y Rick, que ese día “no tenían el cuerpo para tiros”. En puesto de ellos fueron Phyr y Jurgen, que tras su estancia en el hospital tenían ganas de acción.


Se metieron en el agujereado jeep y se dirigieron al antro de apuestas con la intención de liar allí la de Dios. Iban elucubrando si alguno debía entrar antes y otear el terreno, o si Lock debía levantar un banco de niebla, o si Geremi debía retar a Bola 8 a un combate singular en el foso (ésta última fue rápidamente descartada cuando recordaron el tamaño del susodicho macaco). Llegaban al garito cuando otro coche arrancaba y se les cruzó. Sus ocupantes se quedaron mirando al grupo un instante y luego dieron gas a fondo. Se trataba de los carroñeros de la última vez. Tras unos instantes de estupefacción, Geremi giró 180º y comenzó a perseguir al coche. El jeep era un verdadero trasto, pero Geremi estaba inspirado y comenzó a ganarles terreno. Cuando estuvieron a distancia de un tiro de piedra, Lock se puso de pie sobre su asiento e invocando el poder de Gaia creó un banco de espesa niebla sobre sus perseguidores, y lo siguiente que escucharon fue un frenazo y un choque.

Dentro de la niebla no se veía nada. El grupo detuvo el jeep y se adentraron a pie con las armas en ristre. Más adelante se oía maldiciones e imprecaciones. Jurgen se adelantó y recibió varios tiros en respuesta, que no le dieron por mucho. Geremi disparó en dirección al origen de los disparos, pero aquello seguían siendo palos de ciego. Intercambiaron algunos disparos a ciegas más, hasta que de pronto la niebla se disipó tan rápido como había a parecido. Los compañeros se habían dispersado por la calle, mientras que los carroñeros se habían parapetado tras el coche siniestrado. Se inició así un intercambio de plomo en el que Jurgen comenzó a marcar la diferencia y Lock desequilibró la balanza. Primero invocaó un perro callejero hambriento que atacó furiosamente a uno de los carroñeros, trabándolo en combate cerrado. Luego el chamán se acercó temerariamente hasta el coche siniestrado y haciendo brotar una llamarada de sus manos, incendió el combustible que caía sobre el asfalto, inaugurando la temporada de fallas en Raccoon City. En mitad de toda la acción, Phyr se había dedicado a intentar curarse una pequeña herida que le habían hecho al principio, pero un rato después, tenía todo el contenido de su botiquín desparramado, se había enredado con el esparadrapo y su herida seguía sangrando.

Con dos bajas, el coche hecho una tea y un perro cojonero enganchado en la pierna, los dos carroñeros que quedaban huyeron como conejos. Aun así el perro alcanzó a uno, casi matándolo de un bocado en el costado. Geremi acabó el trabajo del perro. Mientras, Jurgen alcanzó al otro en un espectacular sprint y trató de hacerle un placaje, pero tropezó con una grieta del pavimento y se pegó una hostia igual de espectacular contra el suelo. El tipo dobló una esquina. Jurgen se reincorporó tan rápido como pudo para seguirle. Mientras comprobaba si sus dientes seguían en su sitio, alcanzó a ver cómo su presa llamaba desesperadamente al portón de un garaje y le abrían. El mercenario comenzó a acercarse con cautela, buscando un sitio a cubierto en la acera de enfrente desde el que vigilar la salida.


Para cuando Phyr pudo vendar adecuadamente su herida, Geremi ya había desvalijado los cadáveres de los carroñeros y había arrojado sus cuerpos al fuego. Ahora el olor a barbacoa se mezclaba con el de la gasolina quemada. Lock aún resollaba por el esfuerzo. Se reagruparon y avanzaron cautelosamente hacia la siguiente calle, donde Jurgen debía estar esperándolos.

La espera de Jurgen dio sus frutos, pues al poco el tipo al que había perseguido y otros tres bien armados salieron por un postigo del portón del garaje y comenzaron a andar en dirección al altercado. El mercenario pensaba dejar que salieran y sorprenderlos por la espalda, pero uno de ellos lo vio, y comenzó a lloverle plomo. Si embargo los tipos eran bastante malos disparando y Jurgen, a cubierto y bien curtido en estas situaciones, no recibió ni un rasguño. Trató de responder al fuego, pero su arma se encasquilló. Mientras trataba de desatascarla, sus enemigos se parapetaron también tras el hueco de la puerta y siguieron disparando. Phyr y Geremi vieron la situación desde el otro extremo de la calle y comenzaron a avanzar, uno por cada acera, buscando cobertura. Cuando los tuvieron a tiro comenzaron a disparar también, y entonces los enemigos se centraron sobre Geremi, que había tenido que ponerse al descubierto, en medio de la calle para coger algo de ángulo para disparar. Esto le vino bien a Jurgen, que había encasquillado su arma por segundo disparo consecutivo.

Comenzó a llover plomo sobre Geremi, que lo paró todo heroicamente con su pecho… antes de caer malherido y tener que arrastrarse a cubierto. Los enemigos también estaban recibiendo lo suyo, y una ráfaga del rifle de Jurgen les convenció de que no les iba a ir bien. De forma que se ocultaron en el interior, donde se acababa de oír el rugido de un motor potente. Jurgen dudó un momento si lanzarse en solitario a asaltar el garaje, ya que Phyr no parecía muy por la labor, pero su duda no duró mucho, ya que al momento las puertas del garaje se abrieron de golpe empujadas por un coche que salía de allí quemando neumáticos. Al volante iba un tipo con una chapa pegada a la cara, y detrás se vehía a otros dos más. Era el coche que buscaban, y estaba escapando, así que todos tuvieron la misma genial idea: ametrallar el coche. El vehículo no pudo aguantar el fuego sostenido de dos armas automáticas y la escopeta de Phyr, y pronto su conductor perdió el control del vehículo, estrellándose contra un edificio y quedando hecho un acordeón. Cuando se acercaron a examinarlo vieron que todos sus ocupantes habían muerto del impacto y sus cadáveres estaban atrapados entre los hierros retorcidos. Casi echando las tripas por la boca a causa de las heridas, Geremi dijo: “saquead todo lo que haya en el garaje”.

En el interior del pequeño garaje encontraron lo que suele haber en este tipo de instalaciones: bancos de trabajo, herramientas, algunas piezas de repuesto o usadas, y el misterioso paquete que los carroñeros recibieron en el Fight Palace… o al menos su envoltorio. Cargaron todo lo que pudieron y les pareció útil en el jeep y se largaron de allí buscando alguien que les curara las heridas y tratando de encontrar la mejor forma de explicarle al Irlandés el “éxito parcial” de su misión.


Epílogo:



A estas alturas, todo el mundo en Raccoon City conoce ya la existencia de cierto curandero, cuya poderosa brujería sana las heridas a cambio de una donación para su comunidad. Los compañeros se dirigieron a casa del chamán por miedo a que les detuvieran nada más aparecer por el hospital. El Maestro pudo encargarse de las heridas de todos ellos, pero las lesiones por radioactividad de Lock estaban más allá de sus posibilidades, y le instó a que fuera urgentemente al hospital. A la salida, el grupo tuvo que dejar buena parte de lo saqueado como “donación voluntaria” por los servicios prestados, y tras eso llevaron a Lock al hospital, donde le atendieron de urgencia. La buena noticia para él es que su cuerpo no despedía radiación, por lo tanto no estaba contaminado, pero sus lesiones necesitarían cuidados intensivos, una buena alimentación reconstituyente y vida sana y sin sobresaltos por un tiempo, algo fácil de conseguir en Raccoon City… por los cojones. La mala noticia es que un oficial y dos soldados estuvieron preguntando por él en el hospital esa misma mañana.


Restablecidos, Geremi, Jurgen y Phyr se acercaron al Floating Coffin para hablar con el Irlandés, el cual se extrañó de no ver a Rose ni a los otros.

Siendo el único de los tres que estaba en el grupo original, dejaron que fuera Geremi quien se explicara, el cual con su típico tacto explicó a Barry que podía recoger el coche que tanto deseaba en cierta calle del extrarradio… si conseguía desempotrarlo de la pared en la que se encontraba… y quitarle unas cuantas arrugas., ponerle un motorcito nuevo… etc. Comunicó que el verdadero culpable era Bola 8, pero el Irlandés parecía ya no escucharle. Se había quedado mirándolo fijamente con una vena palpitándole en la sien. Luego, sin decir palabra, estrelló contra la pared una botella que tenía a mano y se hizo el silencio en todo el garito. Montó en cólera arguyendo que lo más importante era tener el coche para la próxima carrera y Geremi, para terminar de arreglarlo le ofreció la tartana que tenían por jeep para correr. Tras unos instantes, el irlandés pareció recuperar la calma (quizá le pareció que el ofrecimiento de Geremi era pura inocencia y no ganas de tomarle el pelo). Dado que al menos había devuelto la pelota al saboteador, lo dejó estar y dijo que no iría a por Rose, pero tampoco pensaba pagar por semejante chapuza de trabajo, así que una vez más al grupo se le escapaba su retribución de entre las manos.

Apenas salieron del bar, escucharon en su interior al irlandés jurar y maldecir a voces y movilizando a su gente para ir a por lo que quedara del siniestro total. Lo mejor sería que no estuvieran por allí cuando saliera con toda su banda y todo su cabreo.


Otro cliente satisfecho.

lunes, 12 de octubre de 2009

Lock Garrison


El destino juega sucio, sí, muy sucio pero a veces todo sucede con un fin, con un objetivo....... Mi madre murió en el momento de mi nacimiento, mi padre........... no se donde estará ese despreciable ni me importa.......... estoy solo......desde el momento de mi nacimiento estoy solo........ ....... los del centro de acogida dicen que se llama Lucas, me dicen que cuidará de mí.........es un anciano.......me inspira bondad.........al menos en su casita en las afueras de la ciudad estaré más cómodo que en este lúgubre y frío centro, así que lo agarro de la mano y me voy con él........ Pasamos los años viviendo en aquella casita apartados de toda civilización.....ya tengo 30 años..........durante todo este tiempo me enseña a cultivar el campo, a sacar provecho de todo lo que nos da la madre naturaleza, a canalizar toda su energía y utilizarla para un bien común........es muy sabio y me transmite todos sus conocimientos........ Una noche me despierto...........algo no va bien........un mal presentimiento......la tierra tiembla y salgo de la casa corriendo......Lucas está fuera mirando al cielo, inmovil....dirijo mi mirada hacia donde él mira........ de repente un enorme destello a lo lejos seguido de un estruendo que hace temblar la tierra tanto que nos tira al suelo a ambos......me levanto algo desorientado.........siento dolor, mis pies descalzos notan cómo la tierra se resiente....la madre tierra llora..........no sé qué hacer...........busco a Lucas...... está de rodillas en el suelo......lo llamo pero no responde.......me acerco a él y escucho cómo reza......me arrodillo a su lado y rezo con él hasta que los primeros rayos de sol iluminan nuestro rostro. Pasa un tiempo desde aquella nefasta noche......un día escuchamos coches pasar cerca de nuestra casa.......nunca antes había pasado nadie por aquí........me dispongo a salir pero Lucas me detiene agarrándome del brazo.........me dice que salga por la parte de atrás....me dice que huya. Mientras abro la puerta trasera de la casa oigo cómo Lucas habla con alguien en la habitación principal.............. de repente se escuchan tiros y me detengo...........escucho cómo el cuerpo de Lucas se cae al suelo y noto cómo su vida se desvanece.....gritan, ellos gritan de alegría tras arrebatar tan miserablemente la vida de un inocente........se mueven, noto como registran la casa y es entonces cuando salgo corriendo.........no miro atrás, corro, corro y corro hasta llegar a una carretera y me detengo agotado. Un coche se acerca a lo lejos y se detiene al llegar a mi altura. Una muchacha está al volante y me invita a subir..........no sé si fiarme de ella, no tiene buen aspecto pero subo al coche pues debo alejarme de aquel lugar, dejar atrás mi pasado y luchar por tener un futuro. Me llamo Lock, Lock Garrison......... y estoy vivo, no sé cómo pero estoy vivo, gracias al cielo; cierro los ojos e intento rezar por todos los caídos.........por Lucas y por todos....... pobres infelices......tantas vidas apagadas de un solo golpe........rezo, rezo por ellos para que la madre tierra los acoja en su seno y purifique sus almas.......... abro los ojos....los recuerdos desaparecen lentamente....... Noto que Patrizzia me mira....... parece buena chica.......o puede que me equivoque........me ha sacado de aquella carretera......me ha ayudado y al menos de momento sigo vivo......el motor del coche sigue sonando........nos dirigimos a una ciudad, si es que se le puede llamar así....... creo que dijo que se llamaba Raccoon...... un olor rancio y estraño entra por la ventanilla...... supongo que así es como huele el fin, el fin de todo y el comienzo de los Despojos.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Rick Valley

Rick Valley era un tipo austero, ceñudo, de complexión atlética. Nunca había tenido grandes aspiraciones, a excepción de los coches; se emocionó tanto con su primer coche de juguete cuando era niño, que durante un año no tocó un solo juguete más. Su padre, un mecánico siempre borracho y malhablado, se murió cuando él tenía dieciséis años dejándole su taller y unos pocos consejos anticuados sobre la vida. Rick no necesitaba más. Se pasó los siguientes cuatro años trabajando el oficio, hasta que cayeron las bombas; por suerte cayeron en las grandes urbes... ¿quién iba a querer tirar una bomba en el rincón más maloliente del desierto de Texas, en el puto culo de América? Rick tenía la sensación de que tras aquellos acontecimientos, no iba a haber mucha gente interesada en pasar por el desierto a que les hiciese alguna chapuza en el motor, así que cogió su mejor moto, y puso rumbo al Norte.

Durante meses vagó por los despojos de la patria, haciendo algún arreglillo por aquí y por allá a cambio de un poco de gasolina y comida. Tuvo que aprender a manejar un arma; no era precisamente Billy el Niño, pero se defendía. Tras un tiempo deambulando, se asoció con unos tipos igual de dicharacheros y emprendedores que él... al principio no es que Rick disfrutase de la compañía de estos carroñeros de segunda, pero juntos tenían más posibilidades de sobrevivir. Sin embargo, con el paso del tiempo, se fue forjando un lazo de amistad inquebrantable entre los cinco, y a cada incursión se sentían más unidos. Un buen día, les llegaron rumores de una gran ciudad llamada Raccoon City, donde el ejército de los Estados Unidos de América aún medraba, y se daba asilo y patrocinio a escoria como ellos, a cambio de una parte del botín. Esto sonó como música a los oídos del grupo, que sabía que mientras más incursiones hacían en los yermos por su cuenta, más se ponían las posibilidades en su contra. Éste fue su peor error.
Nada más llegar a Raccoon City quedaron extasiados. No habían visto tal despliegue de civilización en años... entraron corriendo al mercado como niños, y lo primero que decidieron fue darse un tremendo festín. Un tipo de aspecto siniestro les vendió un saco de carne de cerdo, y tras buscar un poco se acomodaron en un edificio en ruinas. Rick, de poco apetito por las úlceras que le había procurado la dieta de su padre en la que todo llevaba chile, hoy tenía aún menos, así que no probó bocado. Los otros cuatro se saciaron como puercos, y la carne no debía estar en muy buen estado, porque al momento estaban panza arriba como cucarachas envenenadas. A Rick esto le sentó fatal, aunque no tanto como a ellos. Juró venganza por sus compañeros muertos, y como tampoco tenía nada mejor que hacer, decidió investigar el origen de la carne. Se encontró conque la carne provenía de una franquicia sumergida de carne humana llamada MarkDonald's, encabezada por un nigromante comando y un carroñero psicópata. Al parecer, el carroñero no había dejado ni rastro, pero el nigromante, un tal Donald D. Hernández, tenía una propiedad en las afueras. Decidió investigar ese antro-mansión, y lo que vio le hubiera revuelto las tripas si ese no fuera el estado natural de sus entrañas. En el sótano, colgando de garfios oxidados, se salaban jamones humanos mientras que el suelo estaba teñido de rojo de varias capas de costra sanguinolenta y trozos de pellejo. Al ver que no estaba allí, Rick indagó un poco dentro del perímetro, y se enteró, por medio de un ladrón traicionero, de que por ahí tenía un almacén que frecuentaba mucho más.
Rick se fue al almacén, descubrió que se podía colar por un muro medio mal hecho empujando un par de ladrillos, y se sentó en la puerta con su pistola a esperar a que entrase el hijo puta del nigromante.

Buscando antigua tecnología (II)

(Resumen 16ª sesión)

En busca del tesoro:


En algún lugar de un viejo polígono de Raccoon City, un extraño grupo estudiaba los planos de un proyecto aún más extraño: un refugio antinuclear. Phyr y Slayer se pasaron el día entero estudiando la documentación. Les costó un poco entender todo aquello, pero poco a poco fueron extrayendo detalles de sus instalaciones y estructura. Finalmente, el grupo decidió que estaban listos para ir a saquear aquello… sin contar con su patrón.

A primera hora del día siguiente, Jurgen, Phyr, Slayer, Rose y Lock se subieron a su recién “adquirido” jeep y pusieron rumbo a Stinkholeville, llegando al pueblo sin incidentes. Entraron por la zona Sur y giraron al Este, cruzando la vía del tren hasta las afueras. No se veía ni rastro de actividad perruna o canibalesca. Deambularon un rato por caminos de las afueras hasta llegar a la puerta de la finca donde aparentemente estaba el refugio. Se bajaron del coche y otearon el panorama. No se veía ninguna construcción en superficie, pero sobre un pequeño promontorio se avistaba lo que parecían varias placas solares cubiertas de una gruesa capa de polvo. La perspectiva de arrancar dichos artefactos y venderlos en la ciudad les sedujo como la luz a las polillas, así que entraron en la finca y se dirigieron al promontorio. Más de cerca pudieron ver que el camino descendía poco a poco en rampa hasta meterse bajo tierra, hasta un pequeña antesala en la que había una puerta metálica y algo parecido a un videoportero. Parece que habían encontrado el maldito refugio. Discutieron un rato sobre el curso de acción a seguir, y finalmente decidieron que Rose, con las ropas de camuflaje de Phyr, y mostrando escote, trataría de hablar con los habitantes del refugio haciéndose pasar por una escotada soldado del ejército que les ayudara para tratar de hacerles salir, pero después montar toda la pantomima, al pulsar el llamador no ocurrió nada. Aquello parecía todo bastante muerto. Trataron de abrir la puerta por la fuerza, pero aquello no se movía. Después lo intentaron con martillo y cincel, pero sólo consiguieron mellar la junta. Aquello era una auténtica cámara acorazada. Viendo los gatos que no podrían abrir las almejas, volvieron su atención sobre los paneles solares. Aunque cada uno era casi más grande que el coche, si lo conseguían llevar a la ciudad, les darían una pasta por aquellos trastos. Phyr y Slayer estuvieron dilucidando un rato sobre cómo averiguar si pasaba corriente por ellos, y finalmente Slayer optó por el sutil método de arrancar los cables y ponérselos en la lengua. Afortunadamente para el negro, aquellos circuitos estaban tan muertos como el resto del pueblo. Los filtros de reciclaje de aire parecían igualmente muertos. Allí no parecía haber nadie, al menos vivo.
Ahora el problema estaba en cortar los seis anclajes de la placa. Cogieron las herramientas del jeep y, con más fuerza que maña, se afanaron todo lo que quedaba del día. El sol comenzaba a ponerse cuando ya tenían aquello casi arrancado, pero aún les quedaba un rato, así que decidieron volver a la ciudad por temor a los caníbales autóctonos. Durmieron todos en el almacén, menos Rose que decidió seguir zumbándose a Sameh.

Al día siguiente, en vez de tirar directamente para el pueblo fueron a ver al patrón para comunicarle sus avances. El tipo recibió la noticia con entusiasmo. Para él, el hecho de que la puerta estuviera cerrada a cal y canto no parecía representar un problema. Según les comunicó al grupo, pensaba usar la ganzúa más efectiva del mundo: explosivo plástico. El entusiasmo se le disipó en parte en cuanto le dijeron que en el refugio no parecía haber ningún tipo de actividad. Aquellos podía significar que el refugio estuviera sin terminar o bien que su minirreactor nuclear estuviera estropeado, haciendo poco lucrativa la expedición. Cuando el grupo escuchó esto, de nuevo comenzaron a protestar, alegando que lo que les iba a pagar era muy poco, que seguro que él sacaba mucho más por aquello, que la cosa estaba mu malita, que tenían a la abuela enferma… etc, etc, así que al final el tipo decidió contratarlos a precio fijo como guardaespaldas para la expedición, ya que ninguno tenía conocimientos sólidos de ingeniería y tendría que buscar a estos especialistas por otro lado. Al ser tantos, serían quinientos pavos por cabeza, encontraran lo que encontraran. El grupo aceptó a regañadientes, y el patrón los citó en una hora en aquel mismo lugar y se largó. Jurgen decidió seguirlo y vio cómo el tipo hacía trapicheos aquí y allá con carroñeros y comerciantes. Luego se percató de la presencia del mercenario y mandó a un carroñero a que le sugiriera sutilmente que dejara de seguirles. Jurgen decidió hacer caso, aunque se quedó vigilándole más de lejos. Lo único que el mercenario consiguió averiguar de su periplo es que al patrón le llamaban Ernest “El Honrado” y que parecía tener muchos contactos en el mercado.

Mientras, Rose había ido a hablar con Rick tratando de averiguar cuánto podía valer un generador impulsado por un minirreactor nuclear en buen estado. El carroñero no supo qué decirle, ya que nunca había visto uno, pero teniendo en cuenta su posible utilidad y el precio de los actuales generadores a combustible, el precio sería bastante más de los 2500 que iban a sacar. Rose se dirigió a toda prisa a la “oficina de atención al despojo” más cercana tratando de hacer un trato aparte con las autoridades, que seguro que le pagarían mucho más por el generador. Tuvo que esperar la cola de gente que trataban de conseguir fondos para sus propias expediciones de recuperación de material (la mayoría de los cuales se iban con las manos igual de vacías). Cuando por fin le atendieron, el tipo con uniforme al que explicó el tema no pareció tomarla muy en serio. Aún así, por la insistencia de la moza, el tipo accedió a su solicitud. Le tomó los datos y le pidió que se presentara al día siguiente para hacer de guía a una expedición compuesta por una patrulla y un ingeniero militar para comprobar la historia de la chica. Fue todo lo que pudo conseguir, y el patrón les esperaba en unos quince minutos en el mercado, así que de momento sólo podría comunicar a los otros la mayor perspectiva de negocio.

El resto del grupo había hecho algunas compras menores para el viaje (básicamente más plomo), y a la hora señalada vieron llegar a Ernest en una camioneta con otros cuatro tipos: dos mercenarios y dos con pinta de no dedicarse mucho al negocio del plomo. Debían ser los técnicos que evaluarían las instalaciones. Les seguía un coche con cinco tipos con bastante mala pinta. Sus adornos y atuendos de cuero les daban toda la pinta de carroñeros. Al ver al grupo, el patrón se bajó de la camioneta y se acercó con un papel en la mano. Era una hoja con el sello de la junta militar de Raccoon City. Se trataba del típico contrato de registro para fletar alguna expedición a los yermos, detallando sus componentes, el objetivo y la zona de rastreo, imprescindible para que el ejército te fíe algún tipo de combustible o personal si quieres salir de excursión. En cualquier caso, ninguno de los compañeros era carroñero de profesión, así que no conocían muchos detalles del tema, y Ernest les dijo lo único que necesitaban saber: “como parecéis indecisos, esto es para que ambas partes cumplan lo pactado”. Cumplido el formulismo, cada grupo subió a su vehículo y pusieron rumbo al pueblo maldito.

Una tumba de hormigón y acero:

Slayer iba al volante de su jeep con toda la peña, y los otros dos vehículos le seguían. Debía ser media mañana cuando llegaron al pueblo, pero en vez de torcer hacia el Este, torcieron deliberadamente hacia el Oeste, hacia los almacenes abandonados, con la idea de alertar a todos los caníbales posibles (?). Pasaron por la zona, pero todo parecía bastante tranquilo. El convoy pasó ante varios almacenes abandonados, pero todo estaba tan desierto como el resto del pueblo. Sin embargo, una vez los vehículos hubieron pasado de largo, en el último momento a Slayer le pareció ver por el retrovisor cómo alguien se asomaba por el portón de uno de los almacenes. Los de atrás parecieron verlo también.

Tras ese extraño rodeo, el grupo puso rumbo de nuevo a la zona Este de las afueras, y llegaron a la zona del día anterior, donde todo parecía seguir tal cual lo dejaron. Guiaron a Ernest a la entrada del búnker y éste colocó la carga explosiva e hizo a todo el mundo que se largara de allí. El estruendo de la explosión debió sonar por todo el condado. Lock estaba convencido de que aquello les iba a traer problemas. El grupo comenzó a mascullar y urdir todo tipo de planes para quedarse con todo, mientras los carroñeros parecían bastante impasibles ante todo aquello. Simplemente se dedicaban a hacer su trabajo Cuando se disipó la polvareda, pudieron ver que la puerta se había abierto lo suficiente como para acabar la tarea con un gato mecánico. El interior estaba oscuro y olía a polvo y a cerrado. Una vez abierta la puerta, el patrón se volvió al resto y les mandó de avanzadilla: “Hala, haced vuestro trabajo: bajad ahí y despejad lo que haya. Dejad que mi ingeniero se encargue de examinar el generador.” El ingeniero en cuestión se había ataviado con un traje antirradiación y llevaba un contador geyger y una linterna. El resto de gente simplemente chalecos de protección y artillería. Phyr, Lock y Slayer le acompañaron junto a otros dos carroñeros, mientras el resto se quedaba fuera. La puerta daba a un vestíbulo donde se veía un ascensor y unas escaleras que bajaban. Comenzaron a bajar por las escaleras. El interior estaba totalmente a oscuras, sólo alumbrado por las linternas de los intrusos. A llegar abajo había un gran distribuidor con varias puertas, todo tal como estaba en los planos encontrados. No parecía haber ningún tipo de actividad en el refugio, pero allí abajo el olor era sensiblemente peor. Si había comida acumulada, seguramente estaba podrida desde hacía tiempo. Siguiendo el plano, el ingeniero se adelantó buscando el cuarto de control de instalaciones, perdiéndose en la oscuridad. En el momento que estuvieron solos, Slayer comenzó a tantear a los carroñeros para ver si podía contar con ellos para acabar con el patrón y repartirse el botín, pero en principio los tipos parecían contentos con el trabajo y la paga. Se quedaron en silencio mientras miraban con ojos golosos dos puertas que daban al vestíbulo cuyo letrero rezaba “Almacén General”. Al poco el ingeniero volvió con bastante mala cara diciendo “mejor que salgamos todos de aquí; el generador debió sufrir una avería hace tiempo y aquella zona está irradiada, por eso no funciona nada. Me temo que no se pueda aprovechar casi nada de allí.” El tipo subió por las escaleras sin más para informar al patrón, y en ese momento, tanto los carroñeros profesionales como los “amateur” se lanzaron de cabeza al almacén y comenzaron a arramblar con todo lo que pudieron. En pleno saqueo entró Ernest por la puerta dando gritos e instando a todo el mundo a dejar aquello en su sitio, pues le pertenecía según el contrato. Tras unas tensas miradas, los empleados accedieron. Después puso a todo el mundo a dar portes hasta la camioneta para llevar las mercancías útiles. Algunas conservas parecían en buen estado, y también había material de supervivencia sin estrenar e incluso algunas armas. El botín parecía jugoso para unos ruinas como aquellos, pero Ernest no estaba en absoluto de buen humor.

Mientras iban cargando las cosas en la camioneta, comenzó a ejecutarse un descoordinado plan para quedarse con todo. Rose se deslizó tras la camioneta del patrón y metiéndose bajo ella trató de sabotearla, pero siendo la primera vez que veía un vehículo desde abajo, no tuvo ni remota idea de qué hacer, así que eligió lo más fácil: pinchar una rueda.
Por su parte, Lock, con una maestría digna de Houdini, se escaqueó de la tarea y exploró un poco el refugio por su cuenta. Llegó a tientas hasta una puerta y se metió por ella. Había encontrado unas cerillas sobre una encimera, así que las usó para alumbrarse. Allí el olor era insoportable, y descubrió por qué: estaba en un dormitorio, y sobre la cama había dos cadáveres que debían llevar años muertos, uno ataviado con lo que debió ser un bonito vestido y otro con ropa de hombre. Ambos se habían volado la cabeza. La sangre que había salpicado toda la pared era ahora una costra negra y mohosa. El hombre aún sostenía una pistola en sus manos con el cañón metido en la boca. Parece que el alcalde y su amante habían acabado como Romeo y Julieta. El muerto al hoyo y el vivo al bollo: Lock cogió la pistola de las manos del muerto y salió de allí rumbo al cuarto del generador, ignorando la advertencia del ingeniero. Entró a tientas y encendió fósforo tras fósforo hasta que se hizo una idea de donde estaba: en aquella sala se concentraban todas las instalaciones que daban servicio al refugio, incluido un enorme aparato con un gran panel de control y una señal advirtiendo del peligro del material radiactivo en su interior. Lock se lo pensó durante un rato (casi cinco segundos, por lo menos), y seguidamente comenzó a apretar botones e interruptores como un loco tratando de obtener alguna respuesta del cacharro, pero aquello también estaba muerto. Todo aquello era una tumba, y lo único que podían hacer era saquear el ajuar.

Consumando la traición:

Cuando todo el material del almacén (y algunos libros de la biblioteca del refugio) estuvo cargado en la camioneta, ya caía la tarde. Alguien se percató de que había una rueda pinchada, así que uno de los mercenarios se puso a cambiarla. Mientras esperaban, la descoordinación seguía: unos querían matarlos a todos, y otros pactar con los carroñeros. Invocando el espíritu de Gaia, Lock convocó a un perro famélico de la zona y en cuanto apareció le ordenó mentalmente que atacara a los carroñeros. Obedeciendo, el chucho se lanzó en plan kamikaze contra el coche y trató de morder a uno de los tipos, sin demasiado éxito. Acto seguido fue acribillado, y Lock sintió algo que se revolvía en su interior ante la muerte inútil de un animal. Pasado el pequeño momento de confusión, el mercenario seguía cambiando la rueda y los carroñeros haciendo tiempo.

Slayer decidió hacer un intento más. Se acercó tranquilamente al coche de los carroñeros, y esta vez sí fueron más receptivos: viendo el enorme fardo de mercancía nuevecita que había en la camioneta, acordaron colaborar ambos grupos para matar a Ernest y su séquito y quedarse con todo. Al carajo con el contrato. Slayer volvió disimulando al coche y comunicó el plan mientras el mercenario había terminado ya de cambiar la rueda. Hizo sonar el claxon un par de veces y los dos grupos salieron de sus coches y empezaron a disparar. Ernest y los suyos se habían quedado en mala posición, en medio de ambos bandos. El intercambio se cobró las primeras bajas entre los carroñeros, dos de los cuales cayeron por una granada que también dejó su coche inutilizado. La camioneta de Ernest arrancó a toda prisa pero una bala pinchó una de sus ruedas y no pudo tomar velocidad. Las balas silbaron en todas direcciones, aunque paradójicamente el mejor disparo de la tarde lo hizo un ingeniero que con una simple pistola dejó fuera de combate a Phyr de un solo tiro. Uno de los mercenarios cayó, así como el segundo técnico, pero Ernest se puso al volante y trató de seguir avanzando, pero atrajo los disparos como la mierda a las moscas, y acabó cayendo. El tercer hombre en la cabina se puso a los mandos de la maltrecha camioneta mientras desde la caja trasera el mercenario que quedaba vivo trataba de hacer su trabajo atrincherado entre la mercancía. La camioneta escapaba, así que subieron al jeep y salieron tras ella, dejando a los carroñeros con un palmo de narices. Slayer trató de sacar a la camioneta del camino, pero no lo consiguió. Desde la caja trasera, el mercenario que quedaba barrió con su arma todo el jeep, dañando a sus ocupantes, pero éstos respondieron disparando a otra de las ruedas, y esta vez el vehículo se fue a la cuneta. El ingeniero, herido, echó a correr campo a través, pero el mercenario seguía atrincherado entre la mercancía disparando en un combate desigual donde la mayor víctima era la propia mercancía que usaba como parapeto, que estaba recibiendo balazos. Viendo esto, Rose le propuso al mercenario que se rindiera y a cambio podía irse. El tipo, aprovechando que aún estaba sano, no se lo pensó dos veces puso pies en polvorosa, siguiendo al ingeniero que se había largado un rato antes.

Ahora que el grupo tenía en su poder toda la mercancía comenzaron los marrones: no querían compartirla con los carroñeros, un par de los cuales necesitaban atención médica, la cual corrió a cargo de Lock, lo que a su vez dio pie al grupo para negarles a los carroñeros el que se quedaran con ninguno de los suministros médicos expoliados, alegando que además éstos ya habían saqueado los cadáveres de los caídos mientras ellos perseguían a los que quedaban en coche. La tensión comenzó a crecer, pero Slayer consiguió sosegar los ánimos. Al final los carroñeros se quedarían con la maltrecha camioneta de Ernest, la mitad de los suministros médicos, la mitad de lo saqueado a los cadáveres y el contador Geiger del ingeniero, y el grupo con todo el resto. El pequeño problema residía ahora en que en el jeep no cabía ni un alfiler, y la camioneta no era de ellos, sino de los carroñeros, así que si querían llevar su mercancía a la ciudad, tendrían que esperar a que los carroñeros reparasen la camioneta, quizá incluso con piezas del otro coche, y pusieran todos rumbo a Raccoon City, vigilándose unos a otros. Así que los carroñeros comenzaron su penosa tarea con las últimas luces del día, mientras el resto de compañeros vigilaba nerviosamente los alrededores, en espera de los más que probables problemas que tendrían que venir.

lunes, 31 de agosto de 2009

James "Slayer" Parker: una historia de violencia

Nací en 1994 en el distrito de Kirkland, Seattle. Cuando fue proyectado por la ciudad en 1950 iba a ser un barrio popular pero sería un modelo de integración en todo el estado. La realidad tiraría por el suelo las aspiraciones del gobernador McReily al haber juntado a latinos, negros y la clase baja estadounidense. Las bandas florecieron en los 70 y 80, convirtiendo el barrio en un puto gueto controlado por mafias de diferentes nacionalidades. La venta de drogas, los ajuste de cuentas, el contrabando y la corrupción fue la tónica natural hasta la hecatombe atómica.


Mis padres se mudaron al barrio cuando mi madre estaba embarazada de mi. Eran una familia humilde, venían de una pequeña ciudad del estado de Alabama. Vinieron con lo puesto, la vida les trató mal y mi padre no supo salir adelante en Alabama. Emigraron con la esperanza de ofrecer a su hijo (a mí) una oportunidad. Pero me metieron directamente en la mierda. John Parker, mi padre, pronto encontró trabajo en la ciudad, los negros solían trabajar por aquella época en las fábricas del extrarradio, llenando sus pulmones de veneno a cambio de un puñado de pavos para pagar un alquiler de un piso de 1 habitación en Kirkland. Mi madre, Mary, se dedicaba a cuidarme hasta que cumplí 5 años y me metió en la escuela. Se puso a trabajar limpiando las casas de los ricos de la ciudad. Mientras que mi padre se dio al alcohol, las drogas y las putas, mi madre tenía que aguantar sus maltratos y sus resacas. Desde que empezó a beber la casa fue un infierno, quizás se había impregnado de lo que había de puertas para afuera...


Con solo 12 años entre en la banda de mi primo M. “Slasher” Parker que se habían venido al barrio en el 2000 con las mismas esperanzas que mis padres, pero su destino estaba marcado antes de bajar del autobús. M. era un tipo del que había que cuidarse, tenía la astucia de un gato y la mala leche de mi padre cuando bebía. Con una personalidad apabullante y un carácter agresivo pronto se hizo con una pequeña banda del barrio de Twin Pines, donde vivíamos. Era un barrio pequeño dentro del distrito, pero la violencia se sentía en cada adoquín que formaba la calle. Desde que entré en la banda de los “Slashers” dejé a un lado el colegio, me eduqué en la calle, y comprendí que el sitio de unos deshederados como nosotros estaba allí. En un principio no hacíamos gran cosa, la banda se dedicaba a “controlar” el barrio. Que no entrara la mierda, controlar la buena práctica de la venta de drogas y evitar que la policía cometiera abusos contra los vecinos. Éramos los reyes del barrio.


Cuando cumplí los 18 mi padre abandonó la familia, dejó a mi madre tirada y sin un puto duro. Dicen que se fue con una zorrita de tres al cuarto a Miami a seguir su vida. Pero lo que no sabía es lo que se iba a encontrar antes de escapar de nuestra vida. Conseguí un arma y me dirigí al apartamento donde vivía ahora. Por fin iba a vengar los años de maltrato y desprecio hacía mi madre y hacia mí. Subí al tercer piso de un bloque de viviendas en la zona sur Kirkland y eché la puerta abajo de una patada. Vi a mi padre y a esa zorra desnudos follando, iba a ser último momento placentero de su vida. Descargue mi arma contra sus cuerpos, conté 15 disparos de los que 12 impactaron en sus cuerpos. La venganza era mía. Salí corriendo de allí y volví a mi casa, encontré a mi madre dormida y acercándome a ella la besé en la frente, nunca nos volverá a hacer daño


En estos años la banda había crecido, pasó a controlar el trafico de sustancias de todo tipo, armas, contrabando, joyas... En los anños previos a la guerra, el distrito se volvió más salvaje, comenzaron a llegar bandas de otros barrios, llegaron buscando restos de comida y armas, pero nosotros estábamos bien preparados. Liquidábamos una decena de tipos cada semana. Pasamos de ser unos 30 hermanos a casi 100, nos hicimos con medio distrito y lográbamos conseguir algo de comida de vez en cuando. Aún así mucha gente murió en el barrio, mi madre entre ellas. Murió de una extraña enfermedad venida con la guerra, ningún puto médico supo decirme que le pasaba y no pude hacer nada por ella.


Durante nuestra expansión surgió otro tipo en la banda llamado Tom “Armagedon” Fox, un hermano de un barrio vecino que pronto demostró que tenía los cojones igual de bien puestos que M. Un día nos informaron de que una banda rival, los “Black smoke” se habían apostado en un edifico abandonado del barrio. M, yo y otros 10 niggas fuimos a desalojarlos. Entramos en el edificio y nos encontramos con tipos de la policía que nos acribillaron. Yo logré escapar, pero M y los otros murieron en combate. Estaba claro, nos habían tendido una trampa. El cerdo de “Armagedon” nos había vendido, quería quedarse con la banda y toda su influencia, y con la muerte de M lo había conseguido. A partir de ese momento juré venganza, pero tuve que escapar de la ciudad y buscarme la vida, ya que la que había sido mi banda, ahora me buscaba para acabar conmigo.


Me largué con lo puesto en dirección Sur, hacia Raccoon City. Ni siquiera pude despedirme de mi madre. Sobreviví robando lo que podía en ruta en un país en el que la ley comenzaba a ser un recuerdo del pasado, llegando a duras penas a la ciudad de donde provenía mi familia. Un primo mío me acogió (otro primo marronero) y a través de él entré en otra banda/grupo de supervivientes urbanos violentos, donde desde hace poco hacía lo que mejor sé hacer. Aunque me tratan como basura por ser novato, la situación es preferible a estar solo, después de lo que había visto cruzando el país, pero el último trabajo salió mal, y ahora no sé muy bien donde me encuentro, sólo sé que hay poca luz, que me duele todo y que estoy jodido.



Buscando antigua tecnología (I)

(Resumen 15ª sesión)

Regreso a Stinkholeville:


La estancia en el hospital sirvió para afianzar lazos con Lock Garrison (entre otras trivialidades, tales como curarse balazos y quemaduras). Lock era un tipo con pinta de santurrón aunque algo impetuoso, que estaba sintiendo en su interior despertar el poder de la madre tierra, lo cual le había facilitado un puesto en el hospital por su buena mano con la medicina de campaña. Allí conocieron también a Rose, una chica con pinta de oportunista que había llegado a Raccoon City con Lock, para luego seguir caminos diferentes. Sin embargo, harta de hacer la calle, ahora buscaba alguna forma mejor de salir adelante. En cuanto los compañeros vieron su escote, fue rápidamente invitada a pasarse por el almacén y formar parte del variopinto grupo.

Conforme los miembros del grupo fueron saliendo del hospital, fueron yéndose a la su guarida en el viejo almacén a ver qué había sido de los otros. Encontraron las cosas tal como las dejaron. Geremi, Tyzan y Phyr habían cuidado el lugar, y no habían tenido visitas inesperadas. Volvían a estar como hacía unas semanas, pero con algo más de pasta en los bolsillos, pero aquello no duraría mucho, así que salieron en busca de algo que hacer. Geremi recordaba vagamente haber hablado en el mercado con un tipo que les había propuesto una especie de trabajo de carroñero de guante blanco: “nada de recoger chatarra y trastos por ahí –les había dicho- eso es para perdedores. Lo que yo busco es tecnología perfectamente funcional aún, y sólo puede encontrarse en algún refugio subterráneo protegido del P.E.M.”. De hecho, todos recordaban aquella fatídica expedición de la que sólo sacaron mordiscos, un patinete y un par de bicicletas pinchadas. Casi perdieron a Rick en aquel puto pueblo ¿Cómo se llamaba? Quizá lo mejor sería buscar al tipo ése otra vez y preguntarle otra vez qué demonios tenían que buscar. Mal comienzo...

El “patrón” no fue muy difícil de encontrar, pululaba por el mercado hablando con unos y otros, negociando dios sabe qué. Cuando se le acercaron, reconoció a Geremi y Jurgen y les preguntó qué tal iban las pesquisas. Tras una serie de rodeos, quedó patente que el grupo no había hecho ni el huevo en estas dos semanas. “Bah, ya sabía que no erais de fiar, por eso contraté a otro grupo. Ellos sí partieron en seguida. Carroñeros profesionales. Espero que no rompan mucho lo que encuentren... al menos hasta que yo le eche un vistazo. De todas formas –añadió-, si quereis sumaros a la búsqueda, mi oferta sigue en pie: el 30% del valor de lo que encontreis. Vault-Tec seguro que vendió alguno de sus productos en Stiknholeville”. Trataron en vano de sacarle un adelanto, pero dado lo incierto de los resultados de la búsqueda, el tipo no soltó nada, así que los compañeros comenzaron a buscar algunos pertrechos para la expedición. Consiguieron comprar algo de gasoil para el camión, que estaba seco, lo justo para ir y volver al pueblo, y con eso consideraron que ya llevaban todo lo necesario, así que partieron esa misma tarde. El grupo lo componían Jurgen, Tyzan, Geremi, Lock, Phyr y Rose. Albert se había largado esa misma mañana sin dar muchas explicaciones de a dónde iba, y Slayer y Rick decidieron que no tenían ganas de recibir más mordiscos.

El pueblo se encontraba a unos 30-40 Km al Noroeste de Raccoon City, por la estatal 287. La travesía se realizó sin incidentes, y llegaron al maldito pueblo entrando por el Sur, por la misma zona que la otra vez. Comparado con la ciudad, en la que siempre se ve a alguien por la calle, o al menos se pueden escuchar disparos o un motor a un par de manzanas, el pueblo era como un cementerio donde sólo se escuchaba el ruido del viento y el golpeteo del alguna puerta o ventana. Árboles secos franqueaban la calle de un barrio residencial de clase media-baja de casas unifamiliares de madera con patio alrededor. El camión avanzó por la calle hasta que vieron una casa donde podrían quedarse a pasar la noche. Inspeccionaron el inmueble no hallando muchas cosas de valor. Rose encontró un cuchillo de cocina, y Lock consiguió una cacerola en la que, invocando al espíritu de Gaia, en cuestión de segundos pudo condensar suficiente agua del ambiente como para llenarla. A continuación recogió unas cortezas de un árbol de la calle y comenzó a hervirlas en el agua para hacer una especie de sopa/infusión para servirla de cena. Mientras, los demás inspeccionaron los alrededores.

Con las últimas luces del crepúsculo, Rose descubrió un vehículo abandonado en aparente buen estado. Dio el aviso a los demás, que se acercaron con cautela, con el camión y todo, por si había que salir por pies. El vehículo era un jeep sin techo, y resultó tener las llaves puestas, para gran alegría de Geremi. El aspecto general y la marcas de arreglos aquí y allá le daban el inequívoco aspecto de “vehículo funcional postapocalíptico”, tan de moda en Raccoon City. Investigando alrededor, descubrieron una mancha negra en el suelo y un pequeño rastro que se perdía al poco. Todos coincidieron en que debía ser sangre. En un segundo examen también encontraron casquillos de bala de pequeño calibre. Lock volvió a poner su espíritu en sintonía con el de la madre Tierra, y consiguió atraer a uno de los perros salvajes de la zona (de los cuales ahora mismo no se veía ni se oía ni uno). Cuando el grupo lo vio, todos se pusieron en guardia, sin embargo el animal avanzó dócilmente hasta Lock, que le dio a oler el rastro. Al principio el perro pareció algo desorientado y bastante asustado, y comenzó a seguir el rastro en sentido contrario al que Lock esperaba, sin embargo al cabo de un poco, comenzó a seguirlo en el sentido correcto. El perro avanzó olisqueando hasta la casa de al lado, se coló en el patio y continuó el rastro hacia el interior de la casa, seguido por todo el grupo. Dentro de la casa, en el recibidor, había más restos, y un rastro algo más claro atravesaba la casa en dirección a la cocina, saliendo por la puerta trasera de nuevo al patio. Allí el perro se aproximó a la valla y pareció perder el rastro de nuevo. La valla trasera daba a una carretera, al otro lado de la cual no había casas, sino algunas naves almacén. Geremi inspeccionó el recibidor de la casa y encontró una pistola automática en un rincón. Hoy debía ser su día de suerte. Al poco, Lock sintió cómo su vínculo con el animal se rompía y el perro salió por patas de allí como alma que lleva el diablo.

La noche se les había echado encima, y con sólo la linterna de Jurgen no podrían hacer mucho, así que decidieron esperar a que amaneciera. Todos decidieron dormir en aquella misma casa, salvo Geremi y Jurgen. El primero cogió el recién adquirido todo terreno, lo guardó en un garaje a dos casas de allí, y se acomodó en él para pasar la noche. Jurgen prefirió dormir en el camión, aparcado frente a la casa. El resto prefirieron el confort y los colchones mohosos de una vivienda. Las ventanas estaban aseguradas con tablones, así que aseguraron la puerta para evitar visitas indeseadas y se echaron a dormir en la planta superior de la casa. Lock incluso encendió la chimenea, para dar un toque hogareño, cosa de agradecer con el frío que ya hacía.

Los ruidos despertaron a todo el mundo en la casa. Alguien estaba intentando desatrancar la puerta a golpes, mientras que otros se afanaban con las ventanas. Las “visitas indeseadas” no se habían hecho esperar mucho, y por los gritos debían ser varios. Se asomaron por una ventana y vieron varias siluetas de andares simiescos pululando por el patio que rodeaba la casa. Decidieron atrancar la escalera con dos armarios roperos para evitar que los asaltantes subieran y comenzar a disparar por las ventanas. Tyzan y Rose se apostaron en las ventanas delanteras, y los otros se fueron a las traseras. Lock se asomó a la suya. La luna, en cuarto creciente, había salido y con su luz se podía ver (o más bien intuir) que en el patio no había nadie. Los nervios debieron traicionar al chamán, que decidió abandonar su posición segura, y al propio grupo, y descolgarse desde la ventana. Sin embargo la caída no fue muy grácil, e hizo bastante escándalo. Oyendo eso, Phyr y Rose fueron a investigar y vieron que Lock había saltado al patio, así que decidieron hacer lo mismo. En el otro lado de la casa, se oía a Tyzan disparar y vociferar según su estilo. De momento parecía que se estaba divirtiendo.

Jurgen se despertó a tiempo de ver cómo un tipo de rostro desencajado golpeaba la ventanilla del camión intentando romperla mientras lo miraba fijamente y babeaba como un poseso. Mientras el mercenario trataba de salir de su asombro, otro de esos locos saltó sobre el capó del camión y se lio a patadas con el parabrisas. Jurgen encendió el motor y puso en marcha aquel trasto con los dos locos ésos colgados. Trató de maniobrar para quitárselos de encima, pero sin mucho éxito, así que probó a acelerar y frenar en seco, haciendo que el que tenía delante saliera despedido, justo cuando el parabrisas ya estaba resquebrajándose. El otro loco seguía rompiéndose los nudillos contra la ventanilla. Viendo al primero tirado frente al camión, Jurgen le pasó por encima, dejando el vehículo plantado sobre el despachurrado tipejo. No tuvo tiempo de alegrarse, por que el de la ventanilla consiguió romper el cristal e intentó agarrarlo con la mano, pero lo único que consiguió fue un culatazo en la boca, aún así el loco no se arredró empezó a buscar la manija para abrir la puerta. Jurgen decidió salir por la otra puerta y desde allí disparó a su enemigo, que al sentir el balazo, desistió y se perdió en la oscuridad, así que el mercenario volvió a subirse al camión y empezó a maniobrar para volver a donde estaban sus compañeros. Mientras daba la vuelta en la calle, pudo ver cómo el tipo al que acababa de disparar estaba junto al cadáver del atropellado comiéndose trozos de éste.

En algún lugar, Geremi seguía durmiendo plácidamente... aunque los disparos acabaron por despertarle. Salió del garaje y vio que el jaleo venía de dos casas más allá, así que comenzó a avanzar de patio en patio para acercarse a la acción. Se aproximó a la casa desde el lateral. Llegó a tiempo de ver cómo alguien saltaba desde una ventana trasera de la casa y caía al patio, donde otra persona le esperaba. Suposo que las cosas andaban mal en la casa y sus colegas estaban escapando por atrás. Un tipo andrajoso que trataba de arrancar el tablón de una ventana pareció percatarse de los que estaban saltando al patio, así que fue a asomarse para investigar, pero Geremi le vio las intenciones y le pegó un tiro desde el otro lado de la valla. El asaltante, herido, le lanzó sobre el negro gritando a sus compañeros “¡Aquí hay maaaás!”, y dos más de aquellos tipejos doblaron la esquina en busca de sus presas. Mientras, Rose conseguía saltar al patio y reunirse con Phyr y Lock. Aparecieron más asaltantes y se desató una mezcla de tiroteo y combate cuerpo a cuerpo a mordiscos donde hasta el propio chamán, con su aspecto frágil, acabó cargando contra sus enemigos, tratando de ayudar a Geremi, que tenía a varios encima, mientras Rose y Phyr se iban usando mutuamente como escudo humano, disparando y retrocediendo a medida que los engendros les comían terreno contra la valla. Los asaltantes atacaban a mordiscos, intentando sujetar a sus presas con sus manos desnudas, sin embargo no eran rivales para un grupo armado, ni siquiera a corta distancia, y cuando Jurgen llegó con su fusil de asalto, la cosa se decantó rápidamente. Cuando hubieron acabado con todos, oyeron cómo Tyzan se las estaba viendo en cuerpo a cuerpo con alguno de ellos que debía haber conseguido ganar la ventana y llegar hasta él. Dieron la vuelta a la casa y llegaron a tiempo de ver cómo el pandillero cogía casi en volandas al un escuálido enemigo y lo conseguía arrojar por la ventana. El tipo rodó por el alero del porche y cayó de boca en el patio, donde Jurgen le puso el pie en el cuello al ver que aún se movía. Tyzan, que no parecía muy contento de haber sido abandonado por sus compañeros en medio del combate, decidió irse a lamerse las heridas y pasar de todo el mundo.

Mientras el prisionero trataba de mordisquear la bota con la que Jurgen le pisaba la cabeza, Geremi comenzó a interrogarlo con sutiles métodos de tortura, tales como patadas en los cojones, pero lo único que consiguió sacarle es que eran un grupo numeroso, de unos treinta individuos, y que el resto de ellos vendrían en breve. Aquel individuo no parecía muy en sus cabales, sin embargo la amenaza que vinieran muchos más merecía ser tenida en cuenta, así que esta vez se establecieron turnos dobles de guardia, y trataron de dormir de nuevo, sin embargo, ya en el primer turno, Jurgen escuchó golpes y gritos en la lejanía, provenientes de los almacenes cercanos. Despertó al resto y decidieron levantar el campamento. Montaron en los vehículos y se acercaron a investigar de pasada los almacenes cercanos. Geremi iba delante con el jeep, y Phyr conducía el camión tras él. Con los faros alumbrando, el resto de la calle parecía aún más oscura. La zona de las naves ya estaba en las afueras del pueblo. A la luz de los faros, sin detenerse mucho, les pareció que el polígono se reducía a dos o tres naves, de aspecto decrépito. Se encontraban bordeando la zona por una carretera en medio de una tensa calma cuando un enorme pedrusco, proveniente de alguna margen de la carretera, cayó en medio del capó del jeep, abollándolo por completo. En el camión también se sintieron algunos golpes. Phyr no se lo pensó dos veces: comenzó a maniobrar el camión para dar la vuelta y largarse a la relativa seguridad de Raccoon City. Geremi pensó que no era mala idea e hizo lo mismo.

Llegaron a la ciudad de madrugada, y empezaron los problemas: Rose no es ciudadana legal, así que no pudo entrar al perímetro. Jurgen se quedó con ella para intentar llevársela al huerto, pero sólo consiguió “yacer a su lado” en el cómodo lecho de escombros propiciado por algún edificio abandonado de la zona. A la mañana siguiente, y habiendo dormido bastante mal, Rose decidió que si otras veces había entrado en la ciudad por las alcantarillas, esta vez podría lograrlo también. A media mañana se reunieron con el resto del grupo en el almacén y planearon su próximo paso: reabastecerse un poco y volver al pueblo a saco. Phyr se gastó todo lo que tenía en rellenar su botiquín, y Rose, que no tenía nada para gastar, trató de camelarse a Sameh para conseguir un chaleco antibalas. Entró con Sameh en su furgoneta (dejando su dignidad en la puerta) y trató de que el turco se cansara pronto, pero el tío resultó aguantar mejor que ella, y después de un polvo que se oyó por todo el mercado, consiguió una rebaja de 50 pavos en un chaleco de trescientos. Jurgen le prestó el resto. Después volvieron a buscar al tipo que les encargó la operación, al que encontraron hablando con varios carroñeros. Se quejaron de que en el pueblo había psicópatas caníbales, y perros y no sé cuántas cosas más, con lo que aquello bien valía un adelanto, pero el tipo seguía en sus trece:

-El 30% de lo que valga lo que encontréis. Si aún no habéis encontrado nada, pues entonces es el 30% de nada. -Sí que hemos encontrado ¡Sabemos dónde hay varios refugios de ésos! –protestó Lock.
-Y hemos encontrado un jeep –agregó Geremi.
-¿Ah, sí? ¿Y dónde está? Yo no veo nada.
-Está escondido.

-Pues entonces el 70% de ese coche es mío.
-Sí hombre. Eso no estaba en un refugio nuclear, así que no te corresponde participación –dijo Jurgen.
-Pues si ya habéis sacado algo, entonces no pidáis adelantos.
...

Los carroñeros, que habían comenzado a prestar atención a lo que decía el grupo, pronto se dieron cuenta de que fanfarroneaban y dejaron de hacer mucho caso, y el tipo siguió negociando con ellos. Viendo que no sacarían nada, el grupo se largó con veladas amenazas de no darle nada. Volvieron al almacén, y a primera hora del día siguiente pusieron rumbo de nuevo a Stinkholeville.

Regreso a Stinkholeville (por tercera vez):

Llegaron al pueblo sin incidentes. Habían salido temprano de Raccoon City para tener todo el día por delante y evitar en lo posible seguir allí al caer la noche. Esta vez avanzaron con el camión hasta el centro del pueblo, donde llegaron a una plaza a la que daban el ayuntamiento y la oficina de correos. Decidieron investigar el ayuntamiento.

El edificio era sólo de una planta y presentaba un aspecto desolador: todo estaba revuelto, con papeles, restos de mobiliario y material de oficina diverso tirados por el suelo. Los muebles aparecían apilados contra las ventanas, algunas de las cuales habían sido cerradas con tablones claveteados. Por el suelo se podían encontrar aquí y allá algunos casquillos de bala y cartuchos usados. La humedad y las bajas temperaturas habían hecho mella en el mobiliario, dejándolo casi todo medio podrido y a punto de desmoronarse, aunque la estructura parecía segura. En el hall encontraron algunos panfletos de propaganda de Vault-Tec con diversos modelos de refugio antibombas. Parece que la empresa había tratado de aprovechar los nuevos avances tecnológicos y el también nuevo miedo al terrorismo que había por todo el país para intentar relanzar un viejo producto: los refugios nucleares. El grupo se dispersó para buscar cada uno por su lado: Jurgen comenzó a rebuscar por el archivo del registro, mientras que Lock buscaba una entrada al sótano, sólo para descubrir que el edificio no tenía sótano. Geremi, Phyr y Rose rebuscaban cualquier cosa de utilidad. Al cabo del rato, unos tuvieron suerte y otros no: Jurgen no encontró nada en el registro, así que sacó todos los cajones de los archivadores, buscó una silla y se dispuso a pasar allí el tiempo que hiciera falta mirando papeles. Phyr estaba feliz: al examinar una vieja máquina de chocolatinas, encontró un par de snacks que parecían haber resistido bien el paso del tiempo (glub). Geremi volvió con las manos vacías, y Rose había encontrado una caja fuerte cerrada tras un cuadro en el despacho del alcalde. Mientras Jurgen seguía mirando papeles, los demás se afanaron con la caja fuerte: Rose trató de forzar la cerradura, pero con sólo un triste alambre y algunas herramientas de mecánico como instrumental, aquellos no se presentaba fácil. Cuando desistió, Phyr decidió probar suerte, pero al meter un alambre para hacer de ganzúa, lo rompió y dejó la cerradura atascada, así que Geremi optó por la solución sutil: picar la pared y sacarla entera. Aquello resultó ser más difícil de lo que parecía, y sin una buena almádena, tardaron bastante tiempo y esfuerzo en picar la pared. Hacia media tarde, Jurgen había encontrado algo: en un pueblo donde los movimientos inmobiliarios eran de poca cuantía, una congregación religiosa local llamada “Santa Iglesia del Apocalipsis” se había constituido como persona jurídica y había comprado una gran extensión de terreno en las afueras del pueblo. Quizá era algo que merecía la pena investigar, así que el mercenario dejó a los demás picando la pared afanosamente y recorrió un par de manzanas en busca del templo de la congregación.

El templo era la típica iglesia rural de madera, con una sacristía y una vivienda aledaña para el predicador. El conjunto presentaba un aspecto decrépito y deslustrado, y el interior no era mucho mejor. Con las últimas luces de la tarde, Jurgen entró en ella y estuvo buscando un rato, pero no encontró ninguna pista, así que volvió sobre sus pasos. Llegó al ayuntamiento cuando los demás estaban sacando la caja fuerte y cargándola en el jeep. Terminada la tarea, debatieron si pasar la noche allí la noche o volver a la ciudad. Todos estuvieron de acuerdo en volver a la ciudad, salvo Lock, que insistía en que aquel sitio era tan seguro como Raccoon C. Estaba decidido a pasar la noche allí solo, pero al final las lúgubres despedidas de cada uno de los otros le convencieron de que no parecía buena idea.

De vuelta en el almacén, con tranquilidad y un martillo, consiguieron abrir la caja fuerte, donde lo que encontraron fue correspondencia privada subida de tono del alcalde. Al parecer tenía una amante en otro estado. También encontraron un contrato con Vault-Tec para la construcción de un refugio modelo “Luxury” a nombre del mismo alcalde. Entre otros detalles en el contrato se especificaban el lugar de ubicación y una planimetría del refugio, que tiene tamaño de un apartamento grande y estaba “¡¡Perfectamente equipado para vivir cómodamente durante 100 años!!”

Al menos ahora tenían algo más tangible para buscar, aunque igual al alcalde no le haría mucha gracia...