Albert Fish Oswald nació en San Francisco un 30 de septiembre de 1987. Criado en el seno de una familia de clase media, hijo único de un estibador y una maestra de jardín de infancia. Con una infancia ni muy buena ni muy mala en una familia más o menos bien estructurada.Pésimo estudiante comenzó pronto a trabajar en los muelles con su padre, pero aquello era muy duro y, como tantos buenos hijos de América, ingresó en el ejército de los Estados Unidos. Sus capacidades físicas eran regulares y le costó bastante esfuerzo el campo de entrenamiento, el ejercicio físico no era de su agrado y pronto eso le granjeó pocas simpatías entre sus compañeros de la 36th División de Infantería de Texas, sin embargo para ser soldado no era tonto del todo, de modo que pronto se hizo un hueco entre el sargento Jacobsen y sus acólitos enchufados en el difícil mundo militar de los suministros; su vida diaria era cómoda y no pegaba "barrigazos" durante el día, pero la vuelta a la compañía era su particular infierno por las envidias despertadas entre sus "correligionarios". El odio fue despertando poco a poco en él y se convirtió en alguien cada vez más apagado y huraño.
Varios años de servicio le granjearon amigos y enemigos, pero pronto supo cómo putear a quien no le caía bien y cómo ayudar a quien sí, tal vez no te quitase un arresto, pero te facilitaba una botella de algo con lo que matar las penas o lograba que si el rancho del día era aun peor que de costumbre pudieses hacerte con un sabroso y americanísimo big Mac con sus patatas y todo, aun dentro del cuartel. Así poco a poco se hizo respetar por sus compañeros, a base de comprarlos, pero aunque su vida se hizo mas amena, su carácter no. En éstas estalló la GUERRA, así la llamaban todos desde la seguridad y la distancia con el conflicto, hasta que aquello se puso serio de verdad y los pepinos nucleares devastaron el país y posiblemente el resto del mundo (si es que más allá de las fronteras con México y Canadá hay algo que se pueda llamar mundo, al fin y al cabo tenemos la suerte y el honor de ser ciudadanos norteamericanos) y nos tocó pringar; el regimiento fue enviado a un apestoso agujero cerca de la frontera Norte donde docenas de tanques y soldados rusos destrozaban invariablemente las posiciones americanas cada día.
Sin embargo Mr. Fish se encontraba unos 25 Km. más al Sur, en la comodidad de un hotel desalojado y utilizado como cuartel general de la división, desde donde Jacobsen y Fish decidían quien bebía Jack Daniels y quien se jodía (si no podía pagar un buen precio) con las raciones regulares del ejercito. La vida no era mala, de hecho era próspera y para un militar en campaña, con pasta y buen material las zorras nunca faltan. En ésas estaba el soldado Fish cuando empezaron las explosiones cerca de "su hotel" y Jacobsen irrumpió en su habitación pegando berridos histéricos sobre algo así como "LOS RUSOS LOS RUSOS!!!" y con un M16 en la mano y el casco en la otra: Dios mío!! Un casco!!?? Para qué coño queremos un casco?? A empujones fue sacado de la habitación, a medio vestir y obligado por el que hasta ese momento era su "coleguita", el sargento Jacobsen. Corriendo como posesos bajaron a la calle donde nada más salir un grupo de tarados vestidos de blanco y con AK47 disparaban sobre todo cuanto se movía, especialmente si tenían barras y estrellas en la manga del uniforme y ya no reconocían a amigos de enemigos. A la carrera llegaron a una trinchera desde donde 4 ó 5 marines se hacían fuertes utilizando sobre el parapeto los cuerpos de otros marines acribillados a balazos. Por primera vez desde la instrucción Fish tenia un cacharro de esos negros en las manos, pero el entrenamiento actuó por si solo y disparaba a ráfagas cortas, nunca dos veces asomándose desde el mismo sitio. Así supo que a mas de un cabrón ruso había dado, aunque nunca supo si matado, hasta que un morterazo explotó a unos metros del parapeto, deshaciendo lo cuerpos de sus compañeros, arrojando la sangre de Jacobsen sobre el y abriéndole con una esquirla una herida desde la cara hasta la clavícula... después de eso permaneció quieto notando como la sangre de su colega se deslizaba por su cara y sobre el suelo.
Finalmente el ataque fue repelido, de milagro, y el sacado del combate y llevado a un hospital de campaña. Fue licenciado del ejercito, a estas alturas de la guerra ya se la pelaba a todos si con honores o sin ellos, y desde entonces se dedica a lo que todos: sobrevivir en esta mierda de mundo. Nunca fue la alegría de la huerta, pero la herida y lo vivido allí en el norte lo hicieron aun mas silencioso, con una forma de mirar entre irónica y cómica que es difícil de entender.
En definitiva, A. F. Oswald es un tipo silencioso, callado, con una historia detrás que no suele contar al detalle y que jamás busca pelea, pero ten por seguro que aunque se separe de ti por las buenas, en cualquier tejado puede haber un arma apuntándote.

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