Nací en 1994 en el distrito de Kirkland, Seattle. Cuando fue proyectado por la ciudad en 1950 iba a ser un barrio popular pero sería un modelo de integración en todo el estado. La realidad tiraría por el suelo las aspiraciones del gobernador McReily al haber juntado a latinos, negros y la clase baja estadounidense. Las bandas florecieron en los 70 y 80, convirtiendo el barrio en un puto gueto controlado por mafias de diferentes nacionalidades. La venta de drogas, los ajuste de cuentas, el contrabando y la corrupción fue la tónica natural hasta la hecatombe atómica.
Mis padres se mudaron al barrio cuando mi madre estaba embarazada de mi. Eran una familia humilde, venían de una pequeña ciudad del estado de Alabama. Vinieron con lo puesto, la vida les trató mal y mi padre no supo salir adelante en Alabama. Emigraron con la esperanza de ofrecer a su hijo (a mí) una oportunidad. Pero me metieron directamente en la mierda. John Parker, mi padre, pronto encontró trabajo en la ciudad, los negros solían trabajar por aquella época en las fábricas del extrarradio, llenando sus pulmones de veneno a cambio de un puñado de pavos para pagar un alquiler de un piso de 1 habitación en Kirkland. Mi madre, Mary, se dedicaba a cuidarme hasta que cumplí 5 años y me metió en la escuela. Se puso a trabajar limpiando las casas de los ricos de la ciudad. Mientras que mi padre se dio al alcohol, las drogas y las putas, mi madre tenía que aguantar sus maltratos y sus resacas. Desde que empezó a beber la casa fue un infierno, quizás se había impregnado de lo que había de puertas para afuera...
Con solo 12 años entre en la banda de mi primo M. “Slasher” Parker que se habían venido al barrio en el 2000 con las mismas esperanzas que mis padres, pero su destino estaba marcado antes de bajar del autobús. M. era un tipo del que había que cuidarse, tenía la astucia de un gato y la mala leche de mi padre cuando bebía. Con una personalidad apabullante y un carácter agresivo pronto se hizo con una pequeña banda del barrio de Twin Pines, donde vivíamos. Era un barrio pequeño dentro del distrito, pero la violencia se sentía en cada adoquín que formaba la calle. Desde que entré en la banda de los “Slashers” dejé a un lado el colegio, me eduqué en la calle, y comprendí que el sitio de unos deshederados como nosotros estaba allí. En un principio no hacíamos gran cosa, la banda se dedicaba a “controlar” el barrio. Que no entrara la mierda, controlar la buena práctica de la venta de drogas y evitar que la policía cometiera abusos contra los vecinos. Éramos los reyes del barrio.
Cuando cumplí los
En estos años la banda había crecido, pasó a controlar el trafico de sustancias de todo tipo, armas, contrabando, joyas... En los anños previos a la guerra, el distrito se volvió más salvaje, comenzaron a llegar bandas de otros barrios, llegaron buscando restos de comida y armas, pero nosotros estábamos bien preparados. Liquidábamos una decena de tipos cada semana. Pasamos de ser unos 30 hermanos a casi 100, nos hicimos con medio distrito y lográbamos conseguir algo de comida de vez en cuando. Aún así mucha gente murió en el barrio, mi madre entre ellas. Murió de una extraña enfermedad venida con la guerra, ningún puto médico supo decirme que le pasaba y no pude hacer nada por ella.
Durante nuestra expansión surgió otro tipo en la banda llamado Tom “Armagedon” Fox, un hermano de un barrio vecino que pronto demostró que tenía los cojones igual de bien puestos que M. Un día nos informaron de que una banda rival, los “Black smoke” se habían apostado en un edifico abandonado del barrio. M, yo y otros 10 niggas fuimos a desalojarlos. Entramos en el edificio y nos encontramos con tipos de la policía que nos acribillaron. Yo logré escapar, pero M y los otros murieron en combate. Estaba claro, nos habían tendido una trampa. El cerdo de “Armagedon” nos había vendido, quería quedarse con la banda y toda su influencia, y con la muerte de M lo había conseguido. A partir de ese momento juré venganza, pero tuve que escapar de la ciudad y buscarme la vida, ya que la que había sido mi banda, ahora me buscaba para acabar conmigo.
Me largué con lo puesto en dirección Sur, hacia Raccoon City. Ni siquiera pude despedirme de mi madre. Sobreviví robando lo que podía en ruta en un país en el que la ley comenzaba a ser un recuerdo del pasado, llegando a duras penas a la ciudad de donde provenía mi familia. Un primo mío me acogió (otro primo marronero) y a través de él entré en otra banda/grupo de supervivientes urbanos violentos, donde desde hace poco hacía lo que mejor sé hacer. Aunque me tratan como basura por ser novato, la situación es preferible a estar solo, después de lo que había visto cruzando el país, pero el último trabajo salió mal, y ahora no sé muy bien donde me encuentro, sólo sé que hay poca luz, que me duele todo y que estoy jodido.
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