lunes 31 de agosto de 2009

Buscando antigua tecnología (I)

(Resumen 15ª sesión)

Regreso a Stinkholeville:


La estancia en el hospital sirvió para afianzar lazos con Lock Garrison (entre otras trivialidades, tales como curarse balazos y quemaduras). Lock era un tipo con pinta de santurrón aunque algo impetuoso, que estaba sintiendo en su interior despertar el poder de la madre tierra, lo cual le había facilitado un puesto en el hospital por su buena mano con la medicina de campaña. Allí conocieron también a Rose, una chica con pinta de oportunista que había llegado a Raccoon City con Lock, para luego seguir caminos diferentes. Sin embargo, harta de hacer la calle, ahora buscaba alguna forma mejor de salir adelante. En cuanto los compañeros vieron su escote, fue rápidamente invitada a pasarse por el almacén y formar parte del variopinto grupo.

Conforme los miembros del grupo fueron saliendo del hospital, fueron yéndose a la su guarida en el viejo almacén a ver qué había sido de los otros. Encontraron las cosas tal como las dejaron. Geremi, Tyzan y Phyr habían cuidado el lugar, y no habían tenido visitas inesperadas. Volvían a estar como hacía unas semanas, pero con algo más de pasta en los bolsillos, pero aquello no duraría mucho, así que salieron en busca de algo que hacer. Geremi recordaba vagamente haber hablado en el mercado con un tipo que les había propuesto una especie de trabajo de carroñero de guante blanco: “nada de recoger chatarra y trastos por ahí –les había dicho- eso es para perdedores. Lo que yo busco es tecnología perfectamente funcional aún, y sólo puede encontrarse en algún refugio subterráneo protegido del P.E.M.”. De hecho, todos recordaban aquella fatídica expedición de la que sólo sacaron mordiscos, un patinete y un par de bicicletas pinchadas. Casi perdieron a Rick en aquel puto pueblo ¿Cómo se llamaba? Quizá lo mejor sería buscar al tipo ése otra vez y preguntarle otra vez qué demonios tenían que buscar. Mal comienzo...

El “patrón” no fue muy difícil de encontrar, pululaba por el mercado hablando con unos y otros, negociando dios sabe qué. Cuando se le acercaron, reconoció a Geremi y Jurgen y les preguntó qué tal iban las pesquisas. Tras una serie de rodeos, quedó patente que el grupo no había hecho ni el huevo en estas dos semanas. “Bah, ya sabía que no erais de fiar, por eso contraté a otro grupo. Ellos sí partieron en seguida. Carroñeros profesionales. Espero que no rompan mucho lo que encuentren... al menos hasta que yo le eche un vistazo. De todas formas –añadió-, si quereis sumaros a la búsqueda, mi oferta sigue en pie: el 30% del valor de lo que encontreis. Vault-Tec seguro que vendió alguno de sus productos en Stiknholeville”. Trataron en vano de sacarle un adelanto, pero dado lo incierto de los resultados de la búsqueda, el tipo no soltó nada, así que los compañeros comenzaron a buscar algunos pertrechos para la expedición. Consiguieron comprar algo de gasoil para el camión, que estaba seco, lo justo para ir y volver al pueblo, y con eso consideraron que ya llevaban todo lo necesario, así que partieron esa misma tarde. El grupo lo componían Jurgen, Tyzan, Geremi, Lock, Phyr y Rose. Albert se había largado esa misma mañana sin dar muchas explicaciones de a dónde iba, y Slayer y Rick decidieron que no tenían ganas de recibir más mordiscos.

El pueblo se encontraba a unos 30-40 Km al Noroeste de Raccoon City, por la estatal 287. La travesía se realizó sin incidentes, y llegaron al maldito pueblo entrando por el Sur, por la misma zona que la otra vez. Comparado con la ciudad, en la que siempre se ve a alguien por la calle, o al menos se pueden escuchar disparos o un motor a un par de manzanas, el pueblo era como un cementerio donde sólo se escuchaba el ruido del viento y el golpeteo del alguna puerta o ventana. Árboles secos franqueaban la calle de un barrio residencial de clase media-baja de casas unifamiliares de madera con patio alrededor. El camión avanzó por la calle hasta que vieron una casa donde podrían quedarse a pasar la noche. Inspeccionaron el inmueble no hallando muchas cosas de valor. Rose encontró un cuchillo de cocina, y Lock consiguió una cacerola en la que, invocando al espíritu de Gaia, en cuestión de segundos pudo condensar suficiente agua del ambiente como para llenarla. A continuación recogió unas cortezas de un árbol de la calle y comenzó a hervirlas en el agua para hacer una especie de sopa/infusión para servirla de cena. Mientras, los demás inspeccionaron los alrededores.

Con las últimas luces del crepúsculo, Rose descubrió un vehículo abandonado en aparente buen estado. Dio el aviso a los demás, que se acercaron con cautela, con el camión y todo, por si había que salir por pies. El vehículo era un jeep sin techo, y resultó tener las llaves puestas, para gran alegría de Geremi. El aspecto general y la marcas de arreglos aquí y allá le daban el inequívoco aspecto de “vehículo funcional postapocalíptico”, tan de moda en Raccoon City. Investigando alrededor, descubrieron una mancha negra en el suelo y un pequeño rastro que se perdía al poco. Todos coincidieron en que debía ser sangre. En un segundo examen también encontraron casquillos de bala de pequeño calibre. Lock volvió a poner su espíritu en sintonía con el de la madre Tierra, y consiguió atraer a uno de los perros salvajes de la zona (de los cuales ahora mismo no se veía ni se oía ni uno). Cuando el grupo lo vio, todos se pusieron en guardia, sin embargo el animal avanzó dócilmente hasta Lock, que le dio a oler el rastro. Al principio el perro pareció algo desorientado y bastante asustado, y comenzó a seguir el rastro en sentido contrario al que Lock esperaba, sin embargo al cabo de un poco, comenzó a seguirlo en el sentido correcto. El perro avanzó olisqueando hasta la casa de al lado, se coló en el patio y continuó el rastro hacia el interior de la casa, seguido por todo el grupo. Dentro de la casa, en el recibidor, había más restos, y un rastro algo más claro atravesaba la casa en dirección a la cocina, saliendo por la puerta trasera de nuevo al patio. Allí el perro se aproximó a la valla y pareció perder el rastro de nuevo. La valla trasera daba a una carretera, al otro lado de la cual no había casas, sino algunas naves almacén. Geremi inspeccionó el recibidor de la casa y encontró una pistola automática en un rincón. Hoy debía ser su día de suerte. Al poco, Lock sintió cómo su vínculo con el animal se rompía y el perro salió por patas de allí como alma que lleva el diablo.

La noche se les había echado encima, y con sólo la linterna de Jurgen no podrían hacer mucho, así que decidieron esperar a que amaneciera. Todos decidieron dormir en aquella misma casa, salvo Geremi y Jurgen. El primero cogió el recién adquirido todo terreno, lo guardó en un garaje a dos casas de allí, y se acomodó en él para pasar la noche. Jurgen prefirió dormir en el camión, aparcado frente a la casa. El resto prefirieron el confort y los colchones mohosos de una vivienda. Las ventanas estaban aseguradas con tablones, así que aseguraron la puerta para evitar visitas indeseadas y se echaron a dormir en la planta superior de la casa. Lock incluso encendió la chimenea, para dar un toque hogareño, cosa de agradecer con el frío que ya hacía.

Los ruidos despertaron a todo el mundo en la casa. Alguien estaba intentando desatrancar la puerta a golpes, mientras que otros se afanaban con las ventanas. Las “visitas indeseadas” no se habían hecho esperar mucho, y por los gritos debían ser varios. Se asomaron por una ventana y vieron varias siluetas de andares simiescos pululando por el patio que rodeaba la casa. Decidieron atrancar la escalera con dos armarios roperos para evitar que los asaltantes subieran y comenzar a disparar por las ventanas. Tyzan y Rose se apostaron en las ventanas delanteras, y los otros se fueron a las traseras. Lock se asomó a la suya. La luna, en cuarto creciente, había salido y con su luz se podía ver (o más bien intuir) que en el patio no había nadie. Los nervios debieron traicionar al chamán, que decidió abandonar su posición segura, y al propio grupo, y descolgarse desde la ventana. Sin embargo la caída no fue muy grácil, e hizo bastante escándalo. Oyendo eso, Phyr y Rose fueron a investigar y vieron que Lock había saltado al patio, así que decidieron hacer lo mismo. En el otro lado de la casa, se oía a Tyzan disparar y vociferar según su estilo. De momento parecía que se estaba divirtiendo.

Jurgen se despertó a tiempo de ver cómo un tipo de rostro desencajado golpeaba la ventanilla del camión intentando romperla mientras lo miraba fijamente y babeaba como un poseso. Mientras el mercenario trataba de salir de su asombro, otro de esos locos saltó sobre el capó del camión y se lio a patadas con el parabrisas. Jurgen encendió el motor y puso en marcha aquel trasto con los dos locos ésos colgados. Trató de maniobrar para quitárselos de encima, pero sin mucho éxito, así que probó a acelerar y frenar en seco, haciendo que el que tenía delante saliera despedido, justo cuando el parabrisas ya estaba resquebrajándose. El otro loco seguía rompiéndose los nudillos contra la ventanilla. Viendo al primero tirado frente al camión, Jurgen le pasó por encima, dejando el vehículo plantado sobre el despachurrado tipejo. No tuvo tiempo de alegrarse, por que el de la ventanilla consiguió romper el cristal e intentó agarrarlo con la mano, pero lo único que consiguió fue un culatazo en la boca, aún así el loco no se arredró empezó a buscar la manija para abrir la puerta. Jurgen decidió salir por la otra puerta y desde allí disparó a su enemigo, que al sentir el balazo, desistió y se perdió en la oscuridad, así que el mercenario volvió a subirse al camión y empezó a maniobrar para volver a donde estaban sus compañeros. Mientras daba la vuelta en la calle, pudo ver cómo el tipo al que acababa de disparar estaba junto al cadáver del atropellado comiéndose trozos de éste.

En algún lugar, Geremi seguía durmiendo plácidamente... aunque los disparos acabaron por despertarle. Salió del garaje y vio que el jaleo venía de dos casas más allá, así que comenzó a avanzar de patio en patio para acercarse a la acción. Se aproximó a la casa desde el lateral. Llegó a tiempo de ver cómo alguien saltaba desde una ventana trasera de la casa y caía al patio, donde otra persona le esperaba. Suposo que las cosas andaban mal en la casa y sus colegas estaban escapando por atrás. Un tipo andrajoso que trataba de arrancar el tablón de una ventana pareció percatarse de los que estaban saltando al patio, así que fue a asomarse para investigar, pero Geremi le vio las intenciones y le pegó un tiro desde el otro lado de la valla. El asaltante, herido, le lanzó sobre el negro gritando a sus compañeros “¡Aquí hay maaaás!”, y dos más de aquellos tipejos doblaron la esquina en busca de sus presas. Mientras, Rose conseguía saltar al patio y reunirse con Phyr y Lock. Aparecieron más asaltantes y se desató una mezcla de tiroteo y combate cuerpo a cuerpo a mordiscos donde hasta el propio chamán, con su aspecto frágil, acabó cargando contra sus enemigos, tratando de ayudar a Geremi, que tenía a varios encima, mientras Rose y Phyr se iban usando mutuamente como escudo humano, disparando y retrocediendo a medida que los engendros les comían terreno contra la valla. Los asaltantes atacaban a mordiscos, intentando sujetar a sus presas con sus manos desnudas, sin embargo no eran rivales para un grupo armado, ni siquiera a corta distancia, y cuando Jurgen llegó con su fusil de asalto, la cosa se decantó rápidamente. Cuando hubieron acabado con todos, oyeron cómo Tyzan se las estaba viendo en cuerpo a cuerpo con alguno de ellos que debía haber conseguido ganar la ventana y llegar hasta él. Dieron la vuelta a la casa y llegaron a tiempo de ver cómo el pandillero cogía casi en volandas al un escuálido enemigo y lo conseguía arrojar por la ventana. El tipo rodó por el alero del porche y cayó de boca en el patio, donde Jurgen le puso el pie en el cuello al ver que aún se movía. Tyzan, que no parecía muy contento de haber sido abandonado por sus compañeros en medio del combate, decidió irse a lamerse las heridas y pasar de todo el mundo.

Mientras el prisionero trataba de mordisquear la bota con la que Jurgen le pisaba la cabeza, Geremi comenzó a interrogarlo con sutiles métodos de tortura, tales como patadas en los cojones, pero lo único que consiguió sacarle es que eran un grupo numeroso, de unos treinta individuos, y que el resto de ellos vendrían en breve. Aquel individuo no parecía muy en sus cabales, sin embargo la amenaza que vinieran muchos más merecía ser tenida en cuenta, así que esta vez se establecieron turnos dobles de guardia, y trataron de dormir de nuevo, sin embargo, ya en el primer turno, Jurgen escuchó golpes y gritos en la lejanía, provenientes de los almacenes cercanos. Despertó al resto y decidieron levantar el campamento. Montaron en los vehículos y se acercaron a investigar de pasada los almacenes cercanos. Geremi iba delante con el jeep, y Phyr conducía el camión tras él. Con los faros alumbrando, el resto de la calle parecía aún más oscura. La zona de las naves ya estaba en las afueras del pueblo. A la luz de los faros, sin detenerse mucho, les pareció que el polígono se reducía a dos o tres naves, de aspecto decrépito. Se encontraban bordeando la zona por una carretera en medio de una tensa calma cuando un enorme pedrusco, proveniente de alguna margen de la carretera, cayó en medio del capó del jeep, abollándolo por completo. En el camión también se sintieron algunos golpes. Phyr no se lo pensó dos veces: comenzó a maniobrar el camión para dar la vuelta y largarse a la relativa seguridad de Raccoon City. Geremi pensó que no era mala idea e hizo lo mismo.

Llegaron a la ciudad de madrugada, y empezaron los problemas: Rose no es ciudadana legal, así que no pudo entrar al perímetro. Jurgen se quedó con ella para intentar llevársela al huerto, pero sólo consiguió “yacer a su lado” en el cómodo lecho de escombros propiciado por algún edificio abandonado de la zona. A la mañana siguiente, y habiendo dormido bastante mal, Rose decidió que si otras veces había entrado en la ciudad por las alcantarillas, esta vez podría lograrlo también. A media mañana se reunieron con el resto del grupo en el almacén y planearon su próximo paso: reabastecerse un poco y volver al pueblo a saco. Phyr se gastó todo lo que tenía en rellenar su botiquín, y Rose, que no tenía nada para gastar, trató de camelarse a Sameh para conseguir un chaleco antibalas. Entró con Sameh en su furgoneta (dejando su dignidad en la puerta) y trató de que el turco se cansara pronto, pero el tío resultó aguantar mejor que ella, y después de un polvo que se oyó por todo el mercado, consiguió una rebaja de 50 pavos en un chaleco de trescientos. Jurgen le prestó el resto. Después volvieron a buscar al tipo que les encargó la operación, al que encontraron hablando con varios carroñeros. Se quejaron de que en el pueblo había psicópatas caníbales, y perros y no sé cuántas cosas más, con lo que aquello bien valía un adelanto, pero el tipo seguía en sus trece:

-El 30% de lo que valga lo que encontréis. Si aún no habéis encontrado nada, pues entonces es el 30% de nada. -Sí que hemos encontrado ¡Sabemos dónde hay varios refugios de ésos! –protestó Lock.
-Y hemos encontrado un jeep –agregó Geremi.
-¿Ah, sí? ¿Y dónde está? Yo no veo nada.
-Está escondido.

-Pues entonces el 70% de ese coche es mío.
-Sí hombre. Eso no estaba en un refugio nuclear, así que no te corresponde participación –dijo Jurgen.
-Pues si ya habéis sacado algo, entonces no pidáis adelantos.
...

Los carroñeros, que habían comenzado a prestar atención a lo que decía el grupo, pronto se dieron cuenta de que fanfarroneaban y dejaron de hacer mucho caso, y el tipo siguió negociando con ellos. Viendo que no sacarían nada, el grupo se largó con veladas amenazas de no darle nada. Volvieron al almacén, y a primera hora del día siguiente pusieron rumbo de nuevo a Stinkholeville.

Regreso a Stinkholeville (por tercera vez):

Llegaron al pueblo sin incidentes. Habían salido temprano de Raccoon City para tener todo el día por delante y evitar en lo posible seguir allí al caer la noche. Esta vez avanzaron con el camión hasta el centro del pueblo, donde llegaron a una plaza a la que daban el ayuntamiento y la oficina de correos. Decidieron investigar el ayuntamiento.

El edificio era sólo de una planta y presentaba un aspecto desolador: todo estaba revuelto, con papeles, restos de mobiliario y material de oficina diverso tirados por el suelo. Los muebles aparecían apilados contra las ventanas, algunas de las cuales habían sido cerradas con tablones claveteados. Por el suelo se podían encontrar aquí y allá algunos casquillos de bala y cartuchos usados. La humedad y las bajas temperaturas habían hecho mella en el mobiliario, dejándolo casi todo medio podrido y a punto de desmoronarse, aunque la estructura parecía segura. En el hall encontraron algunos panfletos de propaganda de Vault-Tec con diversos modelos de refugio antibombas. Parece que la empresa había tratado de aprovechar los nuevos avances tecnológicos y el también nuevo miedo al terrorismo que había por todo el país para intentar relanzar un viejo producto: los refugios nucleares. El grupo se dispersó para buscar cada uno por su lado: Jurgen comenzó a rebuscar por el archivo del registro, mientras que Lock buscaba una entrada al sótano, sólo para descubrir que el edificio no tenía sótano. Geremi, Phyr y Rose rebuscaban cualquier cosa de utilidad. Al cabo del rato, unos tuvieron suerte y otros no: Jurgen no encontró nada en el registro, así que sacó todos los cajones de los archivadores, buscó una silla y se dispuso a pasar allí el tiempo que hiciera falta mirando papeles. Phyr estaba feliz: al examinar una vieja máquina de chocolatinas, encontró un par de snacks que parecían haber resistido bien el paso del tiempo (glub). Geremi volvió con las manos vacías, y Rose había encontrado una caja fuerte cerrada tras un cuadro en el despacho del alcalde. Mientras Jurgen seguía mirando papeles, los demás se afanaron con la caja fuerte: Rose trató de forzar la cerradura, pero con sólo un triste alambre y algunas herramientas de mecánico como instrumental, aquellos no se presentaba fácil. Cuando desistió, Phyr decidió probar suerte, pero al meter un alambre para hacer de ganzúa, lo rompió y dejó la cerradura atascada, así que Geremi optó por la solución sutil: picar la pared y sacarla entera. Aquello resultó ser más difícil de lo que parecía, y sin una buena almádena, tardaron bastante tiempo y esfuerzo en picar la pared. Hacia media tarde, Jurgen había encontrado algo: en un pueblo donde los movimientos inmobiliarios eran de poca cuantía, una congregación religiosa local llamada “Santa Iglesia del Apocalipsis” se había constituido como persona jurídica y había comprado una gran extensión de terreno en las afueras del pueblo. Quizá era algo que merecía la pena investigar, así que el mercenario dejó a los demás picando la pared afanosamente y recorrió un par de manzanas en busca del templo de la congregación.

El templo era la típica iglesia rural de madera, con una sacristía y una vivienda aledaña para el predicador. El conjunto presentaba un aspecto decrépito y deslustrado, y el interior no era mucho mejor. Con las últimas luces de la tarde, Jurgen entró en ella y estuvo buscando un rato, pero no encontró ninguna pista, así que volvió sobre sus pasos. Llegó al ayuntamiento cuando los demás estaban sacando la caja fuerte y cargándola en el jeep. Terminada la tarea, debatieron si pasar la noche allí la noche o volver a la ciudad. Todos estuvieron de acuerdo en volver a la ciudad, salvo Lock, que insistía en que aquel sitio era tan seguro como Raccoon C. Estaba decidido a pasar la noche allí solo, pero al final las lúgubres despedidas de cada uno de los otros le convencieron de que no parecía buena idea.

De vuelta en el almacén, con tranquilidad y un martillo, consiguieron abrir la caja fuerte, donde lo que encontraron fue correspondencia privada subida de tono del alcalde. Al parecer tenía una amante en otro estado. También encontraron un contrato con Vault-Tec para la construcción de un refugio modelo “Luxury” a nombre del mismo alcalde. Entre otros detalles en el contrato se especificaban el lugar de ubicación y una planimetría del refugio, que tiene tamaño de un apartamento grande y estaba “¡¡Perfectamente equipado para vivir cómodamente durante 100 años!!”

Al menos ahora tenían algo más tangible para buscar, aunque igual al alcalde no le haría mucha gracia...