lunes 14 de septiembre de 2009

Rick Valley

Rick Valley era un tipo austero, ceñudo, de complexión atlética. Nunca había tenido grandes aspiraciones, a excepción de los coches; se emocionó tanto con su primer coche de juguete cuando era niño, que durante un año no tocó un solo juguete más. Su padre, un mecánico siempre borracho y malhablado, se murió cuando él tenía dieciséis años dejándole su taller y unos pocos consejos anticuados sobre la vida. Rick no necesitaba más. Se pasó los siguientes cuatro años trabajando el oficio, hasta que cayeron las bombas; por suerte cayeron en las grandes urbes... ¿quién iba a querer tirar una bomba en el rincón más maloliente del desierto de Texas, en el puto culo de América? Rick tenía la sensación de que tras aquellos acontecimientos, no iba a haber mucha gente interesada en pasar por el desierto a que les hiciese alguna chapuza en el motor, así que cogió su mejor moto, y puso rumbo al Norte.

Durante meses vagó por los despojos de la patria, haciendo algún arreglillo por aquí y por allá a cambio de un poco de gasolina y comida. Tuvo que aprender a manejar un arma; no era precisamente Billy el Niño, pero se defendía. Tras un tiempo deambulando, se asoció con unos tipos igual de dicharacheros y emprendedores que él... al principio no es que Rick disfrutase de la compañía de estos carroñeros de segunda, pero juntos tenían más posibilidades de sobrevivir. Sin embargo, con el paso del tiempo, se fue forjando un lazo de amistad inquebrantable entre los cinco, y a cada incursión se sentían más unidos. Un buen día, les llegaron rumores de una gran ciudad llamada Raccoon City, donde el ejército de los Estados Unidos de América aún medraba, y se daba asilo y patrocinio a escoria como ellos, a cambio de una parte del botín. Esto sonó como música a los oídos del grupo, que sabía que mientras más incursiones hacían en los yermos por su cuenta, más se ponían las posibilidades en su contra. Éste fue su peor error.
Nada más llegar a Raccoon City quedaron extasiados. No habían visto tal despliegue de civilización en años... entraron corriendo al mercado como niños, y lo primero que decidieron fue darse un tremendo festín. Un tipo de aspecto siniestro les vendió un saco de carne de cerdo, y tras buscar un poco se acomodaron en un edificio en ruinas. Rick, de poco apetito por las úlceras que le había procurado la dieta de su padre en la que todo llevaba chile, hoy tenía aún menos, así que no probó bocado. Los otros cuatro se saciaron como puercos, y la carne no debía estar en muy buen estado, porque al momento estaban panza arriba como cucarachas envenenadas. A Rick esto le sentó fatal, aunque no tanto como a ellos. Juró venganza por sus compañeros muertos, y como tampoco tenía nada mejor que hacer, decidió investigar el origen de la carne. Se encontró conque la carne provenía de una franquicia sumergida de carne humana llamada MarkDonald's, encabezada por un nigromante comando y un carroñero psicópata. Al parecer, el carroñero no había dejado ni rastro, pero el nigromante, un tal Donald D. Hernández, tenía una propiedad en las afueras. Decidió investigar ese antro-mansión, y lo que vio le hubiera revuelto las tripas si ese no fuera el estado natural de sus entrañas. En el sótano, colgando de garfios oxidados, se salaban jamones humanos mientras que el suelo estaba teñido de rojo de varias capas de costra sanguinolenta y trozos de pellejo. Al ver que no estaba allí, Rick indagó un poco dentro del perímetro, y se enteró, por medio de un ladrón traicionero, de que por ahí tenía un almacén que frecuentaba mucho más.
Rick se fue al almacén, descubrió que se podía colar por un muro medio mal hecho empujando un par de ladrillos, y se sentó en la puerta con su pistola a esperar a que entrase el hijo puta del nigromante.

2 comentarios:

Carlos dijo...

Como mola la historia de mi PJ :D

Lim-Dul dijo...

Aunque sea por que la has escrito tú xD Ahora a ver si lo desempolvas... y a ver si yo puedo dirigir :(