El sargento Jacobsen
Desde que el sargento de instrucción Joseph Jacobsen se enteró de que Albert estaba en la ciudad, pensó que debía hacerle una visita algún día, aunque no esperaba que fuera para pedirle un favor, sin embargo no conocía a nadie de confianza en Raccoon City. Ni siquiera sabía si Albert habría cambiado mucho. En estos años había visto a gente de férrea lealtad convertirse en ratas traidoras. Esperaba que no fuera el caso de Albert… necesitaba que no lo fuera.
Deambuló bajo el aguanieve por el viejo polígono, almacén tras almacén, nave tras nave, buscando signos de actividad en alguno de ellos.
Envuelto en una manta, con su marcada cojera, podía parecer una presa fácil… lo cual le daría ventaja si había problemas. En los últimos años había visto y pasado de todo, y después de eso, no esperaba que
ningún oportunista de Raccoon City fuera a suponer una gran amenaza. Aún así, se mantenía tan alerta como podía.
Al fin encontró lo que buscaba. Una nave con un boquete mal tapiado en un lateral. Algunas huellas tenues de neumáticos iban y venían de su puerta principal. Pegó la oreja y distinguió voces, aunque ninguna conocida. Se armó de valor y llamó a la puerta.
“¿Quién es?” -Se oyó desde dentro-
-¿Albert Fish?
Tras una silenciosa espera, alguien abrió una rendija en la puerta… luego se abrió más y una cara conocida de sorpresa apareció frente a él. Al menos le había encontrado, pero ésa era la parte fácil.
Reencuentro:
Albert sólo llevaba un par de semanas llevando una vida más o menos honrada, intentando enseñar a los milicianos a coger un rifle, cuando en el parte militar de “Buscados” de Raccoon City vio unos nombres que le sonaban bastante. Tanto, que decidió pasarse por el almacén para avisarles y de paso enterarse de qué coño habían hecho esta vez.
Se presentó allí a primera hora de la mañana, y encontró a Tyzan, Geremi y Slayer haraganeando, para variar, calentándose alrededor de un bidón donde ardían unos maderos. De los que había ido a buscar sólo estaba Slayer, y por él se enteró de por qué los buscaban a él y al resto. Sólo a ellos se les ocurre registrarse en una expedición como mercenarios, matar a su patrón y desaparecer. Aún estaba Slayer argumentando algo acerca de matar a los patrones explotadores cuando llamaron a la puerta. Todos prepararon las armas, y al preguntar quién era, alguien al otro lado preguntó por Albert. Éste se acercó cautelosamente a la puerta. Abrió una rendija y vio a un tipo envuelto en una manta, luego la abrió casi entera, y exclamó:
¡Pero… lo último que vi de ti era que tu sangre me caía por la cara!
-Y yo lo último que vi fue una explosión… ¿Puedo pasar a calentarme?
-Creí que habías muerto.
-Y yo. -dijo mostrando medio torso convertido en una enorme cicatriz, desde el pecho hasta la pierna izquierda- Ha pasado mucho tiempo desde aquello. Me alegra volver a verte.
Tras las presentaciones oportunas, y ante la suspicacia del resto, el tipo fue cacheado. Sólo llevaba su pistola reglamentaria, como soldado que era. Cuando pudo sentarse tranquilamente, Joseph explicó el motivo que le llevó allí: después de pasarse meses en el hospital, le dieron una inútil medalla al valor, fue licenciado y pasó a la reserva. Volvió a su casa buscando a su hermana pequeña, Danah. La encontró malviviendo con un grupo de refugiados por los alrededores del pueblo. La sacó de allí y vinieron a Raccoon City, donde pensó que podría obtener algún tipo de trabajo ahora que el ejército había tomado la ciudad. A duras penas, él consiguió la ciudadanía como oficial de instrucción, pero no había nada para ella. Sin ningún tipo de cualificación profesional, una niña de aún 17 años resultaba inútil en aquella ciudad, así que Joseph se acondicionó un apartamento, consiguió meterla ilegalmente en la ciudad y la escondió allí. Con las raciones diarias, y tirando del mercado negro, había comida para ambos. Sin embargo los jóvenes son inquietos. Él pasaba todo el día fuera de casa, en el cuartel de instrucción, y ella comenzó a conocer gente por el barrio, gente a los que Joseph no confiaría ni medio dólar para que se lo cuidaran. A veces, ella llegaba a casa con algo de dinero, pero lo normal era que le pidiera. Cada vez que la intentaba convencer de buscar algún tipo de trabajo, aun como ilegal, acaban discutiendo. Últimamente tenía peor aspecto, estaba más demacrada e irascible. Cuando ella le dijo que tenía un amigo, Freddy, que le iba a conseguir trabajo sirviendo mesas en un garito, Joseph se esperanzó, pero una noche Danah no volvió a casa a dormir. Su hermano la estuvo buscando por el barrio, pero no encontró nada. Una noche a la intemperie en Raccoon City… una chica de 17 años… lo sensato habría sido darla por muerta, pero no podía hacerlo, era cuanto le quedaba. Oficialmente, la chica no existía, y como soldado, si alguien se enteraba de lo que había hecho los echarían a los dos de la ciudad. Metido en este lío, y sin nadie en quien confiar, sólo pudo tirar de un viejo conocido: Albert.
Tras tan conmovedora historia, Slayer se había dormido, y Geremi lo único que preguntó fue "¿Y qué sacamos de esto?"Albert fue el único que sintió la obligación de ayudar a un viejo amigo. Ya le devolvería el favor de alguna forma. Con la palabra de Albert de que la buscarían, el sargento Jacobsen salió de allí rumbo a su trabajo, bastante abatido.
Freddy:
Lo que tenía el grupo para empezar era poca cosa: la dirección donde vivía Joseph y un nombre: Freddy, que parece ser que tenía un bar, donde seguro que estaba empleando a Danah de prostituta. El plan, a priori, era de una complejidad extrema: localizar el bar, hartar de plomo a Freddy, buscar a una chica delgada y pelirroja de unos 17 años y salir por patas con ella. Se acercaron a echar un vistazo en el piso de Jacobsen en busca de alguna pista del paradero de la chica. El sargento había conseguido adecentar un apartamento en una zona donde vivían obreros y otros tipos de trabajadores que contribuían a la reconstrucción de la ciudad, afortunados que consiguieron su condición de ciudadano en cuanto demostraron que sabían levantar un tabique derecho. Un barrio bastante tranquilo en general, cercano a donde vivía el viejo chamán y su séquito. La puerta del apartamento de Joseph estaba abierta; el soldado no tenía nada que guardar. Entraron e hicieron un somero registro por las escasas cosas de la chica pero aparte de algo de ropa no había ninguna pista. Luego preguntaron por la zona por el garito de Freddy, pero a nadie le sonaba. Al final, recurrieron a un conocido de Tyzan, un yonki que vivía en un viejo garaje por allí cerca. Después de porracear un poco la puerta, apareció un tipo con cara de colgado que resultó ser Ladislao López… un yonki chicano cualquiera. Tyzan le preguntó por Freddy, y el tipo recordó haberle comprado hace tiempo algo de Met. Hacía trapicheos por una zona al oeste de allí. A falta de algo mejor que hacer, accedió a acompañarles.
A medida que las manzanas se sucedían, la atmósfera medianamente apacible del barrio de trabajadores iba volviéndose más deprimida y solitaria. Aquí y allá podía verse a gente calentándose en pequeñas hogueras o con estufas improvisadas en bidones de chapa en los bajos de los edificios. Quizá también trabajadores, pero con poca pericia más allá de cavar zanjas o cargar escombros. Mano de obra barata aspirando a una vida mejor.
El grupo caminaba por la calle sin demasiada preocupación. Una vez en la zona, López se acercó a un tipo que trataba de quitarse el frío frente a un fuego y le empezó a decir que tenía el mono y que si conocía a Freddy. El tipo, algo sorprendido, le dijo que sí, que Freddy y sus colegas solían hacer sus trapicheos en el patio central de un bloque, al final de la calle. Con algo más sólido, Albert se adelantó y empezó a preguntarle si últimamente le habían visto con una chica pelirroja, pero no supo decirle con exactitud. Parece que el tal Freddy siempre iba con alguna tipa cerca, pero no recordaba exactamente. Le preguntaron si Freddy hacía de chulo de putas o camello, y el tipo les dijo que sí, que era ambas cosas, y que había violado y matado a alguna gente en el barrio (y no necesariamente por ese orden), y que trabajaba para mafia, y que era el anticristo en persona… parecía obvio que por la zona estaban un poco hartos de su presencia. Volviéndose hacia López, el tipo le dijo: te conseguiré algo de mierda gratis si acabáis con él. Decididamente, le tenían cariño.
Siguieron calle arriba hasta llegar a un edificio donde a todas luces no había nadie. En el centro, había un patio donde unos tipos parecían estar jugando una pachanga de fútbol americano, con una cabeza humana a falta de balón. Se acercaron con cautela y vieron que eso hacían tres de ellos, mientras que otros dos preferían el béisbol: uno de ellos lanzaba una rata viva y el otro trataba de batear, con cierto éxito. Al acercarse un poco más, el juego cesó y ambos grupos se quedaron mirándose a distancia de un tiro de piedra. Les habló uno de ellos. Era el más bajito, y desde luego iba de guay.
-¿Qué buscáis?
-¿Eres Freddy?
-Sí, ¿qué queréis?
En condiciones normales, el plomo habría empezado a volar en ambas direcciones, pero Albert decidió probar suerte por las buenas. Convenció a Freddy de que buscaban una buena zorra, jovencita, lo más tierna posible, y sobre todo pelirroja, y que pagarían bien. Después de aguantar que Freddy le vacilara un poco, arregló el trato por cuatrocientos dólares (ese tipo de material se cotizaba mucho), y quedaron en volver a eso de las 20:00 con la pasta, para pasar un buen rato con el material. Ahora sólo necesitaban la pasta. Geremi opinaba que no pensaba invertir un duro, y Albert estuvo de acuerdo en que bien está ayudar a un amigo, pero no que le costara el dinero, así que fue a ver a Jacobsen y le contó el percal. El sargento se llevó las manos a la cabeza, dijo que no tenía ése dinero y que mataría al Freddy ése y que…. Albert lo calmó y dijo que lo mejor sería primero pagar. Quedaron en verse en el apartamento de Jacobsen media hora antes del trato.
Mientras, el resto del grupo consiguió algo de ayuda reclutando a un mercenario con pintas de experimentado pero en horas bajas, llamado Randy Kruger. Como siempre, con la vaga promesa de gloria y fortuna… Esperaron el resto de la tarde en el apartamento de Jacobsen hasta que por fin llegó el sargento, con pinta aún más cabizbaja y un fajo de billetes roñosos. Era mejor no saber cómo había reunido los cuatrocientos pavos. Le contaron el plan y se empeñó en ir, pero temiendo que perdiera los estribos al ver a su hermana, Albert le convenció de que se quedara allí y les diera tres horas para arreglar el asunto ellos. Antes de irse, Jacobsen encontró para ellos una vieja fotografía de él y su hermana. En ella se veía una chica pelirroja de unos trece años del brazo de su hermano, en el porche de una granja o casa de campo. Aunque bastante más joven, al menos ahora tenían una idea de los rasgos de Danah.
Salieron a la calle en casi total oscuridad, con un candil de aceite improvisado en una lata. Avanzaron hacia el punto de reunión y entraron en el patio. La única luz provenía de un cobertizo al otro lado del patio, con un bidón en el que ardía un fuego. A Randy le empezó a oler mal aquello, así que se quedó guardando la salida. El resto avanzaron hasta el cobertizo. Se asomaron por el hueco a modo de puerta, pero no había nadie. Geremi voceó “¡¿Freddy?!”, y como respuesta comenzaron a recibir disparos desde dos flancos. En efecto, era una trampa. Geremi recibió un disparo, pero López se llevó la peor parte. Mortalmente herido, se echó al suelo y se arrastró hacia la oscuridad tratando de salir de allí. Tyzan y Geremi se guarecieron en el cobertizo, y Albert se deshizo del candil y echó a correr hacia la salida, mientras Randy, oyendo el tiroteo, se deslizaba en la oscuridad tratando de atisbar la posición de los enemigos.
Cuando Albert llegó a la salida y pudo coger aire, miró hacia atrás, pero apenas veía los destellos de las armas en la oscuridad. Al menos no sonaba ningún arma automática. Geremi y Tyzan no conseguían ver a nadie con la luz del fuego, así que Geremi trató de volcar el bidón, pero se le fue la pinza y al empujarlo con las manos, se las quemó, así que le dio una patada y desparramó los rescoldos por el suelo y empezó a pisarlos mientras Tyzan disparaba a ciegas. Randy localizó a uno de los tiradores, agazapado tras un montón de escombros. Se metió en el edificio buscando cobertura y realizó un certero disparo con su 9mm que obtuvo por respuesta un grito de dolor y sorpresa.
Albert seguía sin ver nada, disparando más bien a ciegas. Guarecidos y en medio de la oscuridad, y con ambos bandos sin querer delatar sus posiciones, el fuego sobre ellos cesó y alguien desde la oscuridad les invitó con voz burlona a dejar el dinero en el cobertizo y largarse a cambio de sus vidas, pero el grupo contestó con más disparos. Al otro lado del patio, desde un rincón oscuro, Albert vio una pequeña llama que prendía en la oscuridad, y haciendo una parábola caía sobre el techo del cobertizo, convirtiéndolo en un pebetero, con Tyzan y Geremi dentro que sólo oyeron que les habían lanzado algo de vidrio. Unos instantes después, el resplandor creciente y el olor a gasolina quemada les hicieron comprender mejor que el cobertizo iba a dejar de ser seguro en poco tiempo, así que Tyzan salió por patas, atrayendo todo el fuego, y Geremi detrás. Cuando oyó los disparos, Randy se asomó y terminó el trabajo que había empezado con su anterior disparo.
Con una carrera, Tyzan y Geremi llegaron hasta la salida, donde López había conseguido llegar también arrastrándose. Su estado había empeorado mucho tras un desastroso intento de Albert de aplicarle unos primeros auxilios.
Ahora que las llamas consumían todo el cobertizo, casi medio patio estaba en penumbra, y Albert al fin consiguió avistar a uno de los tipos en la oscuridad. Apuntando con toda calma, disparó su rifle y el bulto cayó. Puede que se levantara después, pero al menos lo haría dolorido. Mientras, Randy cambió de posición: localizó unas escaleras y subió a la primera planta buscando una posición ventajosa.
Los disparos parecían haber cesado. Albert atravesó a toda velocidad un trecho del patio y llegó a un portal de viviendas, donde había unas escaleras. Comenzó a subirlas en la oscuridad buscando su posición favorita: la azotea. Cuando llegó arriba, sin apenas luz, echó un vistazo a su alrededor y le pareció que estaba despejado. Luego se asomó y escudriñó el patio buscando un blanco. En el patio no había nadie, pero vio a alguien asomando por una ventana de la primera planta, frente a él. Se apoyó en el pretil y disparó, acertando de pleno… a Randy Kruger. El disparo le dio en mitad del pecho al mercenario mientras se asomaba buscando blancos en el patio. Su chaleco absorbió la mayor parte el impacto, pero aun así quedó malherido. “Maldición –pensó-. Hay uno en la azotea”. Se tapó la herida como pudo con un jirón de su camisa y bajó a la planta baja buscando una salida a la calle.
En el pasillo de la salida, López agonizaba, y Geremi y Tyzan atisbaban escondidos tratando de detectar algún movimiento. A Tyzan le pareció oír algo, pero no se oía nada Geremi, temiéndose lo peor, fue a asomarse a la calle, pero conforme llegaba, Freddy y sus dos colegas, que habían dado la vuelta al edificio, se plantaron frente a él y abrieron fuego, pero de forma tan precipitada que fallaron miserablemente. Con un último esfuerzo, López disparó a uno de ellos y después murió. Geremi, que no podía creer que siguiera vivo, dio media vuelta y salió por patas, mientras Tyzan hacía lo mismo. Freddy y los otros les persiguieron. Justo un instante después, Randy conseguía abrirse paso y salía a la calle por una ventana. Albert, que había oído tiros en la parte de la calle, vio salir a alguien por una ventana a la calle y avanzar renqueando rumbo a la entrada del edificio. Supuso que podía ser el mismo al que disparó en la primera planta, cerca de aquella zona, pero estaba tan oscuro que prefirió no delatar su privilegiada posición con un disparo a ciegas. Se fue de nuevo a mirar al patio y vio salir a dos tipos que se metieron rápidamente por la primera ventana que pudieron. Otros dos iban detrás. Decidió disparar a estos segundos, y tumbó a uno de ellos. Al ver caer a su compañero, el otro dio media vuelta y se guareció de nuevo. Albert se imaginó que saldrían por el otro la parte de la calle y fue a cambiar de lado de nuevo. Cuando Geremi y Tyzan encontraron una ventana que daba a la calle, vieron pasar fugazmente a alguien y prefirieron no asomarse. Se trataba de Randy, que seguía avanzando renqueante sin saber que habían estado a punto de volarle la cabeza sus compañeros por tercera vez. Cuando llegaba a la entrada del edificio, vio como dos tipos salían corriendo calle abajo sin percatarse de él, así que pegó un último tiro y se puso a cubierto.
Reunido de nuevo el grupo, intentaron descansar y recapitular. Aparte de sus armas, unos pocos dólares y un par de bolsitas con unos cristales de sales, los colegas muertos de Freddy no llevaban nada más. Una de las bolsitas, Tyzan la identificó como Metanfetamina, pero la otra no sabía lo que era. Al rato llegó Jacobsen, tal como habían acordado, que se hundió en la desesperación al ver que no tenían ni a su hermana ni al tipo que sabía dónde estaba. Albert le devolvió el dinero del fallido rescate mintras Geremi, frustrado por no encontrar nada útil dentro del edificio, le increpaba que le habían tiroteado y que estaba haciendo todo esto por nada. Exigió algún tipo de pago por todo aquello pero Jacobsen, bastante hosco repitió que no tenía nada que darles. Geremi exigió el dinero del rescate como compensación, y el sargento, abatido y chantajeado se dio media vuelta dispuesto a largarse. Geremi contrariado le lanzó un disparo de advertencia, pero no consiguió nada. Quizá en el fondo Joseph prefería que lo mataran aquella noche.
Geremi se pasó el resto de la noche rebuscando por el edificio para descubrir frustrado que en aquella pocilga no había nada de valor, ni siquiera rastro de que los tipos aquellos vivieran allí.
Después de tan mala noche, Geremi y Randy tuvieron que ser ingresados, y empeñaron parte de las armas saqueadas para poder pagar la factura del hospital.
Estuvieron día y medio recuperándose y recibiendo la amable visita de Slayer, que fue a verles al hospital. Tras varios intentos infructuosos de vender algún arma sobrante Albert, indignado por que le daban demasiado poco por sus armas robadas a un cadáver, fue a hablar de buenas con Jacobsen para intentar sacar algo de pasta con la que pagar el hospital. Al fin y al cabo el favor era para él. El sargento seguía sumido en su propia desesperación, y más cuando confesó a Albert que había vendido su arma reglamentaria (que ni siquiera le pertenecía) para conseguir esos 400 pavos. En ese momento Albert se dio cuenta de lo desesperado de la situación. Al menos, Jacobsen, volvía a tener el dinero y había quedado ese medio día con el tipo para intentar recuperar su pistola.
“Maldita sea –pensó Albert- ¿Quién me mandará tener amigos?”
La búsqueda continúa: el antro de Pete
Para unos tipos duros como Randy y Geremi, el paso por el hospital para recuperarse de un par de balazos se reduce a un día y poco (maldito sistema D20…). Y a la salida les esperaban Slayer y Albert. Tyzan se había ido a llorar un poco la pérdida de su amigo el yonki.
Volvieron al escenario del día anterior, pero no había ni rastro de Freddy y sus colegas, sólo los cadáveres malolientes de los caídos (incluido el de Labislao López) así que buscaron al tipo al que preguntaron la otra noche, el cual parecía bastante contento de que Freddy hubiera desaparecido del barrio, aunque siguiera vivo en algún sitio. Empezaron a preguntarle a bocajarro sobre si se drogaba o vendía, pero no, el tipo parecía ser pobre pero honrado en ese aspecto, así que pasaron a preguntarle por el proveedor de Freddy. Tras pensarlo un rato, el tipo fue a preguntar a otro, y cuando volvió, tenía una respuesta: Freddy solía pillar la droga que vendía de un colega suyo que tenía un bar unas manzanas más al norte, un tal Pete. Sería cuestión de hacerle una visita.
El antro de Pete resultó ser un tugurio pequeño pero con una amplia oferta: bebida, putas, juegos y hasta una especie de corral a modo reñidero para darse unas hostias con los amigos …o los no tan amigos, y donde hay competición siempre se cruza alguna apuesta. Todo muy completo, bajo la atenta mirada de otro par de matones como los de la puerta, pero nada que ver con el Fight Palace, ni en cantidad ni en calidad. Entraron todos menos Albert, cuyos modos de soldado podían resultar evidentes a un buen observador. En vez de eso, Albert se quedó en la esquina antes y subió a una azotea desde donde tenía una perfecta vista de la entrada al local y los dos matones de la puerta. Los otros una vez dentro se dividieron: Geremi y Randy se acercaron al reñidero, donde dos tiparracos se estaban dando de hostias, jaleados por varios clientes, mientras Slayer se acercó a la barra, tras la que un tipo enorme con grandes bigotes y cara de pocos amigos despachaba brebajes al personal. Tras pedir por el que le sangraron 5 pavos, entró en materia y le preguntó por el precio de las chicas, en especial jóvenes y blancas. Por trescientos pavos tendría lo que quería, pero quería ver el dinero antes, y Slayer se negaba a mostrar el dinero (que no tenía ni de lejos) ante tan selecta clientela, y más sin ver el material. Al final convenció al tipo de ver a la chica y entonces pagar, pero cuando le dijo que subiera y esperara a que se la llevaran, Slayer tuvo que admitir que no tenía el dinero encima, y el camarero lo mandó a paseo, así que el negro se reunió con los otros, donde la pelea.
Habiendo escuchado la conversación, una chica se le acercó y le ofreció sus servicios, más baratos que los de las chicas bar y mejores ya que, según ella misma afirmaba, “Pete las ofrecía a sus clientes tan drogadas que era como follarse a un maniquí”, pero por 250 pavos podía tenerla a ella. Slayer meditó la proposición y, en un alarde de lucidez, decidió que en vez de eso le cobraría él a la chica 100 pavos por tirársela. Tras una carcajada, la tía lo mandó al carajo. Mientras Slayer meditaba profundamente qué había habido de erróneo en su propuesta, dos tipos con pinta de yonki estaban empezando a alborotar en la barra, hasta que uno de ellos trató de ponerle las zarpas encima al camarero, momento en el los matones del local los sacaron amablemente a la puerta y les patearon el hígado, también con mucha amabilidad. Viendo esto, el grupo supuso que podrían hacer negocio con las dos bolsitas “incautadas” a Freddy y su panda. Salieron a la puerta y Geremi comenzó a hacer negocio con los dos ruinas, que no tenían tanto dinero. Cuando les puso las sustancias delante, pasaron de la metanfetamina, la que querían era la otra, y no tenían más de cincuenta dólares. Hasta uno de ellos estaba dispuesto a matar al otro por aquella bolsita. Geremi insistió en obtener más y los yonkis, desesperados, se le echaron encima y consiguieron golpearles, pero Randy y Slayer estaban al quite y los separaron rápido. Al final convencieron a Geremi y éste se deshizo de la bolsita por esos 50 pavos, que se guardó a cara-perro.
Cuando se hubieron ido los dos “enganchaos”, los matones de la puerta se les acercaron, y con cara de rottweiler uno de ellos les dijo escuetamente “aquí sólo vende Pete”. Tras unos instantes de tensión, los matones volvieron a su puesto en la puerta, y no hubo que desenfundar allí mismo. En la calle, Albert se reunió con ellos y planearon el siguiente paso. Siendo aquello un bloque de apartamentos, y suponiendo que las chicas estaban en el piso de arriba, quizá habría una entrada desde la azotea, así que se dirigieron a un callejón lateral y por la escalera de incendios consiguieron llegar a la azotea. No había nadie guardando aquello, así que buscaron las escaleras que se metían en el bloque y Albert se adelantó en sigilo. Vio que esas escaleras llegaban hasta la calle, pero en la planta primera había un largo pasillo lleno de puertas que daban a apartamentos abandonados, y una de ellas había sido tapiada con ladrillo. Volvió a informar, y viendo que el grupo estaba pensando entrar por el procedimiento del butrón con todo el escándalo del mundo, Albert les convenció de recuperar su posición en la azotea de enfrente y hacer un ataque frontal. Acordaron eso. El grupo bajó hasta el portal que daba a la calle y esperaron allí a que el francotirador estuviera en posición.
Cuando Albert llegó a su puesto, todo en el bar seguía tal cual. Apuntó con su Winchester a uno de los guardias de la puerta y lo dejó tieso de un tiro. El otro se metió corriendo para adentro. Ya se había liado. Al oír el tiro, alguna gente salió a la calle, pero el grupo no se movilizó. Al poco, tres matones cruzaban la calle corriendo rumbo al edificio de Albert. Éste disparó y alcanzó a uno de ellos cuando cruzaba, pero no logró abatirlo. Geremi también disparo a uno de ellos por la espalda, pero no le alcanzó. Los tres tipos ganaron el portal y echaron escaleras arriba. En ese momento, con casi toda la clientela del garito estaba en la calle a ver qué pasaba, el disparo de Geremi hizo que todo el mundo saliera corriendo a guarecerse. Randy y Slayer salieron de su escondite y entraron en tromba en el bar, topándose de frente con el tipo de la barra, que salía con una escopeta, y entablándose un conato tiroteo a corta distancia del que el “barman” se largó rápido al encasquillar su escopeta al primer disparo. Dio media vuelta y se escondió tras la barra, y tras él fue Randy que se subió a la misma y comenzó a pegarle tiros, a la vez que Slayer se asomaba y le disparaba también, mientras el tiparraco se escabullía como podía y medio se defendía a golpes de culata. Consiguió desencasquillar su escopeta pero no era su día: cuando intentó disparar de nuevo a Randy, el maldito arma volvió a encasquillarse, y el tipo tuvo que salir por patas rumbo a la calle, chorreando sangre por varios sitios y con Randy y Slayer tiroteándolo desde detrás, al tiempo que de una tras tienda situada tras la barra, salía gente medio desnuda con cara de pánico y buscando la salida. El mercenario se fue a una puerta que había al fondo del local buscando las escaleras al piso de arriba, la tiró de una patada y llegó a un pasillo con cuatro puertas a los lados y una al fondo. Fue a la del fondo y se encontró en un patio trasero ¿Dónde demonios estaba la escalera? Desesperado, abrió a tiros todas las puertas. Eran celdas donde se guardaba el “material”. En una estaba Danah, en estado medio catatónico, en otra había una chica con un ataque de ira homicida que se lanzó sobre ellos con uñas y dientes. La calmaron con toda delicadeza (culatazo en la boca), en otra había un muchacho semiinconsciente del que pasaron como de la mierda, y en la última una chica muerta, con la cabeza rota y una mancha de sangre en la pared. Aparentemente se había suicidado en pleno ataque provocado por la abstinencia. Cogieron a Danah y salieron de allí cagando leches.
Geremi, viendo todo el jaleo, había decidido que la idea del butrón era mejor, por lo que en cuanto Randy y Slayer salieron al asalto, él fue en sentido contrario, escaleras arriba. Buscó la pared que había dicho Albert, sacó su mazo de hormigón y comenzó con la tarea. La pared de ladrillo no aguantó mucho, y pronto tuvo un agujero por el que pasar. Al otro lado había una cama con una chica desnuda sentada sobre ella que miraba a su alrededor con la mirada perdida sin saber cómo reaccionar. No era pelirroja, así que Geremi pasó de largo. Llegó a otra habitación y encontró a otra chica hecha un ovillo en una cama, en similares condiciones. Tampoco era la que buscaba, así que llegó a unas angostas escaleras y bajó por ellas, llegando a una tras tienda. Al cruzarla salió por una puerta que daba al bar y vio como Randy salía ya del local con una chica cargada al hombro.
Cuando Albert vio que los matones entraban en su edificio, cruzó la azotea y llegó a al edificio contiguo. Se apostó cerca de las escaleras de bajada y esperó. Al fin los tipos asomaron la cabeza. Albert disparó, pero falló, y lo mismo ellos. Eran tres y se le echarían encima en cuestión de nada, así que echó a correr escaleras abajo. En la calle el caos comenzaba a despejarse, y vio que sus colegas salían del bar con una chica a cuestas ¿Misión cumplida?
Epílogo:
Volvía a nevar otra vez. De camino al apartamento de Joseph, Danah fue recuperando la consciencia de su entorno y comenzó a preguntar por Pete. Era evidente que la chica estaba enganchada a algún tipo de porquería y la quería ya. Cuando consiguieron entregársela a su hermano, la insistencia de la chica se había vuelto casi violenta, y aunque se calmó un poco al verlo, no duraría mucho. Tras agradecer a Albert y a su panda el haberla encontrado y jurar que no olvidaría aquello, Joseph cogió a su hermana y salió del apartamento con ella diciendo conocer a alguien que podría ayudarla a salir de su estado. Los hermanos se alejaron por la calle bajo la suave nevada, confundiéndose con el resto de gente que trataba de buscarse la vida.
“Un bonito final para un nada lucrativo trabajo” –pensó Geremi.
Desde que el sargento de instrucción Joseph Jacobsen se enteró de que Albert estaba en la ciudad, pensó que debía hacerle una visita algún día, aunque no esperaba que fuera para pedirle un favor, sin embargo no conocía a nadie de confianza en Raccoon City. Ni siquiera sabía si Albert habría cambiado mucho. En estos años había visto a gente de férrea lealtad convertirse en ratas traidoras. Esperaba que no fuera el caso de Albert… necesitaba que no lo fuera.
Deambuló bajo el aguanieve por el viejo polígono, almacén tras almacén, nave tras nave, buscando signos de actividad en alguno de ellos.
Envuelto en una manta, con su marcada cojera, podía parecer una presa fácil… lo cual le daría ventaja si había problemas. En los últimos años había visto y pasado de todo, y después de eso, no esperaba que
ningún oportunista de Raccoon City fuera a suponer una gran amenaza. Aún así, se mantenía tan alerta como podía.Al fin encontró lo que buscaba. Una nave con un boquete mal tapiado en un lateral. Algunas huellas tenues de neumáticos iban y venían de su puerta principal. Pegó la oreja y distinguió voces, aunque ninguna conocida. Se armó de valor y llamó a la puerta.
“¿Quién es?” -Se oyó desde dentro-
-¿Albert Fish?
Tras una silenciosa espera, alguien abrió una rendija en la puerta… luego se abrió más y una cara conocida de sorpresa apareció frente a él. Al menos le había encontrado, pero ésa era la parte fácil.
Reencuentro:
Albert sólo llevaba un par de semanas llevando una vida más o menos honrada, intentando enseñar a los milicianos a coger un rifle, cuando en el parte militar de “Buscados” de Raccoon City vio unos nombres que le sonaban bastante. Tanto, que decidió pasarse por el almacén para avisarles y de paso enterarse de qué coño habían hecho esta vez.
Se presentó allí a primera hora de la mañana, y encontró a Tyzan, Geremi y Slayer haraganeando, para variar, calentándose alrededor de un bidón donde ardían unos maderos. De los que había ido a buscar sólo estaba Slayer, y por él se enteró de por qué los buscaban a él y al resto. Sólo a ellos se les ocurre registrarse en una expedición como mercenarios, matar a su patrón y desaparecer. Aún estaba Slayer argumentando algo acerca de matar a los patrones explotadores cuando llamaron a la puerta. Todos prepararon las armas, y al preguntar quién era, alguien al otro lado preguntó por Albert. Éste se acercó cautelosamente a la puerta. Abrió una rendija y vio a un tipo envuelto en una manta, luego la abrió casi entera, y exclamó:
¡Pero… lo último que vi de ti era que tu sangre me caía por la cara!
-Y yo lo último que vi fue una explosión… ¿Puedo pasar a calentarme?
-Creí que habías muerto.
-Y yo. -dijo mostrando medio torso convertido en una enorme cicatriz, desde el pecho hasta la pierna izquierda- Ha pasado mucho tiempo desde aquello. Me alegra volver a verte.
Tras las presentaciones oportunas, y ante la suspicacia del resto, el tipo fue cacheado. Sólo llevaba su pistola reglamentaria, como soldado que era. Cuando pudo sentarse tranquilamente, Joseph explicó el motivo que le llevó allí: después de pasarse meses en el hospital, le dieron una inútil medalla al valor, fue licenciado y pasó a la reserva. Volvió a su casa buscando a su hermana pequeña, Danah. La encontró malviviendo con un grupo de refugiados por los alrededores del pueblo. La sacó de allí y vinieron a Raccoon City, donde pensó que podría obtener algún tipo de trabajo ahora que el ejército había tomado la ciudad. A duras penas, él consiguió la ciudadanía como oficial de instrucción, pero no había nada para ella. Sin ningún tipo de cualificación profesional, una niña de aún 17 años resultaba inútil en aquella ciudad, así que Joseph se acondicionó un apartamento, consiguió meterla ilegalmente en la ciudad y la escondió allí. Con las raciones diarias, y tirando del mercado negro, había comida para ambos. Sin embargo los jóvenes son inquietos. Él pasaba todo el día fuera de casa, en el cuartel de instrucción, y ella comenzó a conocer gente por el barrio, gente a los que Joseph no confiaría ni medio dólar para que se lo cuidaran. A veces, ella llegaba a casa con algo de dinero, pero lo normal era que le pidiera. Cada vez que la intentaba convencer de buscar algún tipo de trabajo, aun como ilegal, acaban discutiendo. Últimamente tenía peor aspecto, estaba más demacrada e irascible. Cuando ella le dijo que tenía un amigo, Freddy, que le iba a conseguir trabajo sirviendo mesas en un garito, Joseph se esperanzó, pero una noche Danah no volvió a casa a dormir. Su hermano la estuvo buscando por el barrio, pero no encontró nada. Una noche a la intemperie en Raccoon City… una chica de 17 años… lo sensato habría sido darla por muerta, pero no podía hacerlo, era cuanto le quedaba. Oficialmente, la chica no existía, y como soldado, si alguien se enteraba de lo que había hecho los echarían a los dos de la ciudad. Metido en este lío, y sin nadie en quien confiar, sólo pudo tirar de un viejo conocido: Albert.
Tras tan conmovedora historia, Slayer se había dormido, y Geremi lo único que preguntó fue "¿Y qué sacamos de esto?"Albert fue el único que sintió la obligación de ayudar a un viejo amigo. Ya le devolvería el favor de alguna forma. Con la palabra de Albert de que la buscarían, el sargento Jacobsen salió de allí rumbo a su trabajo, bastante abatido.
Freddy:
Lo que tenía el grupo para empezar era poca cosa: la dirección donde vivía Joseph y un nombre: Freddy, que parece ser que tenía un bar, donde seguro que estaba empleando a Danah de prostituta. El plan, a priori, era de una complejidad extrema: localizar el bar, hartar de plomo a Freddy, buscar a una chica delgada y pelirroja de unos 17 años y salir por patas con ella. Se acercaron a echar un vistazo en el piso de Jacobsen en busca de alguna pista del paradero de la chica. El sargento había conseguido adecentar un apartamento en una zona donde vivían obreros y otros tipos de trabajadores que contribuían a la reconstrucción de la ciudad, afortunados que consiguieron su condición de ciudadano en cuanto demostraron que sabían levantar un tabique derecho. Un barrio bastante tranquilo en general, cercano a donde vivía el viejo chamán y su séquito. La puerta del apartamento de Joseph estaba abierta; el soldado no tenía nada que guardar. Entraron e hicieron un somero registro por las escasas cosas de la chica pero aparte de algo de ropa no había ninguna pista. Luego preguntaron por la zona por el garito de Freddy, pero a nadie le sonaba. Al final, recurrieron a un conocido de Tyzan, un yonki que vivía en un viejo garaje por allí cerca. Después de porracear un poco la puerta, apareció un tipo con cara de colgado que resultó ser Ladislao López… un yonki chicano cualquiera. Tyzan le preguntó por Freddy, y el tipo recordó haberle comprado hace tiempo algo de Met. Hacía trapicheos por una zona al oeste de allí. A falta de algo mejor que hacer, accedió a acompañarles.
A medida que las manzanas se sucedían, la atmósfera medianamente apacible del barrio de trabajadores iba volviéndose más deprimida y solitaria. Aquí y allá podía verse a gente calentándose en pequeñas hogueras o con estufas improvisadas en bidones de chapa en los bajos de los edificios. Quizá también trabajadores, pero con poca pericia más allá de cavar zanjas o cargar escombros. Mano de obra barata aspirando a una vida mejor.
El grupo caminaba por la calle sin demasiada preocupación. Una vez en la zona, López se acercó a un tipo que trataba de quitarse el frío frente a un fuego y le empezó a decir que tenía el mono y que si conocía a Freddy. El tipo, algo sorprendido, le dijo que sí, que Freddy y sus colegas solían hacer sus trapicheos en el patio central de un bloque, al final de la calle. Con algo más sólido, Albert se adelantó y empezó a preguntarle si últimamente le habían visto con una chica pelirroja, pero no supo decirle con exactitud. Parece que el tal Freddy siempre iba con alguna tipa cerca, pero no recordaba exactamente. Le preguntaron si Freddy hacía de chulo de putas o camello, y el tipo les dijo que sí, que era ambas cosas, y que había violado y matado a alguna gente en el barrio (y no necesariamente por ese orden), y que trabajaba para mafia, y que era el anticristo en persona… parecía obvio que por la zona estaban un poco hartos de su presencia. Volviéndose hacia López, el tipo le dijo: te conseguiré algo de mierda gratis si acabáis con él. Decididamente, le tenían cariño.
Siguieron calle arriba hasta llegar a un edificio donde a todas luces no había nadie. En el centro, había un patio donde unos tipos parecían estar jugando una pachanga de fútbol americano, con una cabeza humana a falta de balón. Se acercaron con cautela y vieron que eso hacían tres de ellos, mientras que otros dos preferían el béisbol: uno de ellos lanzaba una rata viva y el otro trataba de batear, con cierto éxito. Al acercarse un poco más, el juego cesó y ambos grupos se quedaron mirándose a distancia de un tiro de piedra. Les habló uno de ellos. Era el más bajito, y desde luego iba de guay.
-¿Qué buscáis?
-¿Eres Freddy?
-Sí, ¿qué queréis?
En condiciones normales, el plomo habría empezado a volar en ambas direcciones, pero Albert decidió probar suerte por las buenas. Convenció a Freddy de que buscaban una buena zorra, jovencita, lo más tierna posible, y sobre todo pelirroja, y que pagarían bien. Después de aguantar que Freddy le vacilara un poco, arregló el trato por cuatrocientos dólares (ese tipo de material se cotizaba mucho), y quedaron en volver a eso de las 20:00 con la pasta, para pasar un buen rato con el material. Ahora sólo necesitaban la pasta. Geremi opinaba que no pensaba invertir un duro, y Albert estuvo de acuerdo en que bien está ayudar a un amigo, pero no que le costara el dinero, así que fue a ver a Jacobsen y le contó el percal. El sargento se llevó las manos a la cabeza, dijo que no tenía ése dinero y que mataría al Freddy ése y que…. Albert lo calmó y dijo que lo mejor sería primero pagar. Quedaron en verse en el apartamento de Jacobsen media hora antes del trato.
Mientras, el resto del grupo consiguió algo de ayuda reclutando a un mercenario con pintas de experimentado pero en horas bajas, llamado Randy Kruger. Como siempre, con la vaga promesa de gloria y fortuna… Esperaron el resto de la tarde en el apartamento de Jacobsen hasta que por fin llegó el sargento, con pinta aún más cabizbaja y un fajo de billetes roñosos. Era mejor no saber cómo había reunido los cuatrocientos pavos. Le contaron el plan y se empeñó en ir, pero temiendo que perdiera los estribos al ver a su hermana, Albert le convenció de que se quedara allí y les diera tres horas para arreglar el asunto ellos. Antes de irse, Jacobsen encontró para ellos una vieja fotografía de él y su hermana. En ella se veía una chica pelirroja de unos trece años del brazo de su hermano, en el porche de una granja o casa de campo. Aunque bastante más joven, al menos ahora tenían una idea de los rasgos de Danah.
Salieron a la calle en casi total oscuridad, con un candil de aceite improvisado en una lata. Avanzaron hacia el punto de reunión y entraron en el patio. La única luz provenía de un cobertizo al otro lado del patio, con un bidón en el que ardía un fuego. A Randy le empezó a oler mal aquello, así que se quedó guardando la salida. El resto avanzaron hasta el cobertizo. Se asomaron por el hueco a modo de puerta, pero no había nadie. Geremi voceó “¡¿Freddy?!”, y como respuesta comenzaron a recibir disparos desde dos flancos. En efecto, era una trampa. Geremi recibió un disparo, pero López se llevó la peor parte. Mortalmente herido, se echó al suelo y se arrastró hacia la oscuridad tratando de salir de allí. Tyzan y Geremi se guarecieron en el cobertizo, y Albert se deshizo del candil y echó a correr hacia la salida, mientras Randy, oyendo el tiroteo, se deslizaba en la oscuridad tratando de atisbar la posición de los enemigos.
Cuando Albert llegó a la salida y pudo coger aire, miró hacia atrás, pero apenas veía los destellos de las armas en la oscuridad. Al menos no sonaba ningún arma automática. Geremi y Tyzan no conseguían ver a nadie con la luz del fuego, así que Geremi trató de volcar el bidón, pero se le fue la pinza y al empujarlo con las manos, se las quemó, así que le dio una patada y desparramó los rescoldos por el suelo y empezó a pisarlos mientras Tyzan disparaba a ciegas. Randy localizó a uno de los tiradores, agazapado tras un montón de escombros. Se metió en el edificio buscando cobertura y realizó un certero disparo con su 9mm que obtuvo por respuesta un grito de dolor y sorpresa.
Albert seguía sin ver nada, disparando más bien a ciegas. Guarecidos y en medio de la oscuridad, y con ambos bandos sin querer delatar sus posiciones, el fuego sobre ellos cesó y alguien desde la oscuridad les invitó con voz burlona a dejar el dinero en el cobertizo y largarse a cambio de sus vidas, pero el grupo contestó con más disparos. Al otro lado del patio, desde un rincón oscuro, Albert vio una pequeña llama que prendía en la oscuridad, y haciendo una parábola caía sobre el techo del cobertizo, convirtiéndolo en un pebetero, con Tyzan y Geremi dentro que sólo oyeron que les habían lanzado algo de vidrio. Unos instantes después, el resplandor creciente y el olor a gasolina quemada les hicieron comprender mejor que el cobertizo iba a dejar de ser seguro en poco tiempo, así que Tyzan salió por patas, atrayendo todo el fuego, y Geremi detrás. Cuando oyó los disparos, Randy se asomó y terminó el trabajo que había empezado con su anterior disparo.
Con una carrera, Tyzan y Geremi llegaron hasta la salida, donde López había conseguido llegar también arrastrándose. Su estado había empeorado mucho tras un desastroso intento de Albert de aplicarle unos primeros auxilios.
Ahora que las llamas consumían todo el cobertizo, casi medio patio estaba en penumbra, y Albert al fin consiguió avistar a uno de los tipos en la oscuridad. Apuntando con toda calma, disparó su rifle y el bulto cayó. Puede que se levantara después, pero al menos lo haría dolorido. Mientras, Randy cambió de posición: localizó unas escaleras y subió a la primera planta buscando una posición ventajosa.
Los disparos parecían haber cesado. Albert atravesó a toda velocidad un trecho del patio y llegó a un portal de viviendas, donde había unas escaleras. Comenzó a subirlas en la oscuridad buscando su posición favorita: la azotea. Cuando llegó arriba, sin apenas luz, echó un vistazo a su alrededor y le pareció que estaba despejado. Luego se asomó y escudriñó el patio buscando un blanco. En el patio no había nadie, pero vio a alguien asomando por una ventana de la primera planta, frente a él. Se apoyó en el pretil y disparó, acertando de pleno… a Randy Kruger. El disparo le dio en mitad del pecho al mercenario mientras se asomaba buscando blancos en el patio. Su chaleco absorbió la mayor parte el impacto, pero aun así quedó malherido. “Maldición –pensó-. Hay uno en la azotea”. Se tapó la herida como pudo con un jirón de su camisa y bajó a la planta baja buscando una salida a la calle.En el pasillo de la salida, López agonizaba, y Geremi y Tyzan atisbaban escondidos tratando de detectar algún movimiento. A Tyzan le pareció oír algo, pero no se oía nada Geremi, temiéndose lo peor, fue a asomarse a la calle, pero conforme llegaba, Freddy y sus dos colegas, que habían dado la vuelta al edificio, se plantaron frente a él y abrieron fuego, pero de forma tan precipitada que fallaron miserablemente. Con un último esfuerzo, López disparó a uno de ellos y después murió. Geremi, que no podía creer que siguiera vivo, dio media vuelta y salió por patas, mientras Tyzan hacía lo mismo. Freddy y los otros les persiguieron. Justo un instante después, Randy conseguía abrirse paso y salía a la calle por una ventana. Albert, que había oído tiros en la parte de la calle, vio salir a alguien por una ventana a la calle y avanzar renqueando rumbo a la entrada del edificio. Supuso que podía ser el mismo al que disparó en la primera planta, cerca de aquella zona, pero estaba tan oscuro que prefirió no delatar su privilegiada posición con un disparo a ciegas. Se fue de nuevo a mirar al patio y vio salir a dos tipos que se metieron rápidamente por la primera ventana que pudieron. Otros dos iban detrás. Decidió disparar a estos segundos, y tumbó a uno de ellos. Al ver caer a su compañero, el otro dio media vuelta y se guareció de nuevo. Albert se imaginó que saldrían por el otro la parte de la calle y fue a cambiar de lado de nuevo. Cuando Geremi y Tyzan encontraron una ventana que daba a la calle, vieron pasar fugazmente a alguien y prefirieron no asomarse. Se trataba de Randy, que seguía avanzando renqueante sin saber que habían estado a punto de volarle la cabeza sus compañeros por tercera vez. Cuando llegaba a la entrada del edificio, vio como dos tipos salían corriendo calle abajo sin percatarse de él, así que pegó un último tiro y se puso a cubierto.
Reunido de nuevo el grupo, intentaron descansar y recapitular. Aparte de sus armas, unos pocos dólares y un par de bolsitas con unos cristales de sales, los colegas muertos de Freddy no llevaban nada más. Una de las bolsitas, Tyzan la identificó como Metanfetamina, pero la otra no sabía lo que era. Al rato llegó Jacobsen, tal como habían acordado, que se hundió en la desesperación al ver que no tenían ni a su hermana ni al tipo que sabía dónde estaba. Albert le devolvió el dinero del fallido rescate mintras Geremi, frustrado por no encontrar nada útil dentro del edificio, le increpaba que le habían tiroteado y que estaba haciendo todo esto por nada. Exigió algún tipo de pago por todo aquello pero Jacobsen, bastante hosco repitió que no tenía nada que darles. Geremi exigió el dinero del rescate como compensación, y el sargento, abatido y chantajeado se dio media vuelta dispuesto a largarse. Geremi contrariado le lanzó un disparo de advertencia, pero no consiguió nada. Quizá en el fondo Joseph prefería que lo mataran aquella noche.
Geremi se pasó el resto de la noche rebuscando por el edificio para descubrir frustrado que en aquella pocilga no había nada de valor, ni siquiera rastro de que los tipos aquellos vivieran allí.
Después de tan mala noche, Geremi y Randy tuvieron que ser ingresados, y empeñaron parte de las armas saqueadas para poder pagar la factura del hospital.
Estuvieron día y medio recuperándose y recibiendo la amable visita de Slayer, que fue a verles al hospital. Tras varios intentos infructuosos de vender algún arma sobrante Albert, indignado por que le daban demasiado poco por sus armas robadas a un cadáver, fue a hablar de buenas con Jacobsen para intentar sacar algo de pasta con la que pagar el hospital. Al fin y al cabo el favor era para él. El sargento seguía sumido en su propia desesperación, y más cuando confesó a Albert que había vendido su arma reglamentaria (que ni siquiera le pertenecía) para conseguir esos 400 pavos. En ese momento Albert se dio cuenta de lo desesperado de la situación. Al menos, Jacobsen, volvía a tener el dinero y había quedado ese medio día con el tipo para intentar recuperar su pistola.
“Maldita sea –pensó Albert- ¿Quién me mandará tener amigos?”
La búsqueda continúa: el antro de Pete
Para unos tipos duros como Randy y Geremi, el paso por el hospital para recuperarse de un par de balazos se reduce a un día y poco (maldito sistema D20…). Y a la salida les esperaban Slayer y Albert. Tyzan se había ido a llorar un poco la pérdida de su amigo el yonki.
Volvieron al escenario del día anterior, pero no había ni rastro de Freddy y sus colegas, sólo los cadáveres malolientes de los caídos (incluido el de Labislao López) así que buscaron al tipo al que preguntaron la otra noche, el cual parecía bastante contento de que Freddy hubiera desaparecido del barrio, aunque siguiera vivo en algún sitio. Empezaron a preguntarle a bocajarro sobre si se drogaba o vendía, pero no, el tipo parecía ser pobre pero honrado en ese aspecto, así que pasaron a preguntarle por el proveedor de Freddy. Tras pensarlo un rato, el tipo fue a preguntar a otro, y cuando volvió, tenía una respuesta: Freddy solía pillar la droga que vendía de un colega suyo que tenía un bar unas manzanas más al norte, un tal Pete. Sería cuestión de hacerle una visita.
El antro de Pete resultó ser un tugurio pequeño pero con una amplia oferta: bebida, putas, juegos y hasta una especie de corral a modo reñidero para darse unas hostias con los amigos …o los no tan amigos, y donde hay competición siempre se cruza alguna apuesta. Todo muy completo, bajo la atenta mirada de otro par de matones como los de la puerta, pero nada que ver con el Fight Palace, ni en cantidad ni en calidad. Entraron todos menos Albert, cuyos modos de soldado podían resultar evidentes a un buen observador. En vez de eso, Albert se quedó en la esquina antes y subió a una azotea desde donde tenía una perfecta vista de la entrada al local y los dos matones de la puerta. Los otros una vez dentro se dividieron: Geremi y Randy se acercaron al reñidero, donde dos tiparracos se estaban dando de hostias, jaleados por varios clientes, mientras Slayer se acercó a la barra, tras la que un tipo enorme con grandes bigotes y cara de pocos amigos despachaba brebajes al personal. Tras pedir por el que le sangraron 5 pavos, entró en materia y le preguntó por el precio de las chicas, en especial jóvenes y blancas. Por trescientos pavos tendría lo que quería, pero quería ver el dinero antes, y Slayer se negaba a mostrar el dinero (que no tenía ni de lejos) ante tan selecta clientela, y más sin ver el material. Al final convenció al tipo de ver a la chica y entonces pagar, pero cuando le dijo que subiera y esperara a que se la llevaran, Slayer tuvo que admitir que no tenía el dinero encima, y el camarero lo mandó a paseo, así que el negro se reunió con los otros, donde la pelea.
Habiendo escuchado la conversación, una chica se le acercó y le ofreció sus servicios, más baratos que los de las chicas bar y mejores ya que, según ella misma afirmaba, “Pete las ofrecía a sus clientes tan drogadas que era como follarse a un maniquí”, pero por 250 pavos podía tenerla a ella. Slayer meditó la proposición y, en un alarde de lucidez, decidió que en vez de eso le cobraría él a la chica 100 pavos por tirársela. Tras una carcajada, la tía lo mandó al carajo. Mientras Slayer meditaba profundamente qué había habido de erróneo en su propuesta, dos tipos con pinta de yonki estaban empezando a alborotar en la barra, hasta que uno de ellos trató de ponerle las zarpas encima al camarero, momento en el los matones del local los sacaron amablemente a la puerta y les patearon el hígado, también con mucha amabilidad. Viendo esto, el grupo supuso que podrían hacer negocio con las dos bolsitas “incautadas” a Freddy y su panda. Salieron a la puerta y Geremi comenzó a hacer negocio con los dos ruinas, que no tenían tanto dinero. Cuando les puso las sustancias delante, pasaron de la metanfetamina, la que querían era la otra, y no tenían más de cincuenta dólares. Hasta uno de ellos estaba dispuesto a matar al otro por aquella bolsita. Geremi insistió en obtener más y los yonkis, desesperados, se le echaron encima y consiguieron golpearles, pero Randy y Slayer estaban al quite y los separaron rápido. Al final convencieron a Geremi y éste se deshizo de la bolsita por esos 50 pavos, que se guardó a cara-perro.
Cuando se hubieron ido los dos “enganchaos”, los matones de la puerta se les acercaron, y con cara de rottweiler uno de ellos les dijo escuetamente “aquí sólo vende Pete”. Tras unos instantes de tensión, los matones volvieron a su puesto en la puerta, y no hubo que desenfundar allí mismo. En la calle, Albert se reunió con ellos y planearon el siguiente paso. Siendo aquello un bloque de apartamentos, y suponiendo que las chicas estaban en el piso de arriba, quizá habría una entrada desde la azotea, así que se dirigieron a un callejón lateral y por la escalera de incendios consiguieron llegar a la azotea. No había nadie guardando aquello, así que buscaron las escaleras que se metían en el bloque y Albert se adelantó en sigilo. Vio que esas escaleras llegaban hasta la calle, pero en la planta primera había un largo pasillo lleno de puertas que daban a apartamentos abandonados, y una de ellas había sido tapiada con ladrillo. Volvió a informar, y viendo que el grupo estaba pensando entrar por el procedimiento del butrón con todo el escándalo del mundo, Albert les convenció de recuperar su posición en la azotea de enfrente y hacer un ataque frontal. Acordaron eso. El grupo bajó hasta el portal que daba a la calle y esperaron allí a que el francotirador estuviera en posición.
Cuando Albert llegó a su puesto, todo en el bar seguía tal cual. Apuntó con su Winchester a uno de los guardias de la puerta y lo dejó tieso de un tiro. El otro se metió corriendo para adentro. Ya se había liado. Al oír el tiro, alguna gente salió a la calle, pero el grupo no se movilizó. Al poco, tres matones cruzaban la calle corriendo rumbo al edificio de Albert. Éste disparó y alcanzó a uno de ellos cuando cruzaba, pero no logró abatirlo. Geremi también disparo a uno de ellos por la espalda, pero no le alcanzó. Los tres tipos ganaron el portal y echaron escaleras arriba. En ese momento, con casi toda la clientela del garito estaba en la calle a ver qué pasaba, el disparo de Geremi hizo que todo el mundo saliera corriendo a guarecerse. Randy y Slayer salieron de su escondite y entraron en tromba en el bar, topándose de frente con el tipo de la barra, que salía con una escopeta, y entablándose un conato tiroteo a corta distancia del que el “barman” se largó rápido al encasquillar su escopeta al primer disparo. Dio media vuelta y se escondió tras la barra, y tras él fue Randy que se subió a la misma y comenzó a pegarle tiros, a la vez que Slayer se asomaba y le disparaba también, mientras el tiparraco se escabullía como podía y medio se defendía a golpes de culata. Consiguió desencasquillar su escopeta pero no era su día: cuando intentó disparar de nuevo a Randy, el maldito arma volvió a encasquillarse, y el tipo tuvo que salir por patas rumbo a la calle, chorreando sangre por varios sitios y con Randy y Slayer tiroteándolo desde detrás, al tiempo que de una tras tienda situada tras la barra, salía gente medio desnuda con cara de pánico y buscando la salida. El mercenario se fue a una puerta que había al fondo del local buscando las escaleras al piso de arriba, la tiró de una patada y llegó a un pasillo con cuatro puertas a los lados y una al fondo. Fue a la del fondo y se encontró en un patio trasero ¿Dónde demonios estaba la escalera? Desesperado, abrió a tiros todas las puertas. Eran celdas donde se guardaba el “material”. En una estaba Danah, en estado medio catatónico, en otra había una chica con un ataque de ira homicida que se lanzó sobre ellos con uñas y dientes. La calmaron con toda delicadeza (culatazo en la boca), en otra había un muchacho semiinconsciente del que pasaron como de la mierda, y en la última una chica muerta, con la cabeza rota y una mancha de sangre en la pared. Aparentemente se había suicidado en pleno ataque provocado por la abstinencia. Cogieron a Danah y salieron de allí cagando leches.Geremi, viendo todo el jaleo, había decidido que la idea del butrón era mejor, por lo que en cuanto Randy y Slayer salieron al asalto, él fue en sentido contrario, escaleras arriba. Buscó la pared que había dicho Albert, sacó su mazo de hormigón y comenzó con la tarea. La pared de ladrillo no aguantó mucho, y pronto tuvo un agujero por el que pasar. Al otro lado había una cama con una chica desnuda sentada sobre ella que miraba a su alrededor con la mirada perdida sin saber cómo reaccionar. No era pelirroja, así que Geremi pasó de largo. Llegó a otra habitación y encontró a otra chica hecha un ovillo en una cama, en similares condiciones. Tampoco era la que buscaba, así que llegó a unas angostas escaleras y bajó por ellas, llegando a una tras tienda. Al cruzarla salió por una puerta que daba al bar y vio como Randy salía ya del local con una chica cargada al hombro.
Cuando Albert vio que los matones entraban en su edificio, cruzó la azotea y llegó a al edificio contiguo. Se apostó cerca de las escaleras de bajada y esperó. Al fin los tipos asomaron la cabeza. Albert disparó, pero falló, y lo mismo ellos. Eran tres y se le echarían encima en cuestión de nada, así que echó a correr escaleras abajo. En la calle el caos comenzaba a despejarse, y vio que sus colegas salían del bar con una chica a cuestas ¿Misión cumplida?
Epílogo:
Volvía a nevar otra vez. De camino al apartamento de Joseph, Danah fue recuperando la consciencia de su entorno y comenzó a preguntar por Pete. Era evidente que la chica estaba enganchada a algún tipo de porquería y la quería ya. Cuando consiguieron entregársela a su hermano, la insistencia de la chica se había vuelto casi violenta, y aunque se calmó un poco al verlo, no duraría mucho. Tras agradecer a Albert y a su panda el haberla encontrado y jurar que no olvidaría aquello, Joseph cogió a su hermana y salió del apartamento con ella diciendo conocer a alguien que podría ayudarla a salir de su estado. Los hermanos se alejaron por la calle bajo la suave nevada, confundiéndose con el resto de gente que trataba de buscarse la vida.
“Un bonito final para un nada lucrativo trabajo” –pensó Geremi.