lunes 5 de septiembre de 2011

Intro temporada 3


Casi ocho meses de crudo invierno por delante no animan mucho.
Tras unos días sin cortes en el racionamiento, la población parece más calmada, pero es una calma extraña. Hasta los predicadores callejeros parecen estar más callados que nunca. Una calma tensa reina en la ciudad mientras los últimos yonkis siguen sacándose los ojos buscando en vano un suministro de "mierda azul". Su frustración morirá con ellos, no así la de muchos otros que se lucraban sin consumirla. Alguien ha matado su gallina de los huevos de oro, lo cual no ha sentado muy bien a más de uno.

Cuando no es una cosa es otra. Vuelve a haber comida, pero ahora escasea el resto de cosas en el mercado. El plomo y los repuestos empiezan a ser más caros que la comida e incluso que el combustible.

En algún oscuro rincón de la ciudad, alguien se lame las heridas mientras masculla su venganza... "fueron ellos... me lo quitaron todo. Los matareee, losss matareeee...". Un curandero toca la tierra y siente que algo no va bien. El tumor se ha ramificado de forma silenciosa. Todo el mundo lo ve, pero mira para otro lado. Un mecánico termina la última soldadura a la luz de varias antorchas y admira su obra. "Deben haber husmeado algo -piensa-, o no habrían encargado algo así".

El frío y las sombras se ciernen una noche más sobre Raccoon City, y varios despojos en un almacén recuentan el botín de su último golpe mientras deciden qué hacer con él, mientras en la oscuridad unos ojillos porcinos observan la luz que sale por debajo de la puerta.