viernes, 5 de julio de 2013

Diario de Praia


Han pasado semanas desde mi rescate en aquella de aquella cueva, casi tantas como gente ha circulado por este extraño grupo, en el que los avatares del destino hacen que sólo queden un par de los originales de aquel día. Al resto hemos tenido que enterrarlos... a los afortunados. Los cadáveres de otros tuvieron que ser abandonados donde cayeron, y sin embargo somos más que entonces, pues esta extraña grieta, perdida de la mano de Dios, está cada día más transitada, y esta ciudad desierta, poco tiene de desierta. Y así, a medida que nuevos compañeros van llegando y muriendo, yo procuro mantenerme tan en calma como puedo en medio de este grupo de patanes.

Cuando me rescataron de los esclavistas, pensé que dejaría estas cuevas para siempre, pero lejos de eso descansaron en un pueblo abandonado y al poco volvieron a las cuevas para investigar el túnel que encontró el mercenario, Randy. Al menos él sigue vivo.

Aquella estrecha cueva era más bien una grieta, una fractura abierta por la furia de la Madre Tierra como respuesta a las agresiones de nuestra raza, y el final de la grieta daba a un húmedo complejo de cuevas y oquedades naturales, utilizado como paso por los esclavistas. Siguiendo un errático rumbo por ellas, llegamos hasta este cementerio hundido, de donde no nos hemos movido aún. No sé qué demonios esperan encontrar aquí, salvo muerte.

Este profundo valle no es más que otra gran fisura reciente en el terreno, desde cuyo fondo se puede ver algo del cielo, a lo alto. El viento la recorre continuamente, profiriendo espectrales lamentos que se mezclan con el clamor de la cascada. El mismo río subterráneo que mantiene las cuevas húmedas, desemboca en un extremo de esta grieta y sigue su curso inexorable, igual que la vida avanza inexorable hacia la muerte. Y en el fondo de esta fisura, yace parte de una ciudad, hundida en el fondo de esta falla por algún terremoto. Bakersfield parece que se llamaba. Un cementerio antaño lleno de vida y hoy poblado de alimañas... casi todas humanas. Hemos visto patrullas de esclavistas ir y venir por sus calles, a veces con prisioneros, otras de vacío. A decir verdad, hemos localizado su base, la cual es convenientemente evitada por el grupo.

Nos encontramos en un punto cercano a la entrada, al lado del antiguo vertedero, cuyos detritos orgánicos se han convertido en lo más parecido a una masa de vida que he visto desde la guerra. La humedad de la cascada, la temperatura, ligeramente más cálida aquí abajo, y quizá un cierto abrigo ante el polvo radiactivo, han hecho que prolifere algún tipo de rala vegetación... Sin embargo estos tipos no respetan nada. Se adentraron en el vertedero y no fueron bien recibidos por un grupo de supervivientes que moraba allí, así que decidieron exterminarlos... ¿para qué? Aquella gente había conseguido cultivar varios tipos de hongos en la oscuridad de los montones de basura. Estos patanes llenaron las mochilas de hongos, pero siguen sin atreverse a probarlos. Me miran a mí, como si yo fuera experta en botánica. Patanes todos...

La batalla fue dura. Tenían un brujo que controlaba cierto tipo de poder para anular voluntades. Sin embargo no parecía tocado por Gaia. Nadie es inocente en este mundo. Los comehongos tenían a una prisionera que liberamos, y que nunca sabremos qué pretendían hacer con ella, ya que murieron todos... incluida la mujer, que no duró ni un par de horas con nosotros. Cayó de un disparo a pocas manzanas de allí, en la infausta comisaría.

¿Qué contar de la comisaría? He visto el mismo comportamiento en docenas de supervivientes... “Hey, es  una comisaría, así que tiene que haber armas para matarnos mejor”... La primera vez salieron escaldados. La segunda no tuvieron ni que entrar. Aquellos dos tipos salieron a buscarles directamente, matando a medio grupo. Nunca he visto a dos tipos tan descomunales, los rifles de asalto parecían de juguete entre esas manazas, y sin embargo parecían completamente humanos, sin malformaciones. Me pregunto si Madre, harta de nosotros, estará creando unos nuevos hijos, con más músculo y menos seso. Y sí, en la comisaría había más armas...

Para demostrar que nuestro grupo es tan bestia como el que más, colgaron los cadáveres de los dos hombretones en un edificio cercano... y al día siguiente habían desaparecido. El descubrimiento más reciente es que esos tiparracos no están solos, ni mucho menos aislados. Del extremo Sur vimos salir una barcaza con varios de ellos desde el estadio de la ciudad (muy apropiado, si tenemos en cuenta su estrafalaria indumentaria de fútbol americano), llevando ovejas (¡ovejas!), que intercambiaron con los esclavistas del fuerte al Este de aquí, a cambio de... personas. No puedo ni imaginar qué hacen con ellas. Todo ello lo observamos desde cerca de la entrada a uno de los viejos refugios nucleares de la ciudad. Restos de la guerra fría que se había convertido en una pequeña atracción turística, una especie de museo a la paranoia humana. Sin embargo, el único que encontramos estaba cerrado a cal y canto. Rezo cada día para que estos patanes no encuentren explosivo plástico por las inmediaciones, porque ya imagino en qué lo usarán.

Últimamente la moral decae un poco en el grupo, demasiadas muertes, pocos suministros, y las ratas parecen vigilarnos día y noche. Tenemos a uno enfermo a causa de su mordedura. Las maldicen cada día, mientras siguen cazándolas para comer. No entienden que todo es parte del mismo círculo de la vida, incluso ellos mismos con sus armas automáticas. Los planes ahora mismo son difusos. Hay quien quiere llegar al islote, en el centro del río... ¡construyendo un puente de puertas y neumáticos! Harían falta días reuniendo el material en este medio hostil, y no les veo a ninguno de ellos pinta de ingeniero.

Otros dicen de tomar el fuerte, pero con la boca chica, ya que no se ven con efectivos suficientes. Mientras, patrullas de esclavistas van y vienen, salen de las cuevas, siempre a pie, a veces con más prisioneros, o se van con ellos. También están rastreando los alrededores de su manzana, ampliando cada vez más su perímetro de búsqueda. Deben saber que andamos por aquí, y acabarán por encontrarnos, pero no me atrevo a irme sola. Últimamente hemos visto patrullas de carroñeros, provenientes de la misma ciudad que éstos, Raccoon City, otro callo purulento en la piel de la Madre Tierra. Al parecer se ha corrido la voz de que aquí hay material saqueable, o quizás buscan a los esclavistas, como dicen éstos que hacen (con poco afán). Eso sólo significa una cosa: más muerte.

Mañana piensan adentrarse un poco más en la zona Sur, buscando no sé muy bien qué, aunque parte de lo que encontrarán ya me lo sé. Debería ir cavando más tumbas, por si conseguimos traer de vuelta a alguno de los que caerán.

No hay comentarios: