lunes, 3 de marzo de 2014

Los esclavistas desaparecen



Marcus, Tyzan y Randy se separaron del resto del grupo, que se encargaría de buscar un nuevo refugio ya que el suyo había sido descubierto por la gente del fuerte, cuando se toparon con una hilera de prisioneros y esclavistas. Llevaban a los prisioneros atados, y con sacos en las cabezas, pero la guardia no era especialmente fuerte.
Moviéndose con sigilo, les siguieron los pasos, y al perderos de vista tras una revuelta del camino, escucharon disparos y voces. Un tirador incógnito, encaramado a una ventana de los muchos de edificios abandonados, había abierto fuego y puesto en fuga a algunos de los guardias, que salieron corriendo en dirección al fuerte. La reata de prisioneros había logrado zafarse de las cuerdas, o al menos un tres de afortunados, que salieron corriendo del lugar como pudieron, hasta que el tirador les dio alcance y comenzaron a huir juntos.
Los del grupo los observaban, y mientras Marcus y Tyzan hacían guardia entre escombros, Randy se adelantó para hablar con el pequeño grupo de huidos, que ante los insistentes siseos del mercenario y sus advertencias sobre la ciudad, decidieron huir en otra dirección. Cuando pudo alcanzarlos en aquel absurdo juego de pilla pilla, les dejó claro que no tenían intención de abatirlos como perros, aunque bien pudieran haberlo hecho. El francotirador resultó ser el teniente Humper, un soldado de Raccoon City, último superviviente de su unidad, que salieron buscando la causa de la interrupción del comercio con Abilene. Los esclavos liberados eran civiles: un tal Nehalem, su guardaespaldas “Vudú” y Jacob un muchacho de apariencia frágil que inspiraba a todos algún tipo de necesidad de protección.

Al ver a lo lejos que avanzaban esclavistas por la calle, se apostaron en un bloque semiderruido, que hacía de esquina, repartiendo a los recién llegados un puñado de armas, balas y alguna manta raída,

Al final decidieron moverse de allí rápido pero en silencio, en dirección al vertedero, donde se escondieron, algunos entre los montones de basura en la que comenzaba a crecer un limo, y otros en las ruinas del edificio de la esquina del fondo, lo que antes había sido el refugio del chamán de los salvajes que allí vivían.
El tiempo pasó sin que los esclavistas se acercaran, pero poco después vieron una columna de espeso humo y resplandor de lo que podían intuir era el bloque donde se habían refugiado hasta esa misma noche pasada. Los esclavistas al final dieron con ellos en el vertedero, donde hubo un tiroteo en el que el desarrapado traficante fue malherido en lo alto de un montón de basura, quedando inconsciente. Su matón "Vudú" fue acribillado por los esclavistas, que lo rodearon haciéndole una maniobra de pinza. Humper también cayó malherido. Rodó montículo abajo intentando escapar, pero fue acribillado. El resto del grupo lograron poner en fuga a los pocos esclavistas que habían quedado en pie tras el densa pero fugaz lluvia de plomo, haciendo uso de cualquier artimaña que se les ocurrió, como las granadas lacrimógenas.

Con la rapidez de los profesionales, despojaron a los muertos de lo que pudiera servirles, y se llevaron de allí a los heridos. Se pusieron en cobro en otro bloque, cercano al río. Allí descansaron para recuperarse de las heridas. Jacob demostró poseer el mismo don que la fallecida Praia, lo cual explicaba también la sensación de “todo va mejor” cuando estaba él cerca. En uno de los turnos de vigilancia, descubrieron que por el río subía una desproporcionada canoa blindada, ocupada e impulsada por seis inmensos mostrencos con protecciones de rugby. Decidieron seguirlos en silencio, y cuando vieron que abandonaban la canoa al norte de la ciudad, junto a la empalizada y se internaban en la oscuridad de la ciudad, se apresuraron en discutir sobre hundirles la canoa o no. Tras un buen rato divagando, decidieron montarse en ella, y tras comprobar que no podían manejarla, y casi encallar y hundirse, la llevaron hasta la orilla como pudieron, y mas tarde la empujaron de nuevo al río, para que la corriente la arrastrara.
Apostados en un edificio cerca del río, trataron de dormitar, rezando cada uno en secreto por que los mastodontes no los encontraran. No habían pasado más que unas horas, cuando comenzaron a escuchar voces guturales y ruido de pisadas no disimuladas. Al parecer habían encontrado que su canoa no estaba y parecían molestos, y dispuestos a convertir en pulpa a los responsables. Así mismo, también parecían recordar que por allí había una barquita que comenzaron a usar en turnos de dos, para llegar hasta su base en el estadio, en la otra orilla. Cruzaron los bajos del edificio donde se encontraba el grupo (un antiguo concesionario de coches) y salieron por la otra parte de la manzana. Por suerte, no miraron en las plantas superiores. Cruzaron la calle y se adentraron en otro edificio que tenía una barca amarrada. Pero en aquella pequeña barca sólo cabían dos de aquellos tiparracos, así que los del grupo comenzaron a idear un plan para matar al que quedara esperando el último, pero al final, decidieron que era demasiado peligroso, así que los escucharon, más que vieron, irse a todos, con el chapoteo de los remos.
Al día siguiente decidieron que su plan de acción seria espiar a los esclavistas, idas y salidas del fuerte a las cuevas, y para ello se posicionaron en un edificio alto, con la mira del rifle. Al rato, notaron algo raro: no se veía una alma, ni un solo movimiento en el fuerte, ni siquiera en el depósito de agua estaba el acostumbrado vigía, y una de las puertas del fuerte estaba abierta. Con precaución, se aproximaron, y se adentraron, confirmando que el fuerte estaba vacío, por lo que sospecharon que los esclavistas se habían mudado, y el movimiento que habían visto más al sur, en un pequeño polígono industrial, debían ser ellos preparando una nueva base.

Pero tras registrar un poco el fuerte, comprendieron que no podían ser los esclavistas, ya que éstos estaban desnudos, fríos y amontonados como leña en un edificio hasta el cual lconducía un espeso rastro de sangre desde el patio. A todos los habían matado a golpes en la cabeza, como reses sacrificadas. El registro del fuerte poca información más les pudo dar. Encontraron tanques llenos de agua, y una sección de un edificio, el que estaba pegado a la pared de la grieta, tapiada. Algunos en el grupo decidieron que aquel podía ser una nueva base segura, aunque otros pensaban que si alguien, quienes fueran, podían haber entrado en el fuerte, y masacrado a los esclavistas sin disparar una sola bala, no era ni de lejos un sitio seguro... aun menos cuando ellos solo eran un puñado de desarrapados, y los esclavistas habían sido una cincuentena aproximadamente. Registraron los barracones, encontrando poca cosa. Algunas monedas, una tarjeta de cuidadano de Raccoon City de alguien a quien no conocían (Randall Smith), y la piel de algún animal  a medio curtir comenzando a enmohecerse, con las iniciales de la supuesta ganadería “MQ” grabadas a fuego.

Fueron a la zona industrial, y allí vieron que las obras de fortificación habían avanzado. Habían cortado el acceso en algunas calles en derredor de un perímetro, amontonando coches y escombros, aunque encontraron una entrada. Una chapa de la que se podía tirar para pasar agachados, algo así como una gatera. Tiraron de ella para meterse dentro del perímetro, pero antes de dar un solo paso, la chapa chirrió con tal fuerza que resonó por toda la zona, y el grupo salió en desbandada de allí. Decidieron apostarse en un edificio de oficinas, o que anteriormente lo había sido. En el que ya habían tenido un encontronazo con los caníbales que pululaban por la ciudad algunas noches atrás.
En turnos de guardia, se apostaron para vigilar la zona de los muelles, haciendo un improvisado nido que cortara el viento, con escritorios. Los demás dormían cerca de las escaleras, y allí escucharon un ruido de pisadas que ascendía como una tromba. El sonido era inequívoco, ya lo habían oído antes en un par de ocasiones: caníbales.


Corriendo en dirección a las escaleras de incendio como pudieron en la oscuridad, el grupo se vio asaltado por los caníbales que irrumpieron en tropel por las escaleras del edificio. Se abalanzaron sobre Marcus y Jacob, que abrieron fuego hasta que los tuvieron encima y hubo que abrirse paso y desembarazarse de ellos a golpes. Randy, que había quedado al comenzar la refriega más cerca de la escalera de incendios, fue asaltado por otro grupo que subió por ésta, y entre una marabunta lo levantaron en volandas y se lo llevaron hacia abajo. El chamán invocó su magia para crear un muro de fuego, gracias al cual se despejaron un poco de sus caníbales, y pudieron ver algo entre la oscuridad. Randy lanzó algunos golpes, hasta que los caníbales, viendo que aquella presa se resistía mas que la escuálida chamana que se había llevado noches atrás, terminaron arrojándolo al vacío desde un segundo piso, pudiendo agarrarse en el último momento una planta más debajo de la misma barandilla de las escaleras. Al ver que no caía, los caníbales bajaron por las escaleras emitiendo gruñidos porcinos. Randy se dejó caer el último piso que le quedaba, aterrizando como pudo. Allí logró ponerse en pie y abrió fuego contra los que bajaban para rematarlo. Sus compañeros habían logrado zafarse de los de arriba gracias los esfuerzo de Marcus y Tyzan y el muro de fuego de Jacob. Ante la lluvia de plomo por los dos lados, los caníbales se dieron a la fuga y el grupo se reunió en la calle, donde huyeron en dirección a su nueva base.